Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Igualdad: un Examen
Leonardo Girondella Mora
3 julio 2014
Sección: DERECHOS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Es imposible llegar a un régimen político en el que exista una igualdad estricta en quienes allí viven —lo que sí puede existir es una gradación muy amplia de igualdad, la que ilustro en un caso extremo:

La sociedad en la que todos, absolutamente todos, son iguales en un sentido estricto, es solamente posible cuando alguien es lo suficientemente desigual como para forzar esa igualdad en el resto. Se necesita a ese desigual con un poder absoluto para forzar la igualdad estricta en el resto.

Y así no existiría igualdad entre todos —uno de ellos, o varios, tendrían que ser muy desiguales teniendo el poder de forzar la igualdad estricta en el resto. Por ejemplo, Pol Pot ordenando al oftalmólogo que se convirtiera, como el resto, en campesino.

Otra dificultad de la igualdad estricta es su imposibilidad por otra causa, los rasgos de cada persona —por mucho que se quiera no puede volverse joven al viejo, ni inteligente al tonto, ni alto al bajo; rasgos físicos que tiene consecuencias en las personas y afectan su igualdad.

Solo clonando a las personas puedan lograrse ciertos niveles de igualdad, aunque subsistiría la desigualdad del clonador.

La tercera causa de la imposibilidad de la igualdad estricta es la variedad de circunstancias que afectan a cada persona —situaciones imposibles de prever que las hacen distintas: lugar de nacimiento, personalidad de los padres, número de hermanos, enfermedades padecidas y muchas otras.

Confirmo mi tesis previa, la igualdad estricta es imposible —nunca en ningún momento de la historia ha existido una sociedad en la que se haya vivido un sistema de igualdad estricta. Los intentos de lograrla están destinados al fracaso real y, lo peor, dañan a la persona ignorando sus rasgos y sus circunstancias.

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Sin embargo, hay un cierto modo de lograr igualdad entre las personas —no esa igualdad estricta, sino otra que es más sutil, la de considerar que ellas son iguales en su valor único e individual. Todas poseen una misma dignidad.

Esto sí puede ser implantado razonablemente por varios medios:

• Igual trato legal para todos —no hay excepciones legales que diferencie la aplicación de la ley, sea el castigo por delitos, o el pago de impuestos.

• Garantía de iguales libertades para todos —posibilidad de que todos puedan realizar sus iniciativas, sin que eso afecte la misma posibilidad para el resto.

• Implantar un régimen de igualdad en la libertad —lo que hará imposible la igualdad estricta, pero tratará por igual a todos haciéndoles responsables del uso de su libertad y lo que ella produzca.

• Reconocer que existen variables circunstanciales imposibles de prever ni controlar —que producirán desigualdades materiales, a veces de consideración.

Concluyo que es imposible y problemático intentar la igualdad estricta, pero que es posible tener un régimen de iguales libertades con leyes aplicadas por igual —algo que ha sido llamado igualdad de oportunidad.

Dentro de esa libertad de oportunidad influirán, por supuesto, los rasgos personales y las circunstancias individuales, produciendo sin remedio desigualdades en otros campos, como el material, felicidad y demás —lo que es imposible de evitar.

Nota del Editor

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