El nacionalismo, sus consecuencias y efectos. El impacto personal y mental del sentimiento de pertenencia a una colectividad llamada nación.

Introducción

Es una observación muy poco meditada la de que el lugar de nacimiento es un accidente —una situación jamás decidida por la persona. Nacer en Edimburgo o en Buenos Aires es algo que no fue decidido por la persona.

Resulta, por eso mismo, algo extraño que un accidente sea llevado a extremos pasionales en expresiones patrióticas demasiado exaltadas.

Si pudiera hacerse el experimento, podría verse cómo la misma persona en caso de haber nacido en Cleveland habría aplaudido a su selección de futbol en un juego contra México; pero habiendo nacido en México, ella aplaude a su selección.

El mismo caso resulta en otros «accidentes» no decididos por la persona, como el haber nacido en Calcuta o en La Paz, haber nacido hombre o mujer, haber nacido de una raza o de otra —situaciones fortuitas que por alguna razón la persona convierte en rasgos definitorios personales de inmenso valor. Las consecuencias del nacionalismo.

Una forma de pertenencia

La explicación aparente más razonable es la búsqueda de dimensiones de pertenencia personal, entre las que el nacionalismo juega un papel destacado y relevante —inclusive llevado hasta las más graves decisiones políticas.

En las negociaciones posteriores a la I Guerra Mundial, el nacionalismo jugó una parte vital influyendo acuerdos que definían como dignos de auto determinación a las nacionalidades culturales y merecedoras de separación entre ellas (en buena parte, por rivalidades mutuas).

En estos tiempos, las situaciones se repiten con algunos casos muy sonados: catalanes, escoceses, vascos y otros más —los que se justifican a sí mismos bajo el principio de nacionalidad, como criterio único, merecen autonomía política.

La petición de autonomía por motivos nacionalistas contiene elementos razonables como los de la identificación personal que son creados por idioma, historia, costumbres, religión, creencias, costumbres comunes —los que facilitan el gobierno.

Pero no son lo único a considerar, especialmente en tiempos más actuales, de grandes emigraciones y globalización generalizada —tendencias opuestas al aislacionismo inmerso dentro del nacionalismo como criterio único y que reclamaría un estado estacionario en el que los cambios serían vistos como amenaza nacional.

Extremismo potencial

El nacionalismo, además, llevado a sus extremos tienen consecuencias que llevan a situaciones propicias a la violencia, sean en un estadio de futbol o al empleo de ejércitos —porque es parte del nacionalismo la sospecha del extraño, el recelo del que es distinto y por definición una amenaza latente.

Más aún, el nacionalismo es elemento que viaja asociado a gobiernos populistas que explotan sentimientos de odio al extraño —al que suelen convertir en chivo expiatorio de los males propios, con los conquistadores españoles como un ejemplo clásico en América Latina y no distinto al odio a los judíos en otras partes.

Tratar este tema tiene sentido en estos tiempos por una razón que no recibe gran atención: la realidad de actos terroristas que tienen una raíz nacionalista extrema —en los que la cultura/religión/nacionalidad decretan la extinción de otros como deber moral.

Una situación extrema pero real y en buena parte causada por pasiones culturales llevadas al clímax natural que producen, el odio al diferente.

Soberanía

Si se acepta que la nacionalidad justifica soberanía política, eso es aceptar también que la soberanía radica en las personas que forman la nacionalidad en cuestión —en cada una de ellas hay esa soberanía. Es decir, la soberanía al final es personal e individual, no colectiva.

Un ser en el que radica la autonomía y la soberanía es, por definición, libre por sí mismo —y esa libertad no conduce necesariamente a un gobierno nacionalista, sino a un gobierno de ciudadanos libres.

Problemas del nacionalismo

El nacionalismo es un marco mental con consecuencias que toman a la nación como la unidad política por excelencia, a la que usa como punto de partida para la organización política —con los siguientes elementos centrales.

