Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Las Cadenas de Marx
Leonardo Girondella Mora
2 octubre 2014
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Quiero dedicar un breve examen a una de las frases más populares de Carlos Marx separador.001(1818-1883), la que con la revolución comunista,

“Los proletarios, con ella, no tienen nada que perder, como no sea sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo entero que ganar”.

La noción de perder las cadenas es claramente libertaria —una de las muchas metáforas que pueden emplearse para exaltar el ansia de libertad de los humanos. Es una idea positiva, así colocada en abstracto.

Claro que ahora el punto es si las ideas de Marx llevadas a la práctica produjeron esa pérdida de cadenas en los trabajadores —lo que no hay duda, tiene una respuesta desconsoladora. No las perdieron, sino que se les impusieron otras aún más pesadas.

Bajo el esquema teórico de Marx resulta limitativa la expresión de perder cadenas —si la promesa es que las pierdan los trabajadores, resulta una mejor idea más ambiciosa, que todos las perdieran sean o no proletarios.

Una sociedad de solo seres libres es mejor que una en la que unos son libres y otros no.

Luego hay algo extraño, incluso paradójico. Es obvio que Marx valora eso de perder las cadenas, es decir, la libertad y, sin embargo, al mismo tiempo hay un problema —el de cómo tratar a la persona que no está de acuerdo con Marx, por ejemplo, un trabajador que no comulga con sus ideas.

¿Qué hacer con ese trabajador? La respuesta de Marx, no hay duda, es la que que a esa persona se le pondrán otras cadenas, las que le obligarán a seguir el camino del ideal marxista. Esto debió desesperar a Marx, al ver que los trabajadores no mostraban interés en su revolución.

Parte de los problemas con esa metáfora de las cadenas es el esquema inflexible y simple.

Creo que cito a Marx con exactitud: “Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de lucha de clases” —proletarios y burgueses, capitalistas y obreros.

La clasificación en dos categorías únicas tiene sus problemas prácticos —como el de qué categoría de las dos asignar a profesionistas independientes o contratados, ejecutivos bajos, medios y altos, inventores, diseñadores, cajeros de banco, técnicos en información, profesores… la cosa se complica hasta el punto en el que es mejor abandonar esas dos categorías fijas.

Es en breve otro caso de una frase memorable, con una metáfora atractiva, pero con un significado vacío —y que explota para su provecho las ansias de libertad humana.

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Si se especulara un poco, quizá podría haberse escrito una frase similar y que hubiera sido profética.

Marx escribió que “Los proletarios, con [la revolución comunista], no tienen nada que perder, como no sea sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo entero que ganar”.

Podría haberse escrito que con la revolución industrial los proletarios tienen todo que ganar volviéndose burgueses —que fue lo que sucedió.

No está de más recordar que el comunismo se implantó por la fuerza en el sitio menos esperado por la teoría marxista, una sociedad no industrial.

La revolución industrial, me parece razonable decirlo, hizo más por todos en una sociedad que las ideas marxistas —donde ellas se implantaron, en realidad, se vive mal y miserablemente.

Pero donde de implantaron las libertades políticas y económicas, se han logrado estándares muy altos de vida.

Fue allí que se rompieron otras cadenas peores, las cadenas de la pobreza y el estancamiento.

Nota del Editor

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