Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Nacionalismo: Idea, Efectos
Eduardo García Gaspar
6 febrero 2014
Sección: NACIONALISMO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El concepto es interesante. Me refiero a “nacionalismo” y su significado.androjo

Aunque se presta a reacciones tontas, no deja de tener cosas buenas.

Intentar profundizar en él tiene utilidad.

Comencemos con la definición de nacionalismo. Algo que se comprensible.

Es, me parece claro, un sentimiento de identificación y pertenencia. Algo que facilita a la persona decir “soy…”

Pertenencia a un grupo o comunidad que tiene rasgos en común. Una mezcla especial de idioma, historia, cultura, costumbres, religión, raza, lenguaje y otros elementos.

Esa mezcla supuestamente única e identificable recibe un nombre, el del país: Francia, México, Israel, Argentina y todo el resto.

El sentido de pertenencia e identificación es un elemento continuamente presente en la vida del país. Desde su gobierno, hasta fiestas nacionales, estudio de la historia, medios masivos y mucho más.

Aquí se mezclan dos elementos parecidos, pero no necesariamente iguales, el de país y el de nación. A un país se le entiende como esa unidad que está dentro de un territorio definidos por fronteras y límites geográficos.

Una nación puede coincidir con