Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Moral Social Acumulada
Eduardo García Gaspar
25 noviembre 2014
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El punto es sutil. Pone en tela de juicio al pensamiento actual. androjo

Ese que pone su atención en las consecuencias sociales.

Y sobre eso, exalta principios morales que juzga elevados por sus efectos.

Veamos esto en concreto, con un ejemplo.

Es común resaltar que la buena conducta de las personas tiene buenas consecuencias sociales. Es cierto. Una sociedad en la que domina el principio de respetar la palabra dada, produce un ambiente de confianza general y eso abarata los costos económicos y favorece el desarrollo.

Pero hay un problema, el de solamente ver las consecuencias de ese principio moral de buena conducta. Se dice y argumenta que si no pudiera confiarse en la palabra de las personas, la vida social sería imposible. Hay algo de cierto en eso, pero no es todo.

Pensar solamente en las consecuencias lleva a un problema real que todos enfrentaríamos.

Si en verdad en esa sociedad todos respetan su palabra dada, entonces el que yo sea la excepción y rompa mis promesas, tiene consecuencias mínimas. Podría eso justificar mi rotura de promesa por los beneficios que me daría.

Por el otro lado, si en esa sociedad muy pocos cumplen con su palabra, entonces el que yo falte a ella, tendría un efecto neto adicional mínimo y justificaría también que yo rompa mis promesas cuando ello me beneficie.

Es decir, cuando se ven solamente las consecuencias de los actos buenos y malos de las personas se consideran solamente resultados colectivos generales, en los que la conducta personal de un solo individuo es algo trivial, de poco impacto.

Esto anima a la persona a violar el principio moral exaltado como socialmente positivo.

Creo que el error de poner atención exclusiva en las consecuencias de los actos personales es el de la miopía colectivista, que solo apela a las personas con motivos de doble filo. Por un lado, quiere motivarlas a actuar moralmente persuadiéndolas de que eso es socialmente positivo.

Pero, por el otro, la misma persuasión que usa introduce la posibilidad de que la persona actúe indebidamente. Ella pensará que si todos actúan correctamente, su mala conducta tendrá poco efecto acumulado. Y, pensará también, que si nadie actúa moralmente, el que ella tampoco lo haga tendrá muy escasas consecuencias en el total general.

La conclusión, por tanto, es clara en el sentido de que justificar las buenas conductas y reprobar las malas, usando como argumento el de los efectos sociales acumulados que produce, es erróneo.

Erróneo y muy propio de mucho del razonamiento político actual. La conducta moral es netamente un asunto personal antes que colectivo.

Es frecuente el argumento de que el respeto a los principios morales tiene consecuencias en la prosperidad de la sociedad. Es cierto. Prospera más una sociedad honesta que una corrupta, una trabajadora que una perezosa, una libre que una igualitaria, una justa que una injusta.

Pero todas esas ventajas son consecuencias laterales de lo que realmente importa, la integridad moral de cada persona: el entendimiento convencido de que debe actuarse bien porque ello es un objetivo en sí mismo.

Requiriendo además educación en eso que se llama virtud, la conducta prudente convertida en hábito.

Tome usted un caso muy ilustrativo de estos tiempos, la liberación sexual. La atención exclusiva en sus consecuencias, ha logrado verla como una conducta que quita tensión y frustración y que tiene ya pocos efectos en embarazos y enfermedades sexuales.

La conducta sexual responsable, controlada, prudente, no tiene ya sentido en su valoración colectiva acumulada: los condones previenen enfermedades y embarazos, los anticonceptivos reducen los embarazos y, si acaso, los hay, siempre está el recurso de aborto.

Viendo solo las consecuencias acumuladas, entonces la conducta sexual liberada de responsabilidades, se vuelve permitida e incluso deseable.

Sin embargo, yendo más allá de las consecuencias acumuladas sociales, el centro de atención es la persona misma, su integridad y fuerza moral. Es decir, la conducta virtuosa y prudente independiente de consecuencias acumuladas sociales.

Creo que el punto, aunque sutil, bien vale una segunda opinión.

Valorar el buen comportamiento sobre la base de las consecuencias sociales acumuladas que produce es una vía intelectualmente destructiva. Un error de nuestros tiempos.

Equivale a olvidar la unidad base de toda sociedad, la persona y su familia como vía educativa de generaciones siguientes. Es la solidez de conciencia lo que debe ser el centro moral, desde donde se construye el comportamiento correcto y virtuoso de la integridad personal.

Las consecuencias sociales positivas de esa integridad son un efecto colateral deseable y nada más que eso. Jamás el criterio ético central.

Post Scriptum

La columna ¿Qué es Conscuencialismo? aclara el concepto usado aquí.

Los principios morales, debo aclarar, requieren juicio prudente. No pueden tomarse literalmente. Si alguien está obligado a respetar su palabra sin excepciones, por ejemplo, deberá cumplir con su promesa de matar al vecino por hacer ruido en las noches.

Peor aún, el fijarse en las consecuencias solamente, lleva a errores en la evaluación de las mismas. Por ejemplo, la liberación sexual debería también poner atención en efectos como el aumento de niños nacidos fuera de la familia, la infidelidad matrimonial, de enfermedades transmitidas sexualmente.

El punto de partida para esta columna está en Minogue, K. (2001). The Liberal Mind. Liberty Fund.

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