Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mutación Legal
Eduardo García Gaspar
19 marzo 2014
Sección: LEYES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El cambio es notable. Una transformación llamativa, profunda. androjo

La conversión del estado en algo distinto.

La expectativa original de un gobierno es establecer y hacer respetar el orden por medio de la ley.

No más allá de eso.

El propósito de la ley es ése, tener orden por medio del respeto a las libertades. De tal manera que, como lo escribió F. Bastiat (1801-1850) en La Ley, “al fracasar no pensáramos en culpar al estado, sino a nosotros mismos”.

Bien vale esto una segunda opinión, con otra cita del mismo autor:

La ley ha sido usada para destruir su propio objetivo: ha sido aplicada a la aniquilación de la justicia que ella suponía mantener; a la limitación y destrucción de derechos que su real propósito debía respetar.

Bastiat insiste en su punto a renglón seguido:

La ley ha colocado a la fuerza colectiva a disposición de los faltos de escrúpulos que desean, sin peligro, explotar a la persona, la libertad y la propiedad de otros.

En otras palabras, la ley ha sido pervertida. Es parte importante de la transformación del gobierno, que lo ha llevado de su sentido original a ser ahora un violador consistente de libertades y derechos.

Bastiat explica la perversión de la ley. Dice que hay dos causas. La “estúpida codicia” y la “falsa filantropía”. La explicación, dada en el siglo 19, se mantiene vigente. Los gobiernos han sufrido una mutación radical.

De ellos se esperaba, con toda lógica, establecer un orden estable y razonable, sustentado en eso que se llama el imperio de la ley. Un estado de derecho que diera confianza al ciudadano. Confianza en un autoridad que respetara sus libertades, sus derechos, sus propiedades.

No más. El gobierno ha sido convertido en otra cosa. Aquí es donde aplican esas dos explicaciones de Bastiat, la “estúpida codicia” y la “falsa filantropía”. Veámosla una a una.

La “estúpida codicia”. Es el gobernante convertido en un acumulador de riqueza que toma del resto, pues no la puede él crear. Confisca, expropia, expolia, para tener más y más, sin límite. Los gastos públicos son ejemplos de esto. Y eso sin contar corrupción.

Esto es una de las formas en las que puede verse el fenómeno de la ambición de poder, que es ilimitada y en los gobiernos contiene una oportunidad única. El poder como droga adictiva, afrodisíaca.

La “falsa filantropía”. Es el gobierno transformado en agencia caritativa, el responsable de ayudas, donativos, asistencia, soporte de cuanta causa resulte gustar. Ya no es el responsable del orden, sino el encargado de la felicidad del ciudadano.

Esto es consecuencia de lo anterior. Con más poder, el gobernante comienza a pensar que tiene la representación popular. Es el deber que siente para ser no el ejecutor del orden, sino el ministro de la felicidad ciudadana.

El problema es obvio. Esa transformación de los gobiernos no lleva a nada que no sea pobreza general y estancamiento humano.

No puede crearse bienestar retirando recursos crecientes de los bolsillos de los particulares. No puede desarrollarse la persona retirando su sentido de responsabilidad sobre su propio destino.

Los recursos que acabarán y las personas no podrán valerse por sí mismas. Las crisis serán inevitables y dañarán a muchos, especialmente a esos a quienes se deseaba proteger.

Este es el fondo de las crisis económicas: gobiernos excedidos que gastaron de más y una población inconsciente que reclama mantener su dependencia estatal.

No es un panorama agradable el que ofrece la transformación gubernamental. Su corrección, por supuesto, está en el regreso a la misión original del gobierno: proveer el orden necesario que en el ciudadano inspira la confianza como para esforzarse y valerse por sí mismo.

Cito de nuevo a Bastiat:

Y si todos disfrutan de del uso irrestricto de sus facultades y de la libre disposición de los frutos de su trabajo, el progreso social sería incesante, ininterrumpido, infalible.

La mutación gubernamental es, lamentablemente, el camino exacto opuesto al que debería seguirse si es que se desea el bienestar general. Curiosa situación la que vivimos, en la que creyendo caminar hacia lo mejor, nos dirigimos al despeñadero.

La ley, entonces, lejos de ser usada para expropiar debería volver a su sentido original, el de proteger los frutos del trabajo personal, es decir, castigar el robo que ella ahora mismo autoriza.

Post Scriptum

La mutación estatal y legal a la que me refiero, puede verse cada día en cada gobierno, cuano expande su gasto, cuando expande sus funciones; cuando las libertades se contraen y se castiga la iniciativa.

El fenómeno tiene una visión dramática en las manifestaciones de jóvenes en muchas partes y que protestan no por la falta de libertad, sino por el más mínimo freno a la expansión gubernamental. Es una imagen triste.

Las citas son de Bastiat, F. (1987). The Law. The Foundation for Economic Education Irving-on-Hudson, New York.

Ayer traté otro caso similar, en Mutación Democrática. Las dos columnas refuerzan la idea de un ambiente en el que las ideas de democracia y ley han sido transformadas en herramientas para la expansión del poder gubernamental, cuando en su sentido original fueron herramientas para acotarlo. Esta transformación ha sido creada y fomentada por los progresistas y socialistas.

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