Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Gobiernos y Pescados
Eduardo García Gaspar
5 junio 2014
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Es parte del panorama político de hoy. androjo

Otra porción de la conducta gubernamental.

Con sus elementos acostumbrados: compasión e imprevisión. La noticia reportó:

El gobierno del presidente Enrique Peña Nieto extenderá la entrega de libros de textos gratuitos al bachillerato, para garantizar el aprendizaje de competencias genéricas comunes, anunció la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos. (eluniversal.com.mx, 26 mayo 2014)

Dice la nota que “se requerirá ampliar la entrega de estos libros a casi 5,5 millones de estudiantes”.

Otra instancia, otro caso, de lo mismo que sucede una y otra vez en la política mexicana y que no es una excepción en el mundo.

Puede hacerse la observación de costumbre. La de que los libros gratuitos sí son libros, pero no son gratuitos. Cuestan y su precio los paga alguien. ¿Quién exactamente?

Sabemos quién no los paga. No los paga el gobierno. Pero sí los pagan quienes pagan impuestos, directa o indirectamente, es decir, el resto de las personas.

Esto quiere decir que esos libros que no son gratuitos, son comprados en realidad por usted, por mí, y el resto. Y los compramos por medio de un intermediario, el gobierno, que se pone las medallas por hacer ese regalo.

Eso dice la nota, “El gobierno del presidente Enrique Peña Nieto extenderá la entrega de libros de textos gratuitos”.

Hasta aquí hay dos inexactitudes. Primero, los libros no son gratuitos. Segundo, no son cortesía del gobierno, sino de nosotros, el resto de los mexicanos. Es muy llamativo que pocos o nadie apunten estas falsedades. Quizá sea porque de ellas está lleno el mundo que a diario nos muestran los gobernantes.

Pero hay más y para eso tengo que recurrir a una frase conocida: “Si quieres ayudar en verdad a alguien, no le regales pescado, enséñale a pescar”. Y eso me lleva a otra cosa, algo que leí hace unos días:

“Enséñale a pescar a alguien y podrá comer el resto de su vida. Regálale un pescado y votará por ti en la siguiente elección”.

Este es el mecanismo que está detrás de la real motivación que justifica al estado de bienestar. Para impedir que las elecciones fueran ganadas por los comunistas, Bismarck tuvo que ofrecer cosas similares a las de ellos. La motivación fue electoral más que nada.

Si alguien, en las elecciones, ofrece, por ejemplo, libros de texto regalados a los estudiantes, tendrá una buena probabilidad de comprar los votos de los beneficiados.

“Regálales libros, becas, casas baratas, pensiones y votarán por ti en la siguiente elección”.

Después de esa elección, los regalos serán tomados como cosas dadas, a las que deben añadirse nuevos regalos en cada elección. Así en cada elección, la competencia por lograr votos hace que la democracia se convierta en una subasta electoral. Quien sea que más dé, ese logrará más votos y obtendrá el poder político.

A la larga, en algunos años, el sistema democrático de subasta de votos, convierte a la sociedad entera en un grupo de ciudadanos que esperan del gobierno esas dádivas. Ya pocos saben pescar, y la mayoría espera sus pescados de regalo. Los gobernantes son así agentes redistribuidores que quitan a unos para dar a otros.

Todo el sistema se vuelve inestable porque la demanda creciente de regalos consume más de lo que produce. Termina en crisis económicas por malas finanzas públicas. Pero sucede entonces algo llamativo.

La población se ha acostumbrado a un mundo en el que los regalos que recibe, ese pescado de la metáfora, ha sido entendido como una derecho que debe reclamar al gobierno. Y si no cumple la autoridad, el ciudadano entiende que sus derechos han sido violados.

¿El remedio? Quizá se encuentre en la mentalidad de la frase modificada del pescado: “Si quieres ayudar en verdad a alguien, no le regales libros de texto, enséñale a merecerlos”.

Véndelos a precio bajo, hazlos premios a buenas calificaciones en el año anterior, intercámbialos por trabajo… lo que sea que haga esforzarse al otro.

La pregunta del por qué hacen regalos los gobernantes ha sido contestada. Los hacen porque desean llegar y permanecer en el poder. Dan regalos y reciben votos. Pero cómo es que demasiadas personas comunes y corrientes creen que hacer esos regalos es compasivo, justo, e incluso derechos humanos.

Confieso que no sé la respuesta. Solo viene a mi mente la idea de que la caridad imprudente.

Es un deber moral ayudar a otros, especialmente a los más necesitados. Pero también es un deber moral hacerlo con inteligencia y talento, no sea que la caridad que hagamos termine dañando a esos que pretendemos ayudar.

Por lo pronto, una cosa ha quedado muy clara. Las dádivas gubernamentales, como esos libros de texto, no están motivadas por una caridad desinteresada. Se hacen y dan por un cálculo de intereses políticos que persiguen obtención de votos, permanencia en el poder.

Post Scriptum

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