Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mi Libertad por un Viagra
Eduardo García Gaspar
19 noviembre 2014
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es parte de lo humano. Un elemento que necesitamos, que está en la misma esencia androjo

Es la razón de ser de nuestra capacidad para pensar.

De nada serviría el pensar si no pudiéramos hacer una simple cosa: escoger.

Lo llamamos libertad y tiene sus aplicaciones prácticas.

Considere usted, por ejemplo, sus propios ingresos. Será gran parte de su libertad el usarlos para lo que usted decida. Puede salir y comprar un nuevo modelo de iPad, comprar un libro de Sócrates, ir al supermercado, lo que usted decida.

Vayamos ahora a otra posibilidad, la extrema opuesta, en la que usted no decide lo que hará con sus ingresos. Esas decisiones serán de otros, por ejemplo, del vecino.

Usted le da ese dinero al vecino y él decide qué hacer con ese dinero. Sí, usted recibirá algo, como una camisa hawaiana que al vecino le gustan tanto.

Eso del dinero de usted que el vecino gasta en lo que él decide es una posibilidad real. De hecho, nos sucede a todos.

Es el dinero que pagamos en impuestos sobre ingresos, sobre compras, más impuestos especiales, permisos, licencias, trámites y demás. Una buena parte de lo que ganamos va a parar al gobierno.

Pudiera esto interpretarse con números. Si usted paga 30% de impuestos totales sobre sus ingresos, eso significa que es 30% menos libre de lo que sería reteniendo el total de su ingreso. Los impuestos son, sin remedio, una pérdida de libertad personal.

Visto de otra forma, es posible entender mejor a la pérdida de libertad a nivel nacional considerando la proporción de gasto público con respecto al PIB.

En Francia, por ejemplo, en estos tiempos esa proporción es cercaba al 60%, lo que podría leerse como que los franceses tienen solo 40% de la libertad absoluta que podrían tener.

Sí, esa interpretación tiene problemas, pero es reveladora de un fenómeno real: conforme el gobierno excede sus límites naturales, las personas pierden sus libertades. Los impuestos son una manera de demostrar eso con cifras, igual que la proporción del gasto público contra el PIB.

Veamos ahora algo que bien merece una segunda opinión, la de la eficiencia en el gasto de ese ingreso personal de usted. La pregunta es sencilla.

¿Quién usa mejor ese dinero de usted, el gobierno o usted mismo? La pregunta es una de eficiencia en el uso de recursos escasos.

Para responderla podemos usar el simple sentido común y la respuesta es clara: usted es el que mejor emplea ese dinero suyo. Permítame demostrarlo.

El dinero que usted ha ganado le ha significado esfuerzo y por eso usted le da valor, es decir, lo cuida. Lo emplea lo mejor que puede, procurando que rinda lo más posible según sus propios criterios.

Más aún, usted es el que más conoce sobre sus propias necesidades, sobre lo que quiere en cada momento. Nadie más en el mundo conoce tan bien como usted lo que usted quiere.

Del otro lado, el dinero que llega a manos gubernamentales ha llegado hasta allí, sin que exista mucho esfuerzo por parte del gobernante. Poco trabajo le ha costado el contar con tantos miles de millones para gastar y eso significa que lo va a cuidar con menos esmero que usted.

Más aún, ese dinero en teoría al menos, será usado para beneficio de usted, pero como el gobernante no lo conoce a usted, lo gastará sin saber realmente qué quiere usted. Esto significa desperdicio de recursos. El gobernante gastará ese dinero en lo que él imagina que necesita la gente.

La conclusión es obvia, cuantos menos impuestos se paguen mayor eficiencia habrá en el manejo de esos fondos y eso significará mayor bienestar para todos. Ahora dirá alguien que todo eso está bien, pero que de cualquier manera se necesita pagar impuestos para pagar los gastos de un gobierno.

Es cierto, pero los gastos de un gobierno eficiente y dedicado a las funciones naturales que nadie más puede proveer. Por ejemplo, servicios de policía y tribunales. Un gasto que haga eficientes y confiables a esas funciones será un impuesto justificado. O, también, servicios de vialidad y tránsito, que son del mismo tipo.

Lo que resulta muy cuestionable es el tipo de gasto que no resulta en beneficio de la persona, sino del gobernante, Por ejemplo, más de 1,200 millones en publicidad gubernamental en 2012 dentro de un solo estado en México.

O, por ejemplo, regalar Viagra a adultos mayores. O, también 15 millones en una fiesta promocionada como una invitación personal del gobernador.

Todos esos gastos y sus similares son, al final de cuentas, pérdidas de libertad personal cuando van más allá de lo natural.

Post Scriptum

La publicación de la que se tomó la cifra de Francia es Norquist, G. G. et al (2014). A U-turn on the Road to Serfdom: Prospects for Reducing the Size of the State (Occasional Papers). Institute of Economic Affairs. El pequeño libro puede ser obtenido son costo en el sitio de IEA.

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