• Toda la humanidad es posible de organizar en grandes grupos coherentes de acuerdo con la nación a la que pertenecen —lo que presupone que todo ser humano sin excepción pertenece claramente a una nación.

• El nacionalismo es una idea originaria del siglo 19 y desde entonces tiene una carga política sustancial como principio rector de organización política —con la idea de que cada nación es merecedora de autonomía propia.

• El centro de la idea nacional es la posibilidad de agrupar personas de acuerdo con comunes denominadores de tipo cultural: lenguaje, idioma, historia, costumbres, religión, etnicidad y similares, las que en conjunto forman una nacionalidad propia y clara.

• Como consecuencia general, el nacionalismo concibe a un país soberano como coincidente con la nación: un gran grupo de personas con rasgos culturales homogéneos —una noción muy ligada a la de autodeterminación nacional.

• En su connotación individual, el nacionalismo es el sentido de pertenencia a una cierta nación —rasgo que se toma como un elemento clave de la identidad personal.

Simplicidad irreal

Siendo una idea popular, es tomada con frecuencia con demasiado simplismo —lo que ignora consecuencias problemáticas del nacionalismo que deben mencionarse:

• La definición de nación no es tan clara como suele interpretarse —la identidad cultural homogénea es difícil de precisar dadas las innegables mezclas poblacionales.

Los hijos de un inglés y una venezolana, nacidos en Argentina, por ejemplo, no tienen una identidad nacional clara. Los japoneses emigrados a Sudamérica, ¿Qué son ellos y sus hijos y nietos?

• La idea de un país y una nación no coinciden necesariamente —pues dentro de un país pueden existir diversas naciones y mezclas de ellas. Si cada nación pide autonomía, los países podrían fragmentarse sin límite, con posibilidades de conflictos internos.

• La división política nacionalista acarrea ideas potencialmente violentas, como racismo en contra del extranjero. Los gobiernos pueden capitalizar extremos nacionalistas que lleven a regímenes totalitarios y agresivos.

• Existen países en los que las mezclas nacionales son notables, poblados por medio de emigrantes de distintos orígenes y que han formado una población diversa que desafía la idea de nación.

Nacionalismo, su idea y consecuencias

Comencemos con la definición de nacionalismo. Algo que sea comprensible. Es un sentimiento de identificación y pertenencia. Algo que facilita a la persona decir «soy…» y el espacio en blanco se llena con un término que hace referencia a una nación.

Pertenencia a un grupo o comunidad que tiene rasgos en común. Una mezcla especial de idioma, historia, cultura, costumbres, religión, raza, lenguaje y otros elementos.

Esa mezcla supuestamente única e identificable recibe un nombre, el del país: Francia, México, Israel, Argentina y todo el resto.

El sentido de pertenencia e identificación es un elemento continuamente presente en la vida del país. Desde su gobierno, hasta fiestas nacionales, estudio de la historia, medios masivos y mucho más.

País y nación

Aquí se mezclan dos elementos parecidos, pero no necesariamente iguales, el de país y el de nación. A un país se le entiende como esa unidad que está dentro de un territorio definidos por fronteras y límites geográficos.

Una nación puede coincidir con esas fronteras, pero no necesariamente al ser un sentimiento de identificación y pertenencia personal. La comunidad mexicana en los EEUU, en buena parte, puede no sentirse estadounidense, sino mexicana compartiendo esos elementos nacionalistas mencionados antes y no los del país en el que se vive.

Su origen quizá se tenga en otro sentimiento, el de pertenencia a una comunidad inmediata menor y más pequeña, la del pueblo o comarca de la que poco o nada se emigraba.

Identificada con un nombre y un gobernante, la persona podía verse como parte de ella y, muchas veces, lo obvio, el sentir cierta animosidad ante el desconocido de otra parte.

