Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Moral y Tortura
Eduardo García Gaspar
19 mayo 2014
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Tiene importancia. Muestra un choque de visiones. androjo

Un enfrentamiento de formas de pensar.

Esta bien representado en un boletín de prensa del Center For Reproductive Rights, El Centro de Derechos Reproductivos.

Reportó a principios de mayo:

En los últimos dos días, el Comité de la ONU contra la Tortura examinó el registro de la Santa Sede relacionado con la tortura y violaciones a los derechos humanos -desde el abuso sexual clerical a violaciones de los derechos reproductivos de la mujer- ya que la Santa Sede se ha comprometido a garantizar que todas las personas estén libres de tortura, u otros tratos o penas crueles, inhumanos y degradantes, al ratificar la Convención contra la Tortura. de la ONU. (reproductiverights.org, 7 mayo 2014)

El punto se vuelve más claro con las palabras de Nancy Northup, cabeza de ese centro:

“Las decisiones sobre la salud de la mujer deben ser tomadas entre las mujeres y sus doctores. La Santa Sede no debe tener lugar alguno en los servicios médicos que pueden recibir niñas y mujeres, incluyendo servicios médicos reproductivos.

“Forzar a una mujer a continuar un embarazo indeseado hasta su término… es un tratamiento cruel, inhumano y degradante. Eliminar las opciones por las que las mujeres pueden controlar sus vidas y mantener sanas a sus familias, es una violación egregia de sus derechos humanos fundamentales”. (mismo boletín).

Antes de examinar esto, añado otra pieza de información. En Using a ‘Torture’ Claim Against the Catholic Church, (WSJ, 5 Mayo 2014), David B. Rivkin Jr. y Lee A. Casey escribieron:

El Centro de Derechos Reproductivos incluso ha asegurado que estos aspectos claves de la creencia católica son en sí mismos equivalentes a tortura psicológica. ¿Por qué? Porque insidiosamente dan forma a la conducta humana, creando sentimientos de culpa en individuos que buscan acceso a control natal y servicios de aborto, y de forma impropia usan la formidable autoridad espiritual de la Iglesia para influir en numerosos gobiernos para limitar el acceso a servicios de anticoncepción y aborto.

El punto está razonablemente claro. Dice que el Catolicismo tiene creencias que pueden entenderse como violación de derechos humanos y formas de crueldad y degradación. Esas creencias son su oposición al aborto y a la anticoncepción. Son, se dice también, formas de tortura.

El tema bien vale una segunda opinión. Comencemos con la observación de un amigo que dice que “escuchar opiniones tontas, como ésa, debería ser entonces clasificado como una forma de tortura mental, una degradación de la inteligencia”.

Tiene su punto mi amigo, porque eso debilita el significado de la tortura y lo grave que es. Pero, lo más importante, me parece, es mostrar la mentalidad que existe detrás de esa opinión. Ella está formada por una idea central.

Esa idea es una mutación significativa de la noción de derechos.

En su sentido original, natural, los derechos son libertades naturales acompañadas de responsabilidades. Unas sin las otras son impensables. Eso significa que existen reglas de conducta, normas morales que guían a las decisiones libres.

Una de ellas, muy simple, es “controla tus instintos”. Es lo que aconseja, por ejemplo, tener relaciones sexuales dentro del matrimonio y aceptar la consecuencia de los hijos.

En el sentido actual, los derechos son libertades sin la responsabilidad que debía acompañarlas.

Y aquí viene lo fascinante: se piensa que si se recuerda que las libertades tienen responsabilidades, eso debe constituir una forma de tormento mental. Si se recuerdan normas, como el respeto a la vida, eso es una manera de torturar a la persona.

En este caso, creer y difundir la idea de que matar a un bebé en el vientre materno es indebido, resulta ser un trato humano degradante, cruel e inhumano. Tanto que debe considerarse una violación de la Convención de la Tortura de la ONU.

Me imagino que el asesinato del bebé no cuente frente a la noción de tener libertades sin responsabilidades, un simple efecto colateral de la libertad de diversión sexual sin límites. Es esta una manifestación muy visible de la mentalidad progresista de nuestros días.

Pide ella que se tengan derechos, cuantos más, mejor. Todos ellos sin necesidad de responsabilidades asociadas para el individuo.

Esas responsabilidades son trasladadas al gobierno, por ejemplo, como agencia concesionaria de abortos o proveedora de anticonceptivos u otorgadora de pensiones.

En la sociedad así organizada no hay lugar para nadie que tenga la idea de hablar de responsabilidades, de normas de conducta, de moral. Ni el Vaticano ni nadie más de ese tipo cabe allí. Hablar de responsabilidad y de moral es en verdad un tormento para esa mentalidad.

Nada tan odioso para la mentalidad progresista como el sentido de culpa, de error en la conducta, de arrepentimiento. No es un problema menor, ya que una sociedad así se vuelve frágil y quebradiza, débil y temerosa.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras