Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Lo Que Dijo Kennedy
Eduardo García Gaspar
12 noviembre 2014
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Quizá sea una obsesión por la repetición. androjo

Una fijación en apariencias agradables. Pero también un olvido de significados.

Un caso es famoso y volvió a repetirse hace poco.

Una persona citó una frase. La citó como si estuviera diciendo algo innegable.

Era esa frase de J. F. Kennedy. La de “No preguntes qué es lo que tu país puede hacer por ti, sino lo que tú puedes hacer por tu país”.

Otra ocasión irresistible de ver más a fondo. Veámosla parte por parte.

“No preguntes qué es lo que tu país puede hacer por ti”. Claramente se muestra una situación en la que la persona suplica o reclama que hagan algo por ella. Es la posición del que pide a otro. Ese otro, está implícito, es el gobierno, el estado.

Es decir, esta porción de la frase contiene dos personajes, el ciudadano que pide y el gobierno que da. Resume muy bien la mentalidad del estado benefactor, el de un gobierno distribuidor de favores.

Vayamos a la otra parte, la que dice: “… sino lo que tú puedes hacer por tu país”. Aquí, los papeles se revierten. Es el ciudadano el que da y el gobierno es el que recibe. Es una situación aún peor que la anterior. Coloca al estado como alguien que merece el sacrificio del ciudadano.

Las dos partes de la frase, en su conjunto, describen una mentalidad que gira alrededor del gobierno, en una relación en la que puede ser el dador o el recibidor.

Es fascinante que así describa la existencia de dos tipos de ciudadanos.

Unos de ellos son los que piden al gobierno y otros de ellos, los que dan. El ciclo está completo así, pues para poder dar a unos, el gobierno tiene que quitar a otros.

Pero lo más interesante de todo es que se repita con admiración la frase de Kennedy, como volvió a hacerlo esa persona.

Puede haberlo hecho sin meditar el significado de tal frase, una en la que la vida del ciudadano es incomprensible sin el estado. Una mentalidad así es muy propia de nuestros tiempos de demasiada televisión y poco seso. Tiempos en los que parece estar prohibido pensar.

Es una idea, como me dijo un amigo, muy hegeliana, en la que el estado es la entidad sujeta a adoración. “El Estado es la Idea Divina como existe en la tierra”, o algo así escribió Hegel.

Y resulta interesante que, con otras palabras, sea expresado en una frase cuyo único mérito parece ser la retórica.

Demos otro paso y veamos qué es lo que se diría como una frase mejor que sustituyera a la de Kennedy. Seguramente una persona libre y responsable se preguntaría qué puede hacer por ella y por otros, sin necesidad de hacer referencia a gobierno alguno.

Los gobiernos serían meras condiciones necesarias implícitas, como defensores de la libertad que permitiera a las personas realizar sus iniciativas.

La diferencia es notable. En la frase de Kennedy las personas no son comprensibles sino mediante el gobierno. Lo que debería ser es lo contrario, que los gobiernos fueran incomprensibles sino mediante las personas.

Es decir, la persona es el centro de la sociedad y la autoridad política está a su servicio.

No sé si la persona que citó con tanta admiración a Kennedy entendía en realidad lo que estaba diciendo. Igual que hace tiempo varios alumnos ignoraban el significado de la imagen del Che Guevara que llevaban en una camiseta.

Lo que bien creo que vale una segunda opinión es un rasgo de una mentalidad de nuestros días: algo que podría llamarse estatocentrismo, o quizá estatolatría. Es la imposibilidad de entender la vida personal sin que ella gire alrededor del gobierno.

Es exactamente lo contrario de lo que debería ser. Milton Friedman (1912-2006) lo ha expresado bien:

“El gobierno es necesario para preservar nuestra libertad, es un instrumento a través del que podemos ejercitar nuestra libertad; sin embargo, al concentrar poder en manos políticas, es también una amenaza a la libertad”.

Lo que sucede es que frases como ésa, yerran terriblemente al llevarnos sin mucha conciencia, por el camino de la pérdida de libertades en medio de aplausos a ideas expresadas sin cuidado ni prudencia. La situación en la que los clisés dominan a la razón.

En resumen, estamos frente a un caso muy representativo de la mentalidad estatocentrista, que no concibe la vida sin que ella gire alrededor del gobierno, en la que la persona pasa a segundo término y se crea la posibilidad de que el individuo sea sacrificado en beneficio colectivo.

En todo esto, lo que realmente preocupa es que personas que de otra manera son razonables e inteligentes, cuando llegan a los terrenos políticos se convierten en partidarias involuntarias de sistemas que hacen perder la libertad humana.

Post Scriptum

En Once Hijos, un breve relato de F. Kafka, el padre describe a uno de ellos con palabras que se asocian son personas que repiten frases célebres, como ésa:

“… gusta de hablar y habla bastante bien; concisamente y con perspicacia; pero solo dentro de estrechos límites; si se sale de ellos, lo que es inevitable ya que son tan estrechos, su conversación se vuelve vacua”.

La cita fue tomada de la obra de Friedman, M., & Friedman, R. D. (2002). Capitalism and freedom. Chicago: University of Chicago Press, de la que tomé ideas.

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