Fue hacia el siglo 18 cuando la idea de nación empezó a surgir con la fusión de territorios bajo la autoridad única de un monarca. No es que se perdiera totalmente en sentido de pertenencia a una región limitada y pequeña, sino que se adquirió el sentido más amplio de pertenencia a la nación como unidad mayor.

Es así que ahora, en estos tiempos, el nacionalismo es un elemento importante de identificación personal y de unión entre personas que tienen en común elementos como idioma, historia, celebraciones, religión y demás.

Lo anterior invita a indagar sobre el nacionalismo que puede operar en países con poblaciones que vienen de varias nacionalidades por causa de inmigración en números importantes. ¿Hay nacionalismo en esos países? La respuesta es difícil y depende de la asimilación que se tenga.

Si el emigrado conserva su identidad manteniendo su sentido de pertenencia a otra nación y considerando que el sitio en el que vive le es extraño, es país tendrá una identidad nacional dividida. Lo contrario, si el emigrado se asimila y comienza a verse como perteneciente a su nuevo lugar de residencia.

Intensidad nacionalista

Cuando el sentimiento nacionalista de la persona la vuelve imprudente y poco juiciosa, estaremos frente a un caso de patriotismo que grita lo más posible sin saber de qué vocifera (parafraseando a M. Twain).

Es el caso del nacionalismo infantil, como una especie de sarampión sentimental (usando la idea de A. Einstein). Bien definido en la idea de suponer que el propio es el mejor país simplemente porque uno es de allí (la idea de G. B. Shaw).

Hay en este sentimiento de nacionalismo consecuencias de mucha imprudencia y de, lo peor, creación de rivalidades estúpidas.

Este es el elemento siempre presente en el sentimiento nacionalista y que, cuando aflora, resulta en cosas realmente malas. El elemento de nacionalismo que necesita a otros nacionalismos como enemigos y que le sirven de rasgo de identificación, una de sus consecuencias más desafortunadas.

Porque, además, este elemento nacionalista tienen consecuencias al ser una pieza fundamental del gobierno autoritario. Lo usa como cimiento para crear miedos a otros y lealtades hacia él, construyendo enemigos sin fundamento.

«Cuanto más grande es el estado, peor y más cruel es el patriotismo y mayor la suma de sufrimientos en la que su poder se funda», escribió L. Tolstoy.

Parte de ese peligro en tal elemento del nacionalismo, es su naturaleza colectiva. Apela a las masas y ellas son poco pensantes. Tienen conductas emocionales e impulsivas que llevan a grandes males. Recuérdese el comportamiento de los espectadores en estadios de futbol cuando juegan selecciones de países.

Del otro lado totalmente, existe otra actitud, la del que carece del sentimiento nacionalista y se entiende a sí mismo como un ser ajeno a tales tonterías. A veces, esta actitud da la impresión de ser tan extrema como la del nacionalismo imprudente.

En cambio, un sentido de pertenencia nacional, frenado por la razón y la prudencia, parece sano y bueno. Contribuye a entender y tratar a quienes más cerca se tiene sin abstracciones inútiles.

Justificación del nacionalismo

El nacionalismo ha sido definido de muy diversas maneras, casi todas referidas a un sentimiento de pertenencia a un grupo muy grande y que equivale a las personas que viven dentro de un país.

«Sentimiento fervoroso de pertenencia a una nación y de identificación con su realidad y con su historia. Ideología de un pueblo que, afirmando su naturaleza de nación, aspira a constituirse como Estado». dle.rae.es

Es como una superfamilia, o un club gigantesco del que se es socio. El nombre del club está en el pasaporte de la persona, pero sobre todo en su mente y ese «sentimiento fervoroso de pertenencia», que crea un nacionalismo poco sujeto a la razón —otra de sus consecuencias más nefastas.

La pertenencia se manifiesta notablemente en la presencia de personas de otras naciones, cuando entre ellas se preguntan de dónde son. La respuesta que cada una da es ese reconocimiento del país al que se pertenece —pero hay más que eso en el nacionalismo.

