Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Ley y la Moral
Eduardo García Gaspar
25 agosto 2014
Sección: LEYES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El dilema ha permanecido oculto. Escondido en medio de una realidad compleja. androjo

Es el asunto de la moral y la ley. De la relación que hay entre ellas.

De sus concordancias y oposiciones.

Tan oculto que bien vale una segunda opinión en desenterrarlo momentáneamente.

K. Minogue lo explica con claridad:

“Es universalmente aceptado que la libertad consiste en vivir bajo la ley. Pero las leyes se hacen. ¿Cuál es entonces la posición del legislador? Si está bajo la ley, no puede hacerla, y si está por encima, entonces sus sujetos carecen de seguridad necesaria para ser libres en contra de la opresión.”

El asunto es complicado. Es obvio que una vida libre y ordenada necesita leyes para la convivencia entre ciudadanos y entre ellos y el gobierno.

Ellas tiene que crearse. Alguien tiene que hacerlo. La tradición de muchos años ayuda a crearlas, pero se necesita formalizarlas. Otras veces es necesario crearlas sin tanta ayuda.

Entonces se entiende mejor el dilema. Crear la ley al mismo tiempo que estar bajo ella no tiene mucho sentido. ¿Puede estar bajo ella ese quien la crea?

Hay alguna buena dosis de creer superior a quien tiene la capacidad para crear leyes a las que acompañará la fuerza del gobierno.

Quizá no tenga solución teórica el problema, pero sí tiene soluciones prácticas razonables.

La más conocida de ellas es la de crear leyes entre muchos que deben ponerse de acuerdo para aprobarla. Esto impide hasta cierto punto el riesgo de leyes abusivas e injustas. Son las cámaras de legisladores las que lo hacen, o deben hacerlo.

Esto muestra el grave riesgo de tener legisladores que se hayan vendido a los intereses de su partido, o al poder ejecutivo. La podredumbre de esta posibilidad es obvia. Los legisladores son representantes de los ciudadanos, no de sus partidos ni del ejecutivo.

Los filtros de la discusión entre la cantidad de legisladores, la necesidad de aprobación mayoritaria y de aprobación final del ejecutivo, son mecanismos imperfectos de protección en contra de leyes malas.

Otra protección similar a la anterior es la posibilidad de anular a la ley mala.

Si una de ellas se aprueba, en una democracia razonable, será una posibilidad real el decretar su extinción en alguno de los gobiernos siguientes. El ciudadano razonable aceptaría esa mala ley con la esperanza futura de cambiarla o anularla.

No son remedios de fondo, sino soluciones prácticas y que son solo posible bajo cierto tipo de gobierno, el democrático con separación de poderes y elecciones periódicas. Es un sistema déspota, la ley es la voluntad de quien tiene el poder. La diferencia es notable.

Pero hay más. Una cosa que se ha explicado como moral y que la ley tiene que respetar. Si no lo hace, se estaría frente a eso que se llama ley injusta.

Es sencillo expresarlo, pero muy complejo el realizarlo. Al final de cuentas es un asunto de determinación de lo bueno y de lo malo.

Una ley que da tratos diferentes a personas de raza diferente, como por ejemplo, impedir votar a una de ellas, es claramente algo injusto. Pero lo es bajo una cierta moral que proclama la igual dignidad en todas las personas.

Consecuentemente, la moral y el entendimiento de lo bueno y de lo malo es lo que puede frenar a una mala ley o aprobarla.

Tome usted un caso discutible. Si se acepta que la libertad es buena y que debe ser respetada por ser parte de lo natural en la persona, se tendrán problemas para aceptar a una ley que impide exportar e importar mercancías.

Y, sin embargo, esa ley ha sido aprobada en muchas partes justificándola con la creencia de que impedir esa libertad era de beneficio económico (lo que resultó falso).

En un plano netamente moral, sustentado en la naturaleza humana, se reclama trato igual para todos. Cualquier ley que violara esa igualdad sería vista como indebida. Y, sin embargo, se tienen leyes así, como las de impuestos progresivos.

¿Cuesta trabajo aceptarlo? Por supuesto.

Y eso se debe a una transformación moral que al mismo tiempo que alaba a la dignidad humana dando, por ejemplo, un voto de igual valor a todos, acepta también hacer el equivalente de dar a unos un voto de menor valor en medio de la aprobación general.

El voto de menor valor es igual al impuesto mayor decretado para unos y no para otros.

La moral, esas ideas que se tiene sobre la naturaleza humana y sobre creencias como la verdad, la honestidad, la libertad y demás, son el mayor sistema de defensa en contra de la posibilidad de abuso gubernamental en las leyes.

Cuando esa moral se pierde, no tardará la sociedad en ser víctima de abusos de autoridad.

Comencé con el dilema del legislador por encima de la ley. No debe estarlo y cuando crea él leyes, podrá estar un poco por encima de la ley, pero jamás podrá estar por encima de la moral.

Post Scriptum

Si le gustó la columna, quizá tamabién:

Leyes Justas e Injustas

La Razón de Ser de la Ley

La cita es de Minogue, K. (2000). Politics: A Very Short Introduction. Oxford University Press.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras