Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Impuestos Siempre Crecientes
Eduardo García Gaspar
11 agosto 2014
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es como una ley física. Presenta una certeza casi total. androjo

Un evento de seguridad total. Todo gobierno querrá elevar los impuestos.

Y lo querrá con tal fuerza y pasión que nada lo detendrá.

Inventará razones, imaginará causas, creará motivos. Todo para aumentar impuestos.

Un ejemplo reciente, en Inglaterra (reportado por la BBC, 26 julio 2014). Se trata de un impuesto local. Se aplicaría a las cadenas grandes de supermercados. Podría recaudar unos 400 millones de libras al año. Algo así ya existe en Escocia e Irlanda del Norte.

¿Causa, motivo o razón? Una genialidad: que el gasto de la gente en los supermercados se quede localmente y recircule allí mismo. En realidad, el impuesto irá primero al gobierno local y éste tendrá más fondos para hacer lo que quiera, que es el sueño de todo gobernante.

La justificación es fantástica. Poner ese impuesto en realidad supone que a todos les irá mejor si los impuestos aumentan y, por eso, los precios también.

Una faceta benévola. En apariencia, los impuestos son pagados por los grandes supermercados, es decir, nadie más que ellos serán dañados. La apariencia es, pues, la de la comunidad local quitando dinero a quien ya tiene mucho. Los ingenuos serán fácilmente persuadidos de la bondad del nuevo impuesto.

Sin embargo, en la realidad, los afectados serán otros. Principalmente los de menores ingresos, a quienes afectará la elevación de precios y la reducción de utilidades. Siendo indirecta esta afectación no será notada con facilidad ni de inmediato.

Es este solo otro ejemplo de lo que indica el principio político al que hago referencia: todo gobierno tenderá a crear más y más impuestos justificados por razones de bien común. Jamás se tendrá en cuenta que cada impuesto cobrado en dinero que se quita del bolsillo de la gente, de toda la gente.

No importa quién pague directamente el impuesto, ese retiro de dinero se difunde en toda la sociedad y termina por ser pagado indirectamente por todos, lo que afecta más que proporcionalmente a quienes menos tienen.

Este principio político de impuestos crecientes es universal. Sucede en todas partes y en todo tiempo. No tiene excepciones. En México, por ejemplo, se manifestó recientemente en impuestos a bebidas azucaradas, disfrazado de remedio a obesidad.

Puede verse lo absurdo de la idea llevando su lógica al extremo. Si los aumentos de impuestos son de beneficio común, tendría que concluirse que el mayor bienestar social posible sería logrado con impuestos a una tasa del 100%. Se llegaría así a la mejor sociedad posible, a la utopía mayor.

Hay otra manera de examinar el principio de los impuestos siempre crecientes. Suponga usted dos escenarios extremos.

En uno de ellos, la tasa de impuestos es de 0%, es decir, nadie paga impuestos de ningún tipo. Bajo este escenario, todas las decisiones de gasto e inversión son tomadas por las personas buscando en beneficio propio individual. Se abren negocios, se fundan empresas, se hacen donativos, préstamos.

En el otro, la tasa de impuestos en de 100%, es decir, todas las decisiones de gasto, compra, inversión, las toma el gobernante. Solo él decide y nadie más. El reparte, abre negocios, realiza inversiones, da donativos y demás.

La pregunta es obvia, la de bajo qué escenario se emplearán mejor los recursos. Tanto en teoría como en la práctica, la respuesta es obvia.

Son las personas individuales las que toman mejores decisiones, mucho mejores. Por una razón, ellas son las propietarias de esos recursos que administran.

La conclusión es la que usted se imagina: la mejor tasa de impuestos es la más baja posible, la que permite que quede en bolsillos particulares la mayor cantidad de dinero.

Y si alguien me dice que eso impide que los recursos sean usados para el bien social, como cree un amigo socialista, tengo que hablar de la terrible ingenuidad de tal idea.

Si alguien cree que los gobernantes usan los fondos de los impuestos con las más puras intenciones altruistas, su candidez le llevará a creer cualquier cosa.

En resumen, todo lo que intenté es mostrar un caso más de un principio político innegable: los impuestos siempre tenderán a crecer, justificados por las más ingenuas ideas.

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