Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ideología Como Argumento
Eduardo García Gaspar
29 agosto 2014
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Fue interesante. Ya escuchado, pero interesante. androjo

Un caso más del uso de esa palabra mágica. Ideología.

La persona fue contundente. “Las creencias personales, sus valores y principios son ideológicos, obedecen a sus intereses de clase”.

Con ello pretendió resolver una discusión acerca del socialismo y la imposibilidad de planear a la economía centralmente. Puso término a una conversación que prometía. Un caso curioso realmente, por una razón poco atendida.

La persona aseguró que las creencias son producto de la ideología y la ideología es creada por los intereses de clase.

Bien, pero si eso es cierto, entonces también las creencias de esa persona son ideología también, ninguna otra cosa que los intereses de la clase a la que pertenece (cualquiera que ella sea).

El tema bien vale una segunda opinión, por una razón. Es frecuente escuchar ese tipo de afirmación.

La escucha usted de manera abierta en universidades y escuelas, en columnas de opinión, incluso en conversaciones. Por falsa y equivocada que pueda estar la idea, su repetición la ha hecho aceptada.

Vayamos más al origen de la idea. Creo que todo comenzó con C. Marx y la distinción entre ciencia e ideología. La ciencia es lo real y verdadero, por eso su socialismo era científico, decía él. El resto es ideológico, es decir, falso, vacío, producido por los intereses de clase.

De allí que, según él, haya ideología burguesa: creencias, valores, moral, que está formada y se defiende por una razón: eso conviene a los burgueses capitalistas.

En otras palabras, según Marx, las cosas que usted cree, esas de las que está usted convencido, no son nada más que ideología destinada a defender los intereses de la clase a la que usted pertenece.

¿Por qué? Realmente no hay justificación. Simplemente esa idea cuadra muy bien con el resto de la teoría marxista y le permite calificarse a sí misma como científica.

Regresemos a nuestros días. Muchas de las ideas de Marx ya ni siquiera se consideran y han pasado a mejor vida. Pero algunas de ellas han sido heredadas y adaptadas a las condiciones de hoy. La persona de la que hablé al principio es un caso.

Para las situaciones actuales, el argumento de la ideología funciona de manera muy flexible.

Digamos que usted escucha una opinión contraria a la suya y contra la que se vería obligado a presentar argumentos y razonamientos. Para evitarse el trabajo de pensar, usted le responde a la otra: “Lo que dices está afectado por tu ideología de clase” y ya, usted ganó la discusión.

Así de simple, con la ventaja de que usted puede ganar la discusión que sea, por complicado que sea el punto. Podría incluso contradecir a las leyes físicas por ser ideológicas.

Una variante de este argumento de la ideología es el afirmar que la persona dice lo que dice porque eso conviene a sus intereses personales. Ya no son intereses de clase, sino individuales.

No hace mucho que escuché esta modalidad cuando una persona criticó a un banquero por sus declaraciones en el periódico.

Dijo que lo que el banquero declaró se debía a que eso beneficiaba a su banco. Podría ser, pero también podría no ser.

La ventaja del uso de este argumento de la ideología es ya claro: vuelve a la persona una experta en cualquier tema dándole la solución eterna, la ideología y los intereses personales.

Podemos imaginar a Marx discutiendo con Sócrates y diciéndole que sus opiniones son ideológicas y que obedecen a sus intereses de clase.

Con eso se acabaría toda posibilidad de discutir y Marx habría ganado (me imagino que si eso llegara a suceder, Sócrates comenzaría a hacer preguntas y terminaría haciendo pedazos la idea de Marx).

La idea de la ideología como causa de creencias no termina su daño allí.

Posee otro riesgo aún mayor: hace suponer que cambiando a la sociedad, a sus estructuras e instituciones, las creencias personales cambiarían también como consecuencia. Un proceso fascinante.

Fascinante porque en realidad el proceso es al revés. Son las creencias y los valores y las ideas las que tienen consecuencias en las instituciones de la sociedad.

Usted no hizo primero a la democracia y luego la gente comenzó a valorar a la libertad. Fue que primero las personas tuvieron ideas de libertad y luego cambiaron a las instituciones, como con la Magna Carta.

De esta manera de pensar salieron propuestas como las del nazismo y del comunismo, más las actuales que piden reformas sociales con la idea de cambiar así la manera de pensar de la gente.

Un caso muy real de este padecimiento es la creencia en el socialismo altruista.

Hay gente convencida de que si se implanta el socialismo, las personas cambiarán como consecuencia inevitable y se volverán altruistas y compasivas. Usted ha escuchado esto y quizá no le haya hecho mucho caso.

En fin, todo lo que he querido hacer es desnudar el argumento de la ideología como una de las muchas falacias que empeoran nuestra vida.

Post Scriptum

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