Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Igualdad y Desigualdad
Eduardo García Gaspar
4 junio 2014
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Las obsesiones ciegan. Las fijaciones impiden pensar. androjo

Actúan reduciendo la visión. Un ejemplo actual es el deseo incontrolable por la igualdad.

En algunos casos es monomanía. Una compulsión que merece una segunda opinión.

Vayamos poco a poco.

Primero, es indudable que la igualdad es una creencia positiva. Lleva ella a pensar en la misma dignidad humana, igual en todos los seres humanos. El clímax de esta idea es la noción cristiana de ser todos criaturas de Dios. Esto tiene consecuencias buenas.

Es lo que nos lleva a pensar en merecimientos personales sólo por el hecho de vivir. Cosas que se entienden en lo general como derechos naturales y que llevan a, por ejemplo, ser considerados iguales bajo la ley. O a ser vistos como seres libres. igualmente libres. No está nada mal esto.

Pero el asunto es más complejo cuando incorporamos otra variable, la de merecimientos. Es otra manera de comparar personas. En un sentido, al compararnos unos con otros, nos vemos iguales, sin que nadie merezca ser inferior ni superior al resto.

Pero si nos comparamos algo más en detalle encontramos esa idea de merecimientos. Aquí entramos en una paradoja: si somos realmente iguales y, por eso, todos merecemos ser tratados por igual ante la justicia, no hay otra alternativa que reconocer la desigualdad que eso provoca.

Una ejemplo obvio, el de estudiantes tratados todos por igual y que obtienen calificaciones diferentes. El ser tratados todos bajo la misma justicia ha ocasionado desigualdades. Los de mayor merecimiento han obtenido calificaciones más altas y lo contrario.

Difícilmente podrá argumentarse que la desigualdad en calificaciones es una violación de la creencia en la igualdad. Al contrario, la misma idea de igualdad al ser tratados bajo las mismas reglas ha creado desigualdad en esos estudiantes.

Hasta aquí es claro que sucede algo llamativo: el considerarnos iguales entre nosotros, con los mismos derechos naturales a nuestra esencia, lleva a resultados desiguales.

Es la igualdad de la justicia igual para todos que lleva a castigar al criminal; la que lleva a premiar al estudiante esforzado; la que lleva a mayores recompensas al mejor trabajador.

Parece haber una relación estrecha entre tratar a todos por igual y producir en ellos desigualdades por merecimientos. Puede esto verse desde otro extremo: si quiero evitar desigualdades por merecimientos, tengo que tratar a todos de manera desigual.

Si, por ejemplo, quiero que todos los alumnos obtengan la misma calificación, tendré que tratarlos de manera diferente a cada uno (quizá preguntas sencillas a quienes no estudiaron y muy difíciles a quienes sí lo hicieron).

Me parece que la conclusión es clara.

(1) Si a todas las personas se les considera como iguales en sus derechos y dignidad y se les trata bajo las mismas reglas, esto ocasionará desigualdad por merecimientos distintos.

(2) Si a todas las personas se les iguala en resultados por merecimientos, esto ocasionará que ellas sean tratadas desigualmente.

Ya que la obsesión de nuestros tiempos es la igualdad de resultados, es inevitable que se produzcan situaciones de tratos desiguales. Unas personas serán tratadas mejor que otras. Es decir, habrá desigualdad en la justicia con la que ellas son tratadas.

Esto es muy llamativo, porque son los proponentes de la igualdad quienes más desigualdad producen al tratar a unos como naturalmente inferiores. Esta consecuencia es muy característica de la mente progresista. Más aún, es un efecto inevitable de su manera de entender a todo sociedad.

La mente del progresista está siempre en busca de víctimas a las que pretende ayudar por medio de la acción gubernamental. Esta es su razón de ser.

En su mente, busca víctimas y determina culpables, de manera colectiva. Una vez formados esos grupos implementa acciones gubernamentales que ponen a cada grupo bajo reglas distintas.

Premia a quien sea que cumpla con la definición de víctima colectiva y castiga a quien sea que se ajuste a la definición de culpable colectivo, usando la fuerza estatal que impone reglas distintas para cada grupo. Su intención es solucionar el sufrimiento de la víctima y penalizar al culpable, todo en agregados sociales.

Lo que he querido mostrar es que la obsesión igualitaria de la mente progresista, como toda ideología, contiene elementos contradictorios. En este caso mostré cómo el deseo compulsivo de igualdad produce sin remedio desigualdad en el trato a las personas.

Unas serán objeto de favores y privilegios, mientras que otras serán discriminadas y tratadas como inferiores. Esto va claramente en contra de la igualdad esencial de toda persona, una consecuencia desastrosa en sí misma. Y eso sin contar un efecto colateral muy indeseable, la expansión gubernamental.

Esta expansión estatal, a su vez, crea mayor desigualdad general: hace dependientes a los considerados víctimas y cuya supervivencia estará en manos del gobernante. El gobernante será el “mas igual” de todos, parafraseando a G. Orwell.

Post Scriptum

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