No solo es una identificación objetiva de pertenencia. También incluye sentimientos, otra de las consecuencias del nacionalismo.

Dosis sentimental

Hay algunas dosis de orgullo, de solidaridad, de valores. Un mexicano con facilidad incluirá dentro del sentido de pertenencia piezas culinarias que considere únicas y motivos de diferenciación e incluso superioridad.

En esto quiero poner atención, en ese sentido de complacencia y agrado que se expresa al hablar del país del que se es ciudadano.

El asunto ha sido tratado (Foreign Policy marzo-abril 2008), examinando una relación interesante entre el nacionalismo y la prosperidad.

Se encontró una relación positiva entre la riqueza de la nación y la creencia de sus ciudadanos que de su país es en general superior al resto. Más aún, a más nacionalismo definido así, menos corrupción en esa nación (Venezuela siendo una excepción: mucho nacionalismo y mucha corrupción).

El terreno es muy resbaladizo y sujeto a juicios inmediatos, pero es fascinante. Quizá puede proponerse que exista un nacionalismo justificado en hechos más o menos objetivos.

Podría ser, quizá, la superioridad de Argentina en futbol, o la belleza de algunas playas mexicanas, o el poderío industrial de Alemania, o el reciente éxito económico de Estonia e Irlanda. Pero, es posible encontrar otro nacionalismo menos justificado y muy primitivo.

Nacionalismo primitivo

Una muestra de ese nacionalismo primitivo puede verse con facilidad en las manifestaciones de desprecio a otras naciones y que puede llevar a situaciones graves. Si México pierde en futbol con Argentina, lo que resulta muy lógico, un nacionalismo sensato no pasa de ciertas emociones normales de alegría o pesadumbre.

Pero, gritar burlas al equipo de EEUU cuando se tocaba su himno por parte de mexicanos en un partido de selecciones, eso es nacionalismo insensato y primitivo.

Parte de esa insensatez es la manifestación nacionalista que declara traidor a la patria a cualquiera que se atreva a proponer, por ejemplo, que los monopolios estatales mexicanos de energía deben privatizarse, que buena culpa tuvieron los gobiernos mexicanos de la pérdida de los territorios del norte en el siglo 19, o que resulta inexplicable que no exista una estatua de Hernán Cortés en México.

Quizá sea que el nacionalismo mexicano, en parte, tienen fundamentos débiles.

Discusión

Preferiría, en mi opinión, ver un sentimiento nacionalista justificado en México como una nación que tuviera un ingreso per cápita de 36,000 dólares anuales y no fundado en la propiedad estatal del petróleo.

Sería mejor un nacionalismo sostenido en un sistema judicial famoso por su imparcialidad, que uno sostenido en el lamento de que los bancos en México son casi todos extranjeros.

Igualmente, me parecería mucho mejor un nacionalismo mexicano que se apoya en ver hacia el futuro, que uno que pasa su tiempo lamentándose de los sucesos pasados.

Igualmente, es mejor un nacionalismo de ciudadanos que sienten tener capacidad para mejorar por su propio esfuerzo que el nacionalismo de quienes creen que todo lo que deben hacer es encontrar un nuevo patrón que les diga qué hacer desde la oficina de la presidencia.

Entiendo que parte del nacionalismo mexicano sea pensar que el tequila es una gran bebida, que la música ranchera es bella, que hay grandes pintores en este país.

Pero hay más que esas cosas en un nacionalismo sensato y que no puede ser el fundamentarse en quién es propietario del petróleo, de los bancos, o de las cerveceras.

Conclusión

Fueron tratadas consecuencias del nacionalismo y su naturaleza, un concepto comprensible pero demasiado débil, subjetivo y sentimental para ser usado racionalmente y que por eso se presta a abusos y radicalismo.

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Y unas coas más para los interesados…

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