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Los tres pilares esenciales de toda sociedad sana. Los cimientos de una buena sociedad comienzan con el respeto a toda persona humana, no importa quién. Siguen con la familia y, también, con la justicia en ella.

La idea de una sociedad sana es atrayente a todos, pero hay un problema. No existe una idea clara sobre lo que significa salud, esa idea expuesta por G. K. Chesterton.

Sabemos lo que está mal, pero no sabemos lo que está bien. Reconocemos a una sociedad enferma, pero no sabemos lo que constituye a una sociedad sana.

Hay respuesta de Robert P. George, una definición clara razonable, esquemática, de una sociedad sana. Las condiciones centrales de la salud social. Los pilares esenciales y centrales de toda sociedad saludable.

El libro usado es el de George, R. P. (2013), Conscience and Its Enemies: Confronting the Dogmas of Liberal Secularism, American Ideals & Institutions, Intercollegiate Studies Institute, pp. 4 y ss.

Punto de partida

Desde el inicio de su libro, George apunta que una sociedad saludable, decente y sana, se soporta a sí misma en tres columnas.

Pilares, les llama él, sin los que esa sociedad deja de estar sana. Son el respeto a la persona humana, la familia como institución y un sistema legal y gubernamental justo y efectivo.

El autor sigue un esquema claro, dando primero la explicación del significado de cada uno de esos tres pilares esenciales de toda sociedad y, a continuación, su opuesto.

Describe así a la sociedad saludable y por consecuencia a la sociedad que no lo es.

1. El respeto a la persona humana

El primer pilar es el respeto a la persona humana, a su dignidad y valor.

Cuando existe en la sociedad esta consideración en todas las instituciones y las personas, todos allí serán tratados con consideración, sin importar raza, edad, condición, estado de desarrollo, salud.

Donde no exista el respecto a las personas, ellas tarde o temprano serán tratadas como engranajes dentro del mecanismo social, que pueden ser sacrificadas en aras del todo. Como piezas desechables sin valor propio. Como cargas injustificadas, como inútiles, como indignos de vivir.

Este respeto inicia desde el bebé dentro del vientre, e incluye al resto, incluso a los muy viejos, a los que están enfermos o tienen desventajas mentales y físicas. A todos.

Puede ser el efecto de una ética utilitaria o de una ética egoísta, lo que rebaja al ser humano transformándolo en un medio posible de usar para cualquier fin. El permiso para abortar es esto mismo, una ética utilitaria que «evapora», dice George, a la idea de derechos naturales como un sinsentido.

Igual, donde el fanatismo religioso impera y la idea de la persona se sacrifica ante ideas teológicas distorsionadas.

En cambio, donde domine el respeto a la persona, y no la ética utilitaria, ni la ética del yo, se tendrán los derechos humanos básicos y las libertades.

Una sociedad en la que florece la vida religiosa permite un cimiento a las ideas de la dignidad humana de todos. Este respeto es lo que lleva al entendimiento de cada persona, sin considerar la fe que profese, y como una criatura hecha a semejanza divina.

La primera condición de una sociedad sana es clara y razonable. Es la estimación del ser humano, con independencia de quién sea esa persona, ni en qué etapa de desarrollo se encuentre.

2. La familia como compromiso

El segundo de los pilares esenciales es la familia, otra condición necesaria e indispensable para una sociedad sana. Es la familia entendida como un compromiso entre un hombre y una mujer.

Esto es lo mejor que puede tenerse para atender el bienestar, la salud, la educación. No hay ninguna otra institución que tenga su capacidad para transmitir a la siguiente generación valores y virtudes que son el sostén del resto de la sociedad.

Si las familias fallan o se desintegran, fracasará la transmisión de virtudes, sin las que no puede existir el primer pilar del respeto a la persona.

No puede sobrevivir ese respeto al ser humano donde no se transmitan a las siguientes generaciones valores de honestidad, auto-control, justicia, preocupación por otros, responsabilidad. Es la familia como un transmisor de virtudes entre generaciones.

Esto va más allá de instituciones sólidas formales, es necesario también un «cultural ethos», escribe George, que logre que las personas estén convencidas de tratarse entre sí con justicia, respeto, civilidad.

De poco servirán las instituciones que se tengan, en donde impere el egoísmo, la deshonestidad, la irresponsabilidad. El desempeño de las instituciones depende de personas que posean un sentido de obligación moral, no el temor a ser castigadas legalmente.

Incluso, el éxito del sistema económico de mercado depende de la existencia de personas honestas, virtuosas, respetuosas de su palabra y de la ley, ya sean trabajadores, gobernantes, banqueros, el que sea.

La segunda condición de una sociedad está fuertemente relacionada con la primera, teniendo a la familia como la institución que mantiene en el tiempo virtudes y valores derivados del respeto a todas las personas.

3. Ley y gobierno justos

El tercer pilar de una sociedad sana es un sistema legal y gubernamental justo y efectivo. Se necesita esto por la imperfección humana, que reconoce que no todos actúan virtuosamente todo el tiempo. Es un mecanismo para frenar conductas negativas por temor al castigo.

Incluso si las personas fuesen virtuosas todos el tiempo, sería necesario un sistema legal que coordinara el alcance de metas comunes, como, por ejemplo, las reglas para conducir en la calle.

El progreso de empresas y de la economía necesita un sistema legal y de instituciones que administre la impartición de justicia sin corrupción, de manera confiable, para garantizar cumplimiento de contratos. Esto mismo es un incentivo para cumplirlos, sin necesidad de acudir a tribunales.

Donde esto no existe, los negocios no florecen y todos padecen las consecuencias.

Esta condición de una sociedad sana actúa como un instrumento necesario, construido sobre los dos pilares anteriores, que coordina a la sociedad y, sobre todo, impone frenos a conductas negativas posibles.

En resumen

La contribución del autor es significativa, al permitir una definición clara y profunda de lo que forma a una sociedad saludable.

Más aún, permite al lector explorar el nivel de salud que tiene la sociedad en la que vive: basta con examinar el nivel de respeto que en ella se da a la persona humana, la estabilidad familiar y la calidad de su gobierno.

¿Qué condiciones forman a una sociedad sana? El autor ha ofrecido una respuesta razonable. Esos tres pilares esenciales de toda sociedad sana y buena.

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[La columna fue revisada en 2020-02]