Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mercado y Ceguera
Eduardo García Gaspar
20 febrero 2014
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


La afirmación es común. Toma diversas formas, variaciones sobre el mismo tema. androjo

Hablo de un tipo de acusación muy común.

Una declaración de culpabilidad previamente dictada.

Y suele tomar una forma común, la acusación de ceguera.

Estuvo bien representada en una conversación reciente. Una persona dijo más o menor lo siguiente: “El capitalismo coloca toda su fe en mecanismos miopes de formación de precios, en procesos ciegos de mercado, como bien lo dice esa frase de la mano invisible”.

Y añadió que,”en lugar de las fuerzas ciegas del mercado, deben introducirse mecanismos de repartición de ingresos y riquezas que remedien la miseria de tantos”.

La acusación bien merece una segunda opinión, en beneficio de encontrar la verdad. Seamos lógicos y empecemos por el principio.

Según eso, en el capitalismo hay ceguera, miopía e invisibilidad; fuerzas ocultas, manos invisibles y cosas por el estilo. Me temo que la acusación es exagerada: no hay tal ceguera, ni tal mano invisible (que es una metáfora tan solo).

El mercado libre es un proceso conducido por personas pensantes, que están lejos de ser ciegas y que no se dejan conducir por fuerzas invisibles. Ellas actúan en el mercado, comprando, vendiendo, produciendo.

El resultado es algo en extremo complejo, que incluso no puede comprenderse del todo y que forma precios reales. Permite usar recursos productivamente.

¿Tener fe en el mercado? Sí, en el sentido de pensar que da resultados mejores que cualquier otro sistema. No es fe ciega, ni dogmática. Tiene sus teorías y sus evidencias. No es invisible, ni hay una mano oculta que guíe a todos.

En realidad, no tiene un mando centralizado, ni un superior que gire instrucciones.

La acusación tiene su lógica: si se presupone que el mercado es ciego, suena atractivo que sea mejor que el mercado sea conducido por alguien con objetivos como los de la distribución de riqueza y la ayuda a los pobres.

Pero ya que el mercado libre no es ciego, sino espontáneo y ordenado, no se sigue que necesite un cuartel general desde el que se manden órdenes para conducirlo de cierta manera.

De hecho, el mercado es tan complejo que resulta imposible reunir todo el conocimiento necesario en un solo lugar para desde allí girar instrucciones.

Entre respetar la espontaneidad de un mercado libre y construir un puesto de mando desde el que se le manden órdenes, la mejor opción es dejarlo libre.

No tanto porque produce buenos resultados, sino porque nadie sabe lo suficiente como para dar instrucciones atinadas que produzcan los resultados buscados sin consecuencias colaterales. No hay manera de conducir correctamente desde fuera al mercado formado por acciones humanas.

El mercado libre, en otras palabras, no es un conjunto de fuerzas ciegas que se mueven si orden ni propósito, causando daño a diestra y siniestra. Al contrario, es el cúmulo de acciones, millones de ellas, realizadas por personas que pueden pensar y persiguen objetivos propios, dentro de las circunstancias que las rodean.

El que sí es ciego es quien, sin saber lo suficiente, sin tener información adecuada, pretende convertirse en guía del mercado para que mediante su acción se hagan cosas como una mejor distribución del ingreso. Algo extraño, porque en un mercado libre no hay una actividad de distribución (todo es intercambio).

¿Quiere usted ayudar a los pobres? Hágalo, pero no cometa el error de poner a un ciego a conducir a los que sí ven. No haga que quien no sabe cómo crear riqueza sea responsable de distribuir lo que no sabe cómo crear. No piense que el mercado es ciego, cuando no lo es.

Piense en otra forma de hacerlo, algo que no implique manipular con buenas intenciones lo que producirá efectos imprevistos. Vea otros horizontes. No se limite a pretender cambiar al sistema económico creyendo que en eso está la solución.

No traslade la caridad, ni la bondad, ni la compasión a quien no sabe lo necesario para manejar un proceso tan complejo con tan solo buenas intenciones. Las buenas intenciones no bastan. Sí, tenemos que ser caritativos, pero eso no lo logra una política económica.

Más aún, es mejor promover la compasión entre las personas que participan en un mercado que pretender que una autoridad central asuma la responsabilidad caritativa sin corromperse ante tal poder.

Insisto, no hay fuerzas ciegas en un mercado libre, lo que en él existe es un conjunto complejo de acciones de personas razonables que evalúan sus alternativas y toman decisiones, a veces erróneas, buscando su bienestar y, no necesariamente, de manera destructiva.

Es cierto que hay pobres, es cierto que hay demasiado materialismo, es cierto que hay fraudes, que falta compasión y caridad. Pero remediar eso por el camino que pone al mando a alguien que quiere ordenar lo que es demasiado complejo y no puede preverse adecuadamente, es una medida imprudente.

El único ciego en esto es ése que pretende mandar con buenas intenciones lo que no sabe cómo funciona.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Mercado Libre. También en ContraPeso.info: Redistribuciones.

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