Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Laicismo y Libertad
Eduardo García Gaspar
7 agosto 2014
Sección: LIBERTAD CULTURAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es un regreso a lo original. Una vuelta a los orígenes. androjo

Un fenómeno muy representativo de nuestros tiempos.

Una persona lo dijo con claridad: “Nuestra sociedad será la mejor posible si desaparecieran las religiones, todas ellas”.

¿De verdad? Veamos esto con calma. Comienzo con una idea simple.

En nuestros tiempos democráticos, las religiones viven bajo un esquema liberal, el de la libertad de creencia. Para el caso cristiano, es algo como regresar a los momentos cristianos en época de los romanos, cuando se pedía poder ser cristiano sin ser perseguido.

En resumen, bajo sistemas democráticos de libertad, las religiones están en una posición de ser alternativas y opciones, bajo el principio de libertad religiosa.

Teniendo una clara separación entre gobierno e iglesias, cada religión vuelve a sus orígenes misioneros.

Ya no son, en las democracias, los tiempos anteriores en los que existía si no una unión político-religiosa, si un sentimiento de dominio religioso sobre la política. La situación es totalmente distinta.

Es aquí donde cabe la opinión de la persona a la que cité al principio, la que afirmó que todo mejoraría sin desaparecieran las religiones, todas ellas.

Esta es una de las opciones que ha abierto la democracia. La del laicismo “integral”, como ha sido llamado.

Comencemos por la otra opción de las religiones en una democracia actual. Podemos llamarla “libertad religiosa” y ella implica que las personas son libres de decidir por sí mismas sus creencias religiosas. Supone independencia entre poder político y religioso. Pero no implica rivalidad entre ellos.

Bajo un sistema de libertad religiosa, los gobiernos no intervienen en las decisiones religiosas de sus gobernados. No se ligan a religión alguna y, si lo hacen, ello es más simbólico. No hay discriminación por motivos religiosos.

Bajo ese sistema de libertad religiosa hay colaboración entre esos poderes y respeto mutuo.

La otra alternativa ya no es una de libertad religiosa, sino una de enemistad y rivalidad. En este caso, el gobierno ya no permanece en una posición neutral religiosa, sino que toma una posición antirreligiosa y atea.

La diferencia entre ambas opciones democráticas es clara. Una de ellas permite la libertad religiosa y la decisión personal al respecto, con el gobierno jugando un papel de defensor de esa libertad y sin favorecer a religión alguna.

La otra ya no respeta esa libertad religiosa. En este tipo de laicismo, el gobierno se adhiere a una posición religiosa a la que favorece con su poder, la del ateísmo.

Esta aclaración es lo que creo que bien vale una segunda opinión.

Bajo una noción democrática ortodoxa, el gobierno permanece ajeno a las decisiones de los ciudadano en estos terrenos. Deja a las iglesias en libertad y a los ciudadanos también.

Pero bajo la noción democrática transformada, el gobierno toma un papel activo en asuntos religiosos y adopta una postura religiosa cuasi oficial, la del ateísmo. Esta postura sería similar a la de siglos atrás, cuando los gobiernos implantaban una religión usando su poder.

¿Por qué sucede esto? Debe haber varias explicaciones, pero una de ellas es realmente interesante.

Si tomamos la noción de libertad religiosa en una democracia, ella implicaría la coexistencia de varias religiones entre sí y entre ellas y el gobierno.

Por supuesto, esa coexistencia no está exenta de dificultades y problemas. Los gobiernos pueden tomar medidas opuestas a las creencias de una o más de esas religiones. Los ministros de ellas pueden criticar acciones de gobierno. Nada que no puedan hacer también los demás.

Pero en el caso de las religiones, ellas suelen tener un peso sustancial y no se quedarán calladas, como por ejemplo en el caso de la legalización de abortos.

Para los gobiernos, las religiones pueden ser obstáculos. Para un progresista en el gobierno, por ejemplo, es muy molesto tener que enfrentar la oposición católica a algunas de sus propuestas.

Estos son quienes toman esa posición de un estado promotor de una religión, o mejor dicho, de una no-religión. Sin el contrapeso de las religiones, los gobiernos se quitarán de encima un obstáculo serio a algunas de sus propuestas.

Y esto es lo que es realmente vistoso, por la paradoja que presenta: la libertad religiosa y las libertades de las religiones para expresarse, son una gran defensa de la libertad en contra de abusos de autoridad.

Todo defensor de la libertad, incluyendo a los ateos, verán sus libertades mejor protegidas con la libertad religiosa que sin ella.

Lo que dijo esa persona, eso de un mundo mejor en caso de que no existieran las religiones, es una afirmación equivocada. En realidad es lo contrario, exactamente lo contrario. Cuando una de las libertades es anulada, el resto de ellas se ponen en riesgo.

Por consiguiente, el laicismo integral es una amenaza en contra de la libertad. Un ejemplo, la educación pública en México, la que anula la libertad religiosa de los padres.

Post Scriptum

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