Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Individualismo: Una Definición
Eduardo García Gaspar
4 marzo 2014
Sección: LEYES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Otra de las palabras de significado libre. Cada quien la define como quiere.androjo

Cada quien le da las connotaciones que le vengan en gana.

El resultado es un desorden descomunal en toda discusión sobre el tema.

Mencione usted la palabra a algunos, que ellos se lanzarán en su contra como fieras. Otros, en cambio, la defenderán, demasiadas veces con las razones equivocadas.

Irresistible entrar al tema.

Hablo de individualismo, cuya definición radica en la soberanía personal. La posibilidad de pensar, razonar y actuar por uno mismo, haciendo lo que uno quiera. Esto piensan algunos y no están equivocados, pero descuidan un elemento central.

Sin ese elemento central, el individualismo sería imposible por igual para todos.

Hacer lo que uno decida hacer solamente es posible cuando se tiene una idea, la del imperio de la ley, la del estado de derecho. Sin este elemento central, el individualismo es imposible.

Si alguien decide expresar su individualismo haciendo lo que le venga en gana, sin duda chocará con el resto de las personas que han decidido hacer lo mismo. Un escenario clásico de lucha entre voluntades y donde tenderá a vencer el más fuerte (haciendo un negocio de la protección a los menos fuertes).

La definición de individualismo, correctamente entendido, entonces parte de la capacidad individual para pensar y razonar. Sobre esa capacidad se presupone la libertad para actuar en concordancia con lo decidido por el pensar. Estas son ideas de soberanía personal, de independencia individual.

¿Dónde será posible que esas personas libres y autónomas realicen su individualidad? No hay otra posibilidad que en un ambiente de respeto a la ley, de aceptación de un código moral.

“El individualismo sólo pudo haber surgido en una civilización que por largo tiempo ha hecho suya [domesticated] la idea de vivir bajo la ley”, como escribió Minogue.

La idea es un tanto paradójica: el individualista solamente puede realmente serlo bajo la ley, en una sociedad en la que predomina la creencia del respeto a la ley. Donde así no se vive, sólo será posible perder la individualidad y someterse al más fuerte.

Otra manera de ver esto es ver la equivalencia entre individualismo y libertad, reconociendo lo mismo: solo puede serse libre, realmente libre, donde exista una cultura sostenida en la ley emanada de la creencia en esa libertad igual para todos.

Otro elemento de la definición de individualismo es usualmente descuidado: la capacidad de pensar y razonar, única en el ser humano. Sin ella no puede haber individualismo y lo habrá realmente conforme esa capacidad sea cultivada y apreciada.

Lo que nos manda a una condición adicional del individualismo: donde no se cultive y florezca la habilidad para pensar y razonar, el individualismo tendrá un ambiente poco propicio. Sociedades, por ejemplo, regidas meramente por costumbres y tradiciones, no crearán seres individualistas.

O sociedades autoritarias, en las que el bien mayor sea el sometimiento a la autoridad, son especialmente reacias a cultivar la razón y el pensar personal. No hay allí gran probabilidad de seres libres e individualistas.

Sucede también otro fenómeno más sutil, bien ilustrado en sociedades llevadas por lo políticamente correcto que encuentran solución a sus problemas en la subjetividad moral llevada hasta la ley. Esta es una forma de censura oculta.

En otras cosas, el individualismo para muchos es una idea negativa, que supone sin remedio conductas dañinas al resto. Es el individualista, entonces, visto como codicioso, egoísta y avaro, que hace de su vida el lastimar al resto.

En realidad no, un individualista puede actuar así pero también de manera humanitaria y desprendida. Será su decisión el hacerlo así o no, con una salvedad notable: ya que el individualismo sólo es posible dentro de la ley, las conductas dañinas tenderán a ser menores.

El individualismo, entonces, puede ser entendido como la actuación personal decidida por uno mismo sin necesariamente coincidir con la del resto. Una actuación basada en decisiones libres producto de razonamientos propios y que solo puede darse bajo el imperio de la ley sustentada en un código moral respetuoso de esa individualidad.

Ayuda a definir al individualismo la mención de ideas opuestas, como el colectivismo que ignora a la persona y pone toda su atención en grupos o colectividades. Para el individualismo cada persona es digna, única y valiosa, imposible de ignorar; lo contrario del colectivismo.

El individualismo, por tanto, no es equivalente a egoísmo, ni a codicia, ni a aislamiento, ni a daño ajeno. Todos estos negativos pueden suceder dentro del individualismo, pero también fuera de él.

Finalmente, el individualismo propone que la sociedad bajo la ley sea un ambiente propicio para que cada persona tome sus propias decisiones buscando realizar sus propias ambiciones. Ese conjunto de realizaciones personales formará la riqueza de todos.

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