Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Legisladores Analfabetas
Eduardo García Gaspar
14 julio 2014
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Es una buena muestra de nuestros días. androjo

Del tipo de temas que se tratan en política.

Un ejemplo de una mentalidad al menos curiosa.

Es un caso que hace poco hubiera causado risa. Ahora, en cambio, es tomado en serio, muy en serio.

Se reporta el debate en la Suprema Corte de Justicia en México. El tema: puede o no puede ser elegida una persona analfabeta a puestos de elección popular.

Uno de los ministros, Arturo Zaldívar, declaró algo fascinante, sobre leyes que piden que los legisladores sepan leer y escribir:

Aquí se está discriminando a un grupo de personas, de mexicanos, porque no saben leer ni escribir, y se parte del prejuicio de que para ser representante popular, el tener cierta instrucción o educación le da a las personas mayor inteligencia o sabiduría, y la experiencia demuestra que esto no siempre es así.

Bien, eso sucede en México, a principios del siglo 21. Vayamos ahora a Atenas, al siglo 4 aC.

Hace unos 25 siglos la idea era la opuesta: si alguien debía gobernar, deberían ser los mejores, los más preparados. En otras palabras, los filósofos, lo que colocaba a Platón como un candidato automático.

Hay algo atractivo en esa idea. Los gobiernos tienen un enorme poder sobre las personas y debe existir una relación directa entre la calidad de un gobierno y la calidad de vida de las personas en la sociedad que gobierna. Tiene sentido.

Sí, tiene sentido, pero la idea es incompleta e incluso peligrosa. No especifica la definición de “calidad” del gobernante.

Para Platón, el mejor candidato es un filósofo. Pero eso puede ser diferente para otros. Quizá alguien piense que el mejor gobierno es uno teocrático, como en Irán.

Sea la que sea la respuesta que se dé a cual es el mejor gobernante que forme el mejor gobierno posible, hay aquí una idea que busca ideales, que tiene ambiciones. Hay preocupación por buscar lo mejor, aunque sea una aberración.

En nuestros días, creo, esa mentalidad ha cambiado.

Ha ido al lado opuesto. Pensar en la posibilidad de elegir como legislador a una persona que no sabe leer ni escribir, habría causado risa. Habría sido un mal chiste.

¿Escribir leyes alguien que no sabe escribir? Quizá una historia para F. Kafka. ¿Estudiar reportes económicos alguien que no sabe leer?

Puede ser que en nuestros tiempos de demasiada televisión y poco seso se haya perdido el sentido del absurdo y del extravío. En todo proceso de elección hay, por principio, un elemento de discriminación: seleccionar a los mejores. ¿Pueden caer en esa categoría los analfabetas?

¿Como serían las discusiones legislativas entre analfabetas? Tenemos una muestra de eso en otra noticia reportada el mismo día:

Un turba enardecida de alrededor de 100 perredistas están destrozando el Congreso del estado [Nuevo León] en protesta por la aprobación de la reforma político-electoral.

Quizá sea que ya tenemos analfabetas en el poder y su reconocimiento sea solo una legalización de la realidad.

Mi punto ha sido contrastar ese cambio de mentalidad que antes buscaba calidad en el gobernante y que ahora no tiene esa preocupación de calidad o excelencia. El criterio actual parece ser otro, esa obsesión con la inclusión sin importar nada más.

Es eso de considerar discriminación el pensar en que sería conveniente que un legislador pueda leer y escribir; que sería bueno que tuviera un cierto nivel educativo si es que quiere tener la responsabilidad de escribir leyes.

Este es un elemento de la mentalidad progresista de nuestros días: considerar cualquier acto de selección una acción discriminatoria.

Califique usted a alumnos y alguien reclamará discriminación contra los que recibieron notas bajas. Considere necesario que un legislador tenga una instrucción mínima, y la Suprema Corte estudiará si eso discrimina a los analfabetas.

¿Qué tipo de leyes puede escribir un tipo que no puede leerlas? Yo no sé usted, pero eso pone los pelos de punta.

Post Scriptum

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El asunto se resolvió ya. La corte decidió (5-4) que los legisladores sí debían poder leer y escribir.

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