Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Tarea Imposible
Eduardo García Gaspar
3 febrero 2014
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Es un énfasis creciente. Una fuerza mayor. androjo

Un nuevo y gran ímpetu en la idea de la igualdad.

Como una especie de pasión desbocada por la igualación de las personas.

Obama es un caso de esta obsesión:

“[Obama]… said the “dangerous and growing” income and opportunity gap is jeopardizing the notion that if people work hard, they can get ahead”. politicalticker.blogs.cnn.com

No es el único, sucede en todas partes y es un tema que merece una segunda opinión. Quizá todo comienza con la manera en la que se entiende a la democracia. En ella, el voto de todos tiene el mismo valor real, no importa quién lo dé.

No significa que todos sean iguales, sino que ese voto se cuenta uno por uno, con el mismo peso todos. Sin embargo, es obvio que cada persona es distinta, diferente, única, irrepetible; y que lo mismo son sus circunstancias.

¿Puede llevarse la idea de igual valor de los votos a la de igual valor de las personas? Por supuesto, sí se puede, pensando en que todas tienen un mismo valor también. Son iguales en su esencial, dignidad. No hay duda alguna de esto.

Y, sin embargo, es una realidad que siendo iguales en dignidad, somos tremendamente iguales en el resto de las cosas. Las diferencias son notables y, debe decirse, eso es parte de nuestra vida y de lo que la hace mejor.

Piense usted en la posibilidad opuesta, la de un mundo en la que todos son iguales en absolutamente todo aspecto. Sería una pesadilla, un mundo de robots idénticos. Solamente esto hace desechar la búsqueda apasionada de la igualdad.

Pero hay otra cosa, que es la más importante. Es literalmente imposible lograr la igualdad entre humanos (excepto en su dignidad y sus derivados). Tome usted, por ejemplo, la obsesión de igualar ingresos, o al menos, la de reducir su brecha.

¿Cómo lo haría usted? No hay otra manera que la de usar su poder sobre el resto, igual que lo haría un gobierno. Quizá hacer que los ricos paguen impuestos de 75%, como en Francia. O algo similar que consiste en quitar a unos para dar a otros.

Ahora suponga usted que ha llegado a un punto en el que todos tienen más o menos los mismos ingresos; la brecha se ha resuelto, según el gobierno. ¿Ha desaparecido la brecha de ingresos? En realidad no, se ha vuelto en realidad mayor.

Quizá ya no haya grandes diferencias entre las personas, pero la brecha entre ellas y los gobernantes será descomunal. El gobierno será ahora el rico, el único rico del país. No ha desaparecido la desigualdad, se ha hecho mayor.

No solamente eso, habrá otra brecha monumental, la del poder. Imagine usted el poder que tiene que tener el que quita a unos para dar a otros. No solo acumula poder financiero, también poder para usar la fuerza a su discreción.

Que el voto tenga igual valor para todos, no significa que las personas sean todas iguales. Y si se intenta, se creará lo que toda obsesión gubernamental produce, un mundo de pesadilla. Porque en realidad, nos enriquece ser diferentes y desiguales.

Hay otra faceta muy bien representada en una frase de W. Churchill: “La mejor razón en contra de la democracia es una conversación de cinco minutos con un votante promedio”.

Sí, lo siento, pero no hay más que reconocer eso, la ignorancia de muchos, su desconocimiento, lo que les impide ser iguales entre sí.

Nuestra vida necesita personas excepcionales, superiores, distintas. Empresarios, filósofos, literatos, innovadores, clérigos, deportistas, pintores, inventores, científicos, gobernantes, que sirvan de guía, que mejoren nuestras existencia, que sean mejores que el resto.

Y si de esa superioridad se deriva alguna brecha, que así sea, que ella es la recompensa a su superioridad. Querer castigarlos quitándoles su recompensa es reprenderlos por ser mejores. Una sociedad sin esto es una sociedad muerta.

Una sociedad que es llevada a vivir en la mediocridad, en donde las opiniones del ignorante son evaluadas como iguales a las del conocedor. Todos en esa sociedad irían al común denominador más bajo en moral, leyes, ciencia. No habría innovación, ni adelantos, ni mejoras.

Si la pasión por la igualdad está acaso producida por la preocupación por los débiles, pobres, o vulnerables, deberá entenderse que eso no será corregido debilitando al fuerte, sin bajando al superior, ni empobreciendo al rico, ni haciendo ignorante al sabio.

¿Una defensa de la desigualdad? Sí, de cierta manera lo es, pero hay que ser claro. La tan cacareada diversidad enriquece y mejora nuestras vidas, pero sin poderse evitar, crea diferencias entre personas. Destruyendo las diferencias se producirá lo opuesto, estandarización y homogeneización.

Puede observarse esta obsesión igualitaria en Obama (29 enero 2014, BBC):

US President Barack Obama has promised “with or without Congress” to tackle economic inequality, in his annual State of the Union address.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Igualdad y en Contrapeso.info: Brechas.

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