Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Leyes: Justicia y Fuerza
Eduardo García Gaspar
23 mayo 2014
Sección: LEYES, Sección: Una Segunda Opinión
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Las dos ideas van juntas. Ley y justicia son inseparables. androjo

La mente las asocia indisolublemente.

La ley debe ser justa y si no lo es, entonces tampoco es realmente ley.

Es natural esto, pero hay algo que falta.

Otro elemento muy unido a la ley.

La ley está unida a la noción del uso de la fuerza para hacerla cumplir y para castigar a quien la viole. Esto permite una visión mejor de la ley, algo como justicia por la fuerza. Suena un tanto extremo, pero es real.

Un gobierno aplica la ley, esa ley tiene que ser justa, y la aplica usando la fuerza. No hay otra posibilidad.

Los ciudadanos pueden cumplir con la ley por convencimiento propio y la gran mayoría lo hacen, pero en caso de que alguien no lo hiciera, entonces se recurre a la fuerza gubernamental.

La ley, en otras palabras, de nada serviría si careciera de esa fuerza que la acompaña. La ley no puede dejarse libre de ser o no cumplida. Entonces tenemos a la ley íntimamente ligada a justicia, pero también a fuerza.

F. Bastiat (1801-1850) lo expresa así: “La ley es justicia organizada”. Hasta aquí, la cuestión está francamente aburrida. Todo es obvio.

Pero sucede con frecuencia que en lo obvio se esconden muchas cosas que no lo son. Esto es fascinante.

El mismo Bastiat, al que cuando escribió esto le quedaba un año de vida, escribió la pregunta que urge:

“¿Puede la ley —la que necesariamente requiere el uso de la fuerza— ser usada racionalmente para otra cosa que no sea la protección de los derechos de todos? Desafío al que sea a llevarlo más allá de este propósitos sin pervertirlo, volviendo a la fuerza contra el derecho.”

La cuestión se puso ahora sí interesante. Es el tema del uso de la fuerza y hasta dónde debe llegar. La respuesta es la lógica: nunca más allá de la protección de las personas, de todas ellas. No suena mal, nada mal.

Será difícil encontrar a quien se atreva a proponer el uso de la fuerza gubernamental fuera de sus límites naturales de defensa de la persona. Si esto es cierto, entonces, las cosas se ponen aún más interesantes por otra razón.

De nuevo, Bastiat trata esto:

“Cuando la justicia se organiza por la ley —es decir, por la fuerza— esto excluye la idea de usar a la ley (la fuerza) para organizar cualquier actividad humana, sea el trabajo, la caridad, agricultura, comercio, industria, educación, arte, o religión. La organización por ley de cualquiera de éstas destruiría inevitablemente la organización esencial —justicia”.

Tiene fuerza esta forma de pensar. ¿Existe una justificación del uso de la fuerza para regir el comercio, a la producción, al arte, o a la educación?

Solamente cuando dentro de esas actividades se dañe a la persona y sus intereses y nada más que eso.

En otras palabras, es indebido que se use la fuerza para imponer una cierta forma de realizar actividades económicas, educativas, religiosas.

La posibilidad se aprecia muy claramente en el caso de la religión: sería absurdo justificar el uso de la fuerza para organizar así las creencias y ceremonias religiosas (a menos que ellas violaran los derechos de los demás).

O en asuntos económicos, el monopolio petrolero estatal en México usa la fuerza para apropiarse un recurso. ¿Hay justificación razonable?

Realmente no y viola el derecho de todos los demás para administrar y usar gasolina, por ejemplo, comprándola a un monopolio creado con la fuerza del gobierno.

La idea de Bastiat es razonable: resulta indebido usar a la ley y, por tanto a la fuerza, para nada más que la protección de la persona y sus libertades. Por ejemplo, los planes de estudios obligatorios en escuelas públicas son un uso indebido de la fuerza (que destruye libertades).

Al final de cuentas, en el saldo último, esto es un asunto de un buen entendimiento de la naturaleza de las leyes. Claramente ellas son expresiones de justicia y ésta se encuentra tan íntimamente ligada a la ley, las que deben ser casi indistinguibles.

Lo anterior tiene toda la lógica del mundo y es una buena forma de entrar en otro tema, el de las leyes injustas (al que no me adentro pero puede verse una idea de esto en Leyes Justas e Injustas).

Sin embargo, sabiendo que la ley está también íntimamente asociada a la fuerza del gobierno, las cosas de ven de una manera nueva. ¿Es conveniente usar a la ley y, por eso, a la fuerza, para nada más que proteger a las personas y sus libertades?

No lo creo y si acaso se intentara, entonces la ley se volvería contra sí misma, atacando a las libertades que debería defender.

Post Scriptum

Las citas de están en Bastiat, F. (1987). The Law. The Foundation for Economic Education Irving-on-Hudson, New York.

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