Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Laicismo: Consecuencias
Eduardo García Gaspar
15 diciembre 2014
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es un asunto de lógica. De sentido común. androjo

De entender consecuencias. De comprender causas.

Es el tema del laicismo y sus dos interpretaciones. Bien vale la pena una segunda opinión al respecto. Comencemos por lo básico.

Una interpretación del laicismo es la que conocemos por libertad religiosa: las religiones se practican con libertad y cada persona decide sus creencias religiosas. Los gobiernos no se meten en esas cuestiones. Simplemente las dejan ser. Su otro nombre es separación iglesia-estado.

La otra interpretación del laicismo, la que se conoce como total, intenta borrar a las religiones de la sociedad. Las limita, obstaculiza y confina al campo de las ceremonias religiosas dentro de un templo y del que nada puede salir.

Es la posición contraria a la teocracia. Si en la teocracia gobierna la religión que también es gobierno, en el laicismo total, la religión desaparece y solo queda el estado. No es que haya separación iglesia-estado porque ya nada hay que separar.

Obviamente entre ambas interpretaciones, la realidad presenta situaciones variadas intermedias. Por ejemplo, en México hay separación iglesia-estado, pero el estado no admite religión en las escuelas públicas.

Bien, sigamos con esta idea para examinar un escenario. Supongamos una situación en la que se implanta el laicismo total, al estilo Cuba, la URSS y similares. ¿Qué efectos tiene esta posibilidad? Para conocer los efectos, primero veamos lo que causa el laicismo total: la desaparición formal u oficial de las religiones.

Esa desaparición de la escena social, de las religiones, crea un desbalance en la sociedad. Un desbalance de poder. Las religiones, que son un contrapeso político del gobierno, dejan de actuar así. Los gobiernos, entonces, dejan de tener una limitación a su poder.

Se termina con un gobierno con más poder. Una mala noticia para los defensores de la libertad. Si el gobierno ha anulado una de las libertades más esenciales, la religiosa, y ya no hay separación iglesia-estado, ese gobierno abre la posibilidad de anular o limitar otras libertades y hacerlo con menor oposición.

Esta consecuencia suele ser sorpresiva para los defensores de la libertad que apoyan al laicismo, sin entender que la libertad religiosa es algo que también deben defender (incluso cuando algunos de ellos no tengan religión).

Pero hay más. Las religiones son además fuentes importantes de reglas de comportamiento, eso que llamamos moral. Si las religiones se desvanecen de la escena social, entonces queda un vacío moral que debe llenarse de algún modo.

Si se vive en un régimen no democrático, el vacío será llenado con la voluntad de los gobernantes. Ellos decidirán las reglas morales según su voluntad y, por supuesto, conveniencia política. Las expropiaciones de H. Chávez son un ejemplo reciente.

Si se vive en un régimen democrático, el vacío será llenado por diferentes medios: opinión pública, votaciones, discusiones legislativas, fallos judiciales, decisiones ejecutivas. Todas ellas sujetas a presiones de cabildeo y de ONGs. La moral será definida y modificada por una combinación de mayoría y presión política.

No importa por cuál de las dos posibilidades se llene el vacío moral, el resultado será una moral cambiante y relativista, en la que no hay posibilidad de valores absolutos y permanentes.

Bajo esta situación no podría siquiera defenderse a la libertad como un absoluto. Tampoco a la vida. Ni siquiera a la libre expresión, a la que el estado podría definir a su antojo, como en Ecuador o Nicaragua.

La conclusión me parece obvia. ¿Quiere alguien defender a la libertad humana? Para hacerlo no debe descuidar a la libertad religiosa. Y si lo hace, entonces dará un paso en la dirección equivocada. En otras palabras, el laicismo total es una de las vías para el totalitarismo.

Martin Rhonheimer lo ha expresado bien.

“La laicidad integrista [total] viene a ser, pues, una especie de paternalismo, que intenta proteger al ciudadano de toda influencia religiosa —y de instituciones como la Iglesia católica—porque estima que tal influjo es irracional y corrosivo de la libertad. Y esto justamente porque, según esta concepción de la laicidad, la religión no habla en nombre de una legitimidad procedimental democrática o de mayoría, sino en nombre de una verdad que reclama validez sin ser fruto de un discurso democrático o de un consenso mayoritario”.

Post Scriptum

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Sociedad y Laicismo

La cita es de Cristianismo y Laicidad, de Martin Rhonheimer

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