Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Gran Mala Idea
Eduardo García Gaspar
27 febrero 2014
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Ponen los pelos de punta. Asustan más que las películas de terror.androjo

Son peores que ellas. Mucho peores. Por una razón.

Se presentan como propuestas bondadosas, llenas de buenas intenciones.

Un par de ejemplos servirán para entender esto.

Viajemos al pasado, al siglo pasado. Por allí de finales de los años 50. En China. Su gobierno tiene una idea, el programa Gran Salto Adelante. Era un conjunto de decisiones de todo tipo.

La intención: prosperar por medio de la industrialización.

Muy al principio de los años 60, cuando terminó el programa del Gran Salto Adelante, se calcularon sus resultados: varios millones de muertos. Hay cálculos de entre 18 y 30 millones, quizá hasta 40.

En resumen, el Gran Salto Adelante era un programa de colectivización forzada, organizada en comunas, a las que se movilizaron millones de personas para producir acero, productos agrícolas, principalmente. Obviamente no se logró nada de eso.

Vayamos ahora a Camboya. Por allá de mitades de los años 70, en el siglo pasado. Tomó el poder Pol Pot y pensó en hacer lo mismo, implantar un programa que desarrollara un buena economía agraria. Fueron movilizadas, por la fuerza, millones de personas al campo.

La campaña fue violenta, incluía tortura y muerte, separación de familias. Toda oposición al plan, significaba la desaparición de la persona, como unas 200,000. La cifra calculada de muertos totales: de más de un millón, quizá dos.

Muy bien, son ejemplos extremos, crueles y sangrientos, no diferentes a los casos de la URSS en los años 30, por ejemplo. Casos menores se presentan en otras partes, como en Cuba y ahora en Venezuela. Todos tienen sus comunes denominadores.

Son programas nacidos de la iniciativa de uno o más gobernantes. Piensan ellos en algo que les parece bueno, que merece la pena implantar. Su intención es, en lo general, atinada, como lograr prosperidad para el resto. Convencidos totalmente, usan su fuerza para hacer realidad su plan.

Esto es el rasgo clave: el que piensa que su idea es la mejor de todas para mejorar al país es el mismo que tiene el poder para imponerlo por la fuerza y con violencia. Generalmente mandará matar a los opositores.

Pero no sólo eso, resulta que la idea que él piensa que es la mejor de todas, en realidad es bastante mala. No funcionará, será un fracaso, es tonta y estúpida. Pero no importa, la impondrá. Tendrá resultados: varios millones de muertos por hambruna, trabajo, enfermedad.

Los casos son muy claros en sus instancias extremas, cuando los delirios del gobernante llegan a lo ridículo, como con el nazismo. Lo extremo, lo sangriento y cruel de cada caso, impide ver con la claridad necesaria lo que en realidad acontece: una idea absurda y mala que pensó el mismo que está en el poder.

Es ahora que las cosas se ponen interesantes. Será casi inevitable que quien llegue al poder tenga también una idea: “Si se hace lo que pienso, el país progresará”. Puede ser que todos tengamos una idea similar, pero la diferencia es que no estamos en una posición con poder tal como para imponerla.

Pero si la persona tiene ese poder, lo hará, como Pol Pot, como Mao, como Lenin, como Castro y Chávez. Este es el problema central, no tanto el tener una idea sobre lo que debe hacerse en el país para prosperar, sino tener el poder como para imponerla por la fuerza. Incluso con un costo de millones de vidas.

Existe otra faceta en esto, una más sutil. La idea que tiene suele ser monotemática: requiere que se sigan las instrucciones específicas del gobierno y nada más que eso; del resto se espera sólo que obedezcan. Se establece así una relación amo-sirviente, jefe-servidor.

Exponer estos casos como una relación entre quien da órdenes y quien las sigue obligadamente, ayuda a entender la razón del fracaso de todas estos planes de gobierno: el desperdicio del talento y los conocimientos de los millones que deben obedecer instrucciones precisas.

Si, por el contrario, se permitiera el aprovechamiento del conocimiento y el talento de esos millones, la cosa cambiaría y, casi seguramente, habría más prosperidad. No es difícil de entender esta idea de aprovechar el talento de millones en lugar de colocarlos como simples seguidores de instrucciones.

Finalmente, los dos ejemplos tratados al principio son extremos, pero no implica que continuamente los gobernantes no hagan lo mismo con menor intensidad y el mismo fracasado resultado por no aprovechar el talento de millones.

Creen ellos siempre tener una gran idea, como un gran secreto que si se lograra implantar, haría la gran diferencia. El problema es que su gran idea siempre va a suponer que las ideas de los demás son una tontería. Y eso es realmente una estupidez.

Post Scriptum

Dije que los gobernantes siempre suponen tener una gran idea para prosperar y beneficiar al país. Creo que es cierto, con intensidades diferentes en cada gobernante, pero también que ellos anteponen su beneficio personal al del resto y modifican su idea para acomodar dentro de ella su provecho propio (como el mantenerse en el poder indefinidamente).

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