Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Individualismo, no Egoísmo
Eduardo García Gaspar
15 enero 2014
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es un error con consecuencias. Se repite con frecuencia. androjo

Así se cometen equivocaiones, sobre todo en política. Lo ilustró muy bien una persona.

Dijo ella que “el individualismo es odioso por el egoísmo y la codicia que significa”.

El error está en hacer equivalente al individualismo con el egoísmo. No son lo mismo, no pueden serlo.

En una mente simple, por ejemplo, si ella hace que el individualismo sea igual que egoísmo, sucederá que se concluya que colectivismo es igual a altruismo.

El individualismo, bien entendido, pone su atención en la existencia de personas diferentes entre sí, unidades completas y únicas que son entes capaces de razonar y decidir, que tienen juicios morales. Con distintas capacidades y habilidades, se complementan unas a otras dentro de la sociedad.

En el individualismo hay posibilidad absoluta de comportamientos negativos, como la violencia, el engaño. Igual hay posibilidad real de vicios, como la codicia y el abandono a las pasiones. Sin embargo, la misma posibilidad existe de acciones admirables y buenas, como caridad, amor, ayuda y similares.

Ver el individualismo como mero egoísmo es una visión reducida, negativa e inexacta de la persona. La lógica es incontestable: quien puede hacer el mal, también puede hacer el bien (y viceversa). Más aún, el individualismo se funda en comprender la imperfección humana.

Para entendernos en términos cristianos: el Juicio Final será individual, uno por uno, según méritos y faltas; no será colectivo, no podrá ser algo como “los pertenecientes al sector obrero pasen a la derecha y el resto a la izquierda”.

Co la acusación de ser egoísta, se saca otra conclusión. La de que el mundo del individuo será uno de aislamiento, atomizado, con cada quien buscando su bienestar propio sin importarla nada más. Como en el resto de las acusaciones de ese tipo, ella es exactamente lo opuesto de lo que sucede.

Un mundo de personas individuales es rico en posibilidades de asociación y coordinación y colaboración mutua. No está exento de conflictos y enemistades, pero producirá reuniones y complementos mutuos, como familias, clubes, círculos de amigos, empresas, reuniones religiosas, deportes.

Solamente mediante esas asociaciones libres, el individuo podrá subsistir. En cambio, en un mundo colectivista, la única asociación posible será la del grupo predeterminado al que haya sido asignada la persona.

Como el caso de ser asignado al sector agrario, o al obrero, según la mentalidad de Lázaro Cárdenas en México el siglo pasado. En este caso, la persona tiene sentido solamente como un elemento indistinto previamente clasificado.

El individualismo abre la posibilidad de cooperar, ayudar, trabajar juntos, aunque también la de luchar y pelear. Pero al dejar al individualismo y poner atención en grupos, se cierra la posibilidad de cooperar entre sí, ahora la única posibilidad es triunfar sobre el otro, ganarle y derrotarlo.

Es usual que el colectivismo, opuesto al individualismo, entienda la realidad en términos de opresión: un grupo predefinido oprime y explota a otro grupo predefinido.

Sean trabajadores-empresario, mujeres-hombres, pobres-ricos, u otras posibilidades, el bienestar se comprende como la derrota del contrario, la liberación propia del yugo supuesto.

Es así que en el colectivismo florece la animosidad, el conflicto y la lucha entre grupos, en niveles institucionales y seguramente irremediables. Los conflictos del individualismo son más pequeños, de escala menor, con la siempre presente posibilidad de acudir a la cooperación y la ayuda.

Finalmente, el individualismo acepta la imperfección humana como una constante imposible de evitar. Busca la mejoría de la gente, sabiendo que no se vivirá jamás en el mundo perfecto. En esto hay una gran diferencia con el colectivismo.

Los colectivistas suelen sucumbir a los grandes proyectos colectivos, los que presuponen la posibilidad de cambiar la naturaleza humana. La idea estuvo en Hitler al igual que en el marxismo, y sigue vigente en las ideas del estado de bienestar.

Mi preocupación personal es concreta: he visto a personas bien intencionadas, partidarias de libertades, que cometen ese error. En cuanto escuchan hablar del individualismo hacen un brinco ilógico y comienzan a hablar de egoísmo y codicia.

Sin quererlo, ni saberlo bien a bien, se vuelven ellos promotores de ideas que odian y reprueban. Son una especie de aliados inconscientes de su enemigo.

Algunas de esas personas suelen tener convicciones religiosas arraigadas y honestas, lo que les hace reprobar al egoísmo codicioso, lo que es correcto; pero también al individualismo, lo que es erróneo.

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