Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Hipergobierno: el Problema
Eduardo García Gaspar
2 diciembre 2014
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Seamos claros. Nuestras sociedades tienes un problema. androjo

Bueno, varios y algunos muy serios. Uno de ellos es especialmente grave.

Grave en sí mismo, pero también por otra razón.

Creemos que ese problema no es un problema, creemos que es algo bueno.

En lugar de reconocerlo como un padecimiento, suele creerse que es un síntoma de salud.

En palabras breves, el padecimiento es el de sociedades sobre-gobernadas. Gobernadas en exceso, más de lo que resultaría razonable.

Padecemos un exceso de gobierno. Gobiernos más grandes de lo conveniente. Más poderosos de lo razonable. Más activos de lo apropiado.

Una enfermedad muy propia de nuestros días, la existencia del hipergobierno, es un regreso a los tiempos idos de monarquías ilustradas, de reyes y tiranos, de déspotas y autócratas, para quienes su palabra significaba obediencia ciega.

Sabemos que es es una situación indebida eso del exceso de poder, eso de gobiernos que exceden su tamaño natural. Pero, como en el caso de virus que mutan, el virus del hipergobierno ha cambiado y desarrollado una protección original: hacer creer que el hipergobierno es bueno para la salud.

Una mutación fascinante y que es clave para su propagación.

El hipergobierno que tanto se combatió en otros tiempos ha aparecido de nuevo y se propaga gracias a esa transformación tan notable, el hacer creer que la enfermedad que produce es saludable. No es algo sin importancia.

Tome usted el gasto gubernamental en EEUU como proporción del ingreso nacional: 2% en 1774; 7% en 1870; 31% en 1980; 42% en 2010.

Y eso en un país que se supone es capitalista. En el resto de los países, la regla aplica por igual: los gobiernos han crecido por encima de lo que resulta razonable. Estamos en un mundo hipergobernado.

Podría pensarse en regresar a este mundo a algún defensor de la libertad de hace ya tiempo, como Tocqueville (1805-1859) y ver su reacción ante las “democracias” de hoy en comparación contra la que él estudió y defendió. Nos diría, creo yo, que estamos en un régimen que lo único que tiene de democracia es su nombre.

En otras palabras, la libertad que defendieron personajes como Tocqueville y otros más, está siendo perdida ante el regreso del gobierno excedido. Ese virus al que se le está dando la bienvenida creyendo que nos sanará de todo problema.

¿Cómo opera el virus del hipergobierno? Alterando la manera de pensar.

Convirtiendo a la razón a plantear una fórmula única de solución de problemas: el gobierno lo puede y debe hacer. Y es así que sucede que incluso los más avezados intelectuales y también los más bisoños pueden pesar sólo de esa manera.

Si hay obesidad en la población, si los hijos descuidan a sus padres, si las solteras tienen hijos, si las empresas quieren protección, si lo que usted quiera, todo eso pasa a ser una responsabilidad gubernamental. Si la gente fuma, si bebe, si come, el gobierno debe hacerse responsable de ello, por el bien de todos.

Haga usted mismo la prueba y vea el nivel de contagio que usted sufre. Examínese a sí mismo contando el número de veces que ante cualquier cosa, usted propone que el gobierno intervenga y sea la solución. Quizá se sorprenda.

Sí, hay cosas que son responsabilidad gubernamental, notablemente los asuntos de seguridad y administración de justicia, pero muchas de las otras cosas no lo son necesariamente. En la economía hay muchas de ellas.

Pensemos ahora en la vacuna para aniquilar al virus de la mentalidad del hipergobierno.

Piense usted en lo siguiente, en la gente que forma los gobiernos. Son gente como cualquier otra. Ni más inteligentes, ni más honestos, ni más sabios que los demás. Y, en demasiadas ocasiones, son peores que el resto.

Póngase a pensar en la posibilidad de que usted dé a los gobernantes sus ahorros para que ellos los administren. Si usted no se los daría, entonces no se entiende cómo es que resulta bueno poner en sus manos la responsabilidad de la educación nacional y la salud nacional, por ejemplo.

Los gobernantes tienen los mismos defectos que el resto. No están libres de vicios como la codicia, la mentira, la deshonestidad, la inexperiencia. No resulta razonable elevar por encima de lo razonable las responsabilidades de personas que muchas veces son peores que el resto de nosotros.

Pero eso es lo que sufrimos bajo los hipergobiernos: gente por debajo del promedio siendo responsables de los problemas más importantes.

Post Scriptum

Si le gustó la columna, quizá también:

Un Asunto de Distancias

Límites del Estado

Las cifras sobre EEUU están en Norquist, G. G. et al (2014). A U-turn on the Road to Serfdom: Prospects for Reducing the Size of the State (Occasional Papers). Institute of Economic Affairs.

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