Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Justicia, Libertad, Igualdad
Eduardo García Gaspar
22 abril 2014
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Tenemos inquietudes. Mostramos preocupaciones.androjo

Es posible que nada hagamos, pero nos satisface hablar de ellas.

No hace mucho, una persona ilustró esto.

Dijo estar preocupada por la desigualdad, el “mayor problema de nuestros tiempos”.

Al mismo tiempo, alabó a la justicia y a la libertad. Dijo que era también un problema la falta de libertades y de justicia.

Admirables inquietudes, aunque ella nada hacía por corregir los problemas que apuntó. Hay otros que van más allá y, en cambio, si hacen cosas por la igualdad, la justicia y la libertad.

Mi punto inicial es apuntar un revoltijo en todo esto.

Me parece equivocado mezclar todos esos ingredientes en una cazuela y tratarlos como si fuesen lo mismo. Igualdad, mucho me temo, es bastante diferente a justicia, y ellas dos a libertad.

Lo que creo que bien vale una segunda opinión es apuntar que esas tres cosas deben separarse.

Un ejemplo extremo: si usted quiere igualar a las personas muy probablemente tendrá que anular libertades y cometer injusticias.

Tomemos esas ideas por separado para encontrar algunas cosas curiosas.

Por ejemplo, tomemos a la igualdad. Si nos obsesionamos con ella haremos cosas que nos mostrarán que puede ella llegar a excesos muy indeseables.

La igualdad excesiva solo puede ser lograda por medio de una autoridad con un poder descomedido para que la implante.

O, del otro lado, tomemos a la libertad. Si nos obsesionamos con ella llegaremos a extremos indeseables, en los que todo es permitido. También la libertad tiene sus extremos indeseables.

Esto es llamativo porque tanto la libertad como la igualdad pueden llegar a excesos. Entre ellas debe haber un balance si es que se quiere tener una existencia saludable.

Los gobiernos obsesionados con la igualdad, por ejemplo, crearán situaciones en las que se pierdan libertades. Y regímenes de libertad absoluta crearán situaciones en las que se pierda igualdad.

En otras palabras, tanto libertad como igualdad, son ideas positivas y loables, pero tienen el problema de poder ser llevadas a excedentes negativos.

Hay soluciones al balance entre ellas, por ejemplo, equilibrando la situación al tener un régimen en el poder ser igualmente libres.

La justicia, por otro lado, no tiene ese problema de excesos. O al menos eso me parece. ¿Podría alguien quejarse de exceso de justicia? No lo creo, como bien podría haber reclamos de excesos de igualdad y de libertad.

Quizá sea que la justicia pone las reglas que dan cimiento a la libertad y a la igualdad. Pongo un ejemplo que me llamó la atención.

No hace mucho que una persona, en una conferencia, dijo que los dos mayores problemas de México eran la violencia y la desigualdad. Esta persona pertenece a un organismo político admirable, lleno de personas con buenas intenciones.

Sin embargo, su error era obvio.

Es cierto, la violencia, delincuencia, criminalidad, en México es un problema realmente grave. Sin embargo, la desigualdad que es real, no tiene el mismo rango y es un diagnóstico erróneo.

La desigualdad es una consecuencia de problemas que sí merecen ser señalados.

Piense en esta posibilidad, la falta de aplicación de la justicia en México origina criminalidad y violencia, pero también desigualdad. Si esa persona se concentra en remediar la desigualdad, sus soluciones no serán atinadas: podrá hacer a todos iguales y eso anulará libertades y será injusto.

Es el problema de los malos diagnósticos y de las preocupaciones simplistas. Me parece mucho más prometedora la idea de que el problema mayor no son ni la violencia criminal ni la desigualdad, sino la falta de justicia.

En otras palabras, la carencia de eso que se llama imperio de la ley o estado de derecho.

En fin, toda mi idea es la de tener cuidado con el reduccionismo a explicaciones demasiado simples, como por ejemplo la obsesión moderna con la desigualdad. Estos análisis demasiado simples llevan a soluciones peligrosas que terminan por empeorar las cosas.

La obsesión igualitaria de nuestros tiempos es una buena instancia para ilustrar ese reduccionismo absurdo, que lleva a situaciones en las que habría injusticia y falta de libertad.

Post Scriptum

La columna está fuertemente basada en una idea de Adler, M. J. (1997). Six great ideas. New York London: Touchstone.

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