Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Igualdad Obsesiva
Eduardo García Gaspar
8 agosto 2014
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”. George Orwell

Es una constante de nuestros tiempos. Parte de la mentalidad actual. androjo

Una obsesión fuerte y descarada. Me refiero a la igualdad como criterio de justicia.

Lo que no es igual, se nos dice, es injusto.

La meta social máxima, por tanto, es la desaparición de toda desigualdad.

Parte de la mentalidad progresista, las políticas de igualación comienzan con la búsqueda de toda posible desigualdad, a la que se le adjudica una connotación de injusta y persigue ser remediada por medio de la acción gubernamental.

Tenemos, pues, un nuevo tipo de gobierno. Uno convertido en una agencia de igualación social.

El caso más usual es la política fiscal, ya no destinada a recolectar fondos para financiar la vida del gobierno, sino para redistribuir recursos de acuerdo con el criterio decidido por el gobernante.

Otro caso, muy común, es la igualación entre hombres y mujeres, y que transforma al gobierno también en agencia de igualación, ahora entre sexos. Sucede lo mismo con la igualación educativa, con alumnos educados todo bajo los criterios estatales.

La igualdad obsesiva es parte de la ideología progresista que concede poderes extraordinarios a los gobiernos, como en tiempos de guerra.

La frase no es exagerada porque cada situación definida como desigualdad es concebida como un conflicto violento que necesita ser solucionado con gobiernos actuando con poderes extraordinarios.

La igualdad obsesiva tiene su interés. Por ejemplo, es llamativo que al mismo tiempo el progresismo alabe a la igualdad y a la diversidad. Su énfasis es la diversidad, el multiculturalismo, y esas cosas hacen extraño que simultáneamente quieran la igualdad.

Mucho más interesante es una pregunta sobre la naturaleza de los gobiernos. ¿Cómo legitimar la función igualitaria por la vía de la coerción gubernamental? Especialmente cuando la igualdad perseguida es genérica e ilimitada.

Es aceptable, totalmente aceptable, que los gobiernos apliquen las leyes por igual a todos. Pero hay un trecho muy largo entre eso y la igualdad económica que requiere hacer del gobierno una agencia de redistribución de recursos.

Peor aún, ¿cómo hacer equivalentes a la justicia y a la igualdad?

Hay problemas serios en todo esto. Para hacer a todos iguales tendría que violarse la idea de tratarlos a todos por igual.

Si, por ejemplo, todos son tratados bajo el principio del merecimiento, el resultado seré desigual. Y para que el resultado fuese igual para todos, tendría que anularse el principio de tratarlos por igual.

Un ejemplo de M. Friedman (1912-2006) resulta interesante. Suponga usted a varias personas con propiedades idénticas. Entran ellos a una lotería en la que los premios son muy desiguales. Después de repartir los premios, las personas serán desiguales entre sí, muy desiguales.

Si, después de la entrega de premios, se aplica una política redistributiva que los convierta otra vez en iguales, eso sería equivalente a haberles negado la libertad de entrar a la lotería y ganar o no.

La palabra clave, creo, es libertad para hacer. Entre esas personas pudo haber quienes no compraron billetes, quienes compraron muchos, quienes compraron pocos.

Más o menos igual que quienes en la vida real deciden hacer cosas o no. Cosas que les producen buenos y malos resultados de acuerdo con sus decisiones y esfuerzos.

Hacerlos iguales después de trabajar y esforzarse es igual a anular su trabajo y esfuerzo. La libertad, más talento, ha producido diferencias. Si se quieren borrar esas diferencias eso es igual a anular la libertad y a castigar el talento y el trabajo.

Al final, si usted quiere libertad humana tendrá que aceptar desigualdad. Pero si usted quiere igualdad entonces las cosas se ponen de verdad interesantes.

Primero, tendrá que limitar severamente a la libertad, incluso anularla totalmente. ¿Logrará la igualdad aún así? La realidad es que no.

Todo lo contrario, queriendo la igualdad logrará aún más desigualdad y no hay remedio.

¿Por qué? Por una razón práctica, la igualdad material solo podrá ser realizada mediante la coerción gubernamental: el gobierno, si quiere redistribuir, tendrá que quitar a unos para dar a otros y, en ese proceso, acumulará dentro de sí una gran cantidad de recursos, haciéndolo la entidad más rica y poderosa.

Para lograr la igualdad material no hay otra vía que hacer desigual al gobierno y en una proporción monstruosa. Llevará a sus arcas enormes cantidades de recursos y los distribuirá a su antojo. La situación neta será aún mayor desigualdad que la que se pretendió remediar.

Esta no es una explicación ideológica, es una razón práctica: la igualdad obsesiva que hace del gobierno una agencia redistributiva produce desigualdades mayores aún, no solo materiales sino también políticas.

El abuso del poder político redistributivo será una consecuencia inevitable, desapareciendo el resto de las libertades.

La igualdad obsesiva anulará libertades y, mucho me temo, producirá desigualdad mayor.

Post Scriptum

Cuando he hablado de estas ideas, algunas personas las reprueban mencionando que debe ayudarse a los pobres.

Es correcto eso debe hacerse y solo anoto que desigualdad no equivale a pobreza y que hay mejores formas de ayudar a los pobres que las políticas redistributivas.

Si le gustó la columna, quizá también:

El Filo de la Igualdad

La Buena Desigualdad

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