Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Incongruencia Liberal
Eduardo García Gaspar
11 septiembre 2014
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Es un asunto de congruencia. De consistencia. androjo

Uno de lógica y sentido común. Comienza con una idea, la de la libertad.

Sigue con sus aplicaciones prácticas y concretas.

El ejemplo clásico es el del intelectual que escribe que las fronteras deben cerrarse para ayudar a la industria nacional.

Si a ese intelectual se le dijera que ya no tiene libertad para escribir eso, protestaría de seguro. Diría que hay censura, que se violan sus derechos. Y, sin embargo, al mismo tiempo, sostiene la idea de que a otros sí se les debe anular su libertad.

Es vistoso que eso suceda. Y acontece con asombrosa frecuencia. Ese intelectual usa su libertad de expresión, a la que defiende, para proponer que se quite a otros la libertad de comerciar con quien deseen. Es inconsistente e incongruente.

Una de las formas de demostrar la inconsistencia es usar un documento famoso. Vayamos hasta 1215, cuando Juan Sin Tierra firmó la Carta Magna en Inglaterra. Entre las cosas que allí se aprobaron estaba una prohibición notable para esos días.

Se prohibía que las personas libres fueran detenidas y privadas de sus derechos si no existía una orden judicial “de sus pares y con arreglo a la ley del reino”. Esto es algo que vemos con naturalidad en nuestros días.

Pero lo llamativo es que un párrafo después de eso, se dice otra cosa:

“Todos los mercaderes podrán entrar en Inglaterra y salir de ella sin sufrir daño ni temor, y podrán permanecer en el reino y viajar por él, por vía terrestre o acuática, para el ejercicio de su comercio, y libres de toda exacción legal…”

Eso es congruencia. Se respeta la libertad de las personas y una parte de ella es el no poder ser arrestado sin orden judicial, pero también es parte de esa libertad el que los mercaderes viajen sin limitaciones dentro del reino, mercaderes extranjeros.

Lo que pide el intelectual, sin embargo, va contra toda lógica.

Usa su libertad de expresión y eso es un derecho que no puede retirarse, es parte de la libertad. Pero usa esa libertad de la que goza para proponer que a otros retiren su libertad. No tiene sentido.

No afirmo que la libertad de expresión deba quitarse al intelectual que escribe eso. Que la use y aproveche, que escriba lo que quiera y lo difunda. Lo que sí afirmo es que lo que hace ese intelectual está equivocado. Es absurdo que use su libertad para querer quitar la libertad de otros.

Vea usted la otra posición. Imagine que los mercaderes extranjeros propongan que se quite la libertad del intelectual para escribir. El intelectual se indignaría y diría que tiene el derecho a escribir lo que quiera.

Bueno, pues sí el tiene esa libertad, no veo la razón por la que no tenga el mercader la libertad de vender aquí o allá.

Esto nos lleva a una realidad inevitable: la libertad de expresión permite que las personas emitan sus opiniones con pocas o nulas restricciones, pero esas opiniones pueden ser incongruentes con la libertad de expresión. Lo son cuando, por ejemplo, proponen retirar libertades, como la del libre comercio.

Suponga usted otro caso, el de una persona que propone que el gobierno controle y fije el precio de los alimentos. La inconsistencia es igual.

Usa su libertad para proponer que se anule la libertad de poner precios a los bienes de otros. Tampoco tiene sentido. Igual que sería el proponer el congelamiento de precios de arrendamiento.

La pregunta es la obvia. ¿Por qué puedo yo usar mis libertades para anular las libertades de terceros? Es un problema de desigualdad. Y se da, curiosamente, en medio de halagos y aplausos, como cuando se prohibe que se fume en restaurantes propiedad de terceros.

Sí, es un problema de inconsistencia, un error de lógica. Pero sucede y debemos buscar alguna explicación a tamaña incongruencia mental.

Comencemos por una realidad. No vivimos en tiempos ilustrados realmente y errores de este tipo son pan de todos los días, especialmente en asuntos gubernamentales. Las incongruencias lógicas son difíciles de explicar y suelen ser desechadas con rapidez.

Puede ser también que la libertad no se entienda realmente, ni se valore, ni se defienda.

Esta es la mentalidad de muchos que por pereza mental conciben a los gobiernos como trabajadores sociales que resuelven problemas personales y terminan gozando de su dependencia estatal.

Por supuesto, se sufre ese trastorno del intelectual que le hace ser parcial a ideas que le confieren la posibilidad de establecer las ideas que él tiene en los demás.

Esto, por ejemplo, es lo que creo que animó a Gabriel García Márquez a intimar con el régimen de Cuba (en donde la libertad de expresión literaria de la que él gozó es inexistente).

Post Scriptum

Las citas fueron tomadas de Aguirre, E. (2009). Discursos Para la Libertad. Madrid: CiudadelaLibros.

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