Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Intervenir o no?
Eduardo García Gaspar
10 febrero 2014
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La pregunta directa es si debe o no hacerlo. Creo que no, como principio. androjo

Todo será mejor, más sano y más libre, si no lo hace.

Otros piensan lo opuesto, que sí debe intervenir, incluso fuertemente.

El corazón del asunto es la misión de un gobierno.

¿Debe o no debe intervenir en la economía de su país? La mayoría de las discusiones al respecto son demasiado sentimentales para ser de provecho.

Veamos esto de manera pausada y justificar o no esa intervención.

Creo que no debe intervenir directamente. Esto significa como participante en la actividad económica. No debe el gobierno tener empresas propias, como el monopolio estatal petrolero en México.

Esta participación directa daría demasiado poder económico al gobierno y la empresa no estaría manejada con criterios de productividad.

¿Intervención indirecta? Sí, por supuesto. Es la que se necesita en los incumplimientos de contratos y las ocasiones de engaños, fraudes y similares. Es una labor de implementación de justicia.

No sólo puede, sino que eso es parte de su razón de ser, el hacer respetar las leyes.

Muy bien, ya expliqué eso de que no es justificable una intervención directa, como participante en la economía, pero que sí tiene un papel vital en la impartición de justicia en la actividad económica (como en el resto).

Esto ayuda mucho, pero no deja las cosas suficientemente claras.

Tiene que existir un principio general que guíe la participación indirecta de los gobiernos en la economía de sus países. Creo que ese principio esencia es el de hacer respetar, defender y facilitar la libertad de trabajo. Esto es promover la libertad de iniciativa empresarial de todos.

Y tiene implicaciones. La más obvia es la de jamás defender intereses de un sector o de una empresa o de varias. Debe tratar a todos por igual, bajo las mismas reglas, sin exclusividad alguna.

Más aún, debe tomar un papel de facilitador, de simplificador de esa libertad de trabajo.

Sucede con frecuencia que participantes en la economía, como empresas y sindicatos, acudan al gobierno y reclamen protección de algún tipo. Piden favores, solicitan leyes, tratan de obtener tratamientos fiscales preferenciales.

Un buen gobierno no sucumbe a estas peticiones jamás. Dar a unos sí y a otros no, sería violar el principio de igualdad legal.

Otra implicación, menos obvia, es aceptar que la libertad de trabajo sustentada en una buena impartición de justicia, funciona admirablemente bien.

No es perfecta, pero tiende a solucionar problemas por sí misma mejor que la intervención directa, como el control de precios, o la emisión de dinero para reanimar a la economía.

Las personas, dejadas libres, son un enorme recipiente de talento para encontrar oportunidades de negocios y resolver problemas que ellas detectan e intentan resolver. El gobierno debe actuar aquí bajo el principio de subsidiariedad, colocándose como la última de las opciones para intervenir.

La tercera implicación tiene que ver con la palabra favorita de muchos economistas, los incentivos.

Un gobierno bueno debe cuidar mucho que sus decisiones económicas no creen incentivos que causen efectos indeseables. Y debe cuidar que, al contrario, tienden a fomentar buenos hábitos, como el ahorro y la responsabilidad personal, el esfuerzo y el trabajo.

Especialmente, el ayudar a tener el sentimiento de orgullo en la independencia y la valía personal. Las disposiciones que socaven esta idea dañarán el potencial del país.

La prosperidad general del país solamente puede ser creada por el trabajo acumulado de sus millones de habitantes, no por medio de políticas gubernamentales que lo intenten por medios artificiales.

También, las decisiones económicas del gobierno deben comprender que su abundancia y complejidad encarecen y limitan a la libertad de trabajo. Demasiadas regulaciones, difíciles de entender, son obstáculos a la prosperidad, por justificadas que se piensen que puedan estarlo.

En resumen, un gobierno no debe ser un participante directo en asuntos económicos, sino solamente jugar un papel vital, el de respetar y hacer respetar la libertad de trabajo de todos sin diferencia. No es complicado de entender.

Post Scriptum

Si quiere usted encontrar una instancia clara de lo que no debe hacerse en la economía de un país, no hace falta ir muy lejos. Basta conocer esto.

Cuauhtémoc Cárdenas, líder fundador del PRD, consideró necesario avanzar en una reforma energética en la que la industria petrolera rija el crecimiento económico y la industrialización del país, como ocurría en el pasado. excelsior.com.mx

Ninguna empresa privada, mucho menos estatal, debe tener el poder como para regir a la economía de un país. Esto es igual a decir que el trabajo de usted, el mío y el de millones más sirve de nada; que todo lo arreglará un grupo de burócratas desde alguna oficina en la capital del país.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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