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La Imagen de Dios y tú
Selección de ContraPeso.info
18 noviembre 2014
Sección: RELIGION, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Jordan Ballor. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. El título original de la columna es The Image of God and You.

Las conversaciones sobre la dignidad humana se refieren a menudo, y con razón, al concepto bíblico de la imagen de Dios. En el relato de la creación en Génesis 1:27 leemos que “Dios creó al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”.

Los pronombres en tercera persona son apropiados aquí porque el texto está proporcionando una descripción narrativa de un evento pasado. Esos seres humanos en aquel entonces fueron creados por Dios.

Cuando escuchamos discusiones y usos sobre la imagen de Dios en el discurso contemporáneo, a menudo es de una manera igualmente externa o abstracta. Estos usos están dirigidos a la necesidad de reconocer la imagen de Dios en el otro, la persona que podría ser marginada u oprimida.

En el contexto de ayudar a los más pobres, por ejemplo, John Perkins con fuerza nos recuerda: “Usted no da dignidad a las personas. Usted la afirma”. Los que son materialmente pobres, no menos que aquellos que son materialmente ricos, son portadores de la imagen y poseedores de la dignidad inalienable que atiende a ese estado.

Esta realidad compartida es precisamente la razón por la que C. S. Lewis observa: “Nunca he hablado con un simple mortal …. Son inmortales esos con los que bromeamos, trabajamos, nos casamos, despreciamos y explotamos — horrores inmortales o esplendores eternos”.

Un gran reto y responsabilidad como puede serlo el de reconocer y afirmar la imagen de Dios en otras personas, sin embargo, también es menudo difícil ver la imagen de Dios en nosotros mismos. Pero, de hecho, cada uno de nosotros es portador de una imagen de Dios.

No menos que nuestros antepasados, somos nosotros “hijos de Adán y hijas de Eva” nacidos hoy en la imagen del padre celestial, por pedir prestada otra frase de C. S. Lewis.

De este modo, Génesis 1:27 no trata sólo de aquellos seres humanos allá en el principio. Es un texto que también nos habla directamente a nosotros hoy en día, y a todas las personas en toda la historia del mundo. Usted, también, sea hombre o mujer, rico o pobre, blanco o negro, ha sido creado a imagen de Dios.

Difícilmente pueden exagerarse las implicaciones de esto en nuestra vida. No sólo debemos reconocer, afirmar y honrar la dignidad de los demás. También debemos vivir de la manera que merece nuestro distinguido estado como portadores de la imagen de Dios.

Para los cristianos esto significa comprender nuestro lugar como hijos adoptivos de Dios (Romanos 8: 14-17). En el Antiguo Cercano Oriente, el símbolo de llevar una imagen incluye este tipo de responsabilidad, la de un niño a un padre, un heredero a un monarca, o un administrador a un gobernante.

Siendo portadores de la imagen de Dios, por lo tanto, cada uno de nosotros tiene un estatus destacado como representante de Dios en este mundo, y una correspondiente llamada a ejercer la autoridad apropiada en nuestras propias áreas de influencia. Tenemos la responsabilidad de la administración que se deriva directamente de esta naturaleza humana creada.

La “carga, o peso”, como Lewis se refiere a ella, presiona sobre nosotros no sólo en el contexto de “la gloria de nuestro prójimo”, sino también en nuestros propios derechos y responsabilidades como portadores de la imagen de Dios.

El ser humano es la corona de la creación de Dios (Sal 8. 5), y, como tal, cada uno de nosotros lleva el peso de esa diadema real. Un aspecto maravilloso de esta gloriosa realidad es que la imagen de Dios se refleja y despliega en los distintos y diversos llamamientos de los seres humanos, una realidad seminalmente presente en la creación de los seres humanos a imagen de Dios como varón y mujer.

Así, el teólogo reformado Herman Bavinck argumenta, “No sólo uno de ellos, sino los dos, y no uno separado del otro, pero el hombre y la mujer juntos, en relación mutua, cada uno creado en su propia manera y creados cada uno en una especial dimensión a imagen de Dios y juntos mostrando la semejanza con Dios”.

Cada uno de nosotros tiene un lugar único e irrepetible en el orden creado por Dios. Cada uno de nosotros vive, se mueve y tiene a nuestro ser en el contexto de un conjunto único de relaciones, talentos, disposiciones y oportunidades. Cada uno de nosotros, sin importar las diferencias y diversidades que existen, tiene cierto servicio que puede prestar para promover la gloria de Dios.

Como observa Rudy Carrasco,

“Cada persona sobre la faz de la tierra se creó a imagen de Dios. Todo el mundo tiene el mismo Padre celestial. Todo el mundo tiene capacidad, talento y habilidad. Todo el mundo tiene responsabilidad. Todo el mundo tiene responsabilidad administrativa… Tienes la responsabilidad de ser un administrador de los recursos bajo tu control, ya que tienes un Padre celestial que ha puesto grandes cosas dentro de ti y que está esperando a ser llamado y desarrollado y extraído”.

Todo esto es cierto, dice Carrasco, no importa tu estado económico o posición social, no importa “la sucia casucha en la que estés viviendo, en Brasil o en la Ciudad de México o Manila”.

La creación de los seres humanos a imagen de Dios es una gran llamada, un mandato real y una responsabilidad augusta. Afirmemos la dignidad de todos los seres humanos, los demás así como nosotros mismos, y así cumplir el gran mandamiento: “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:31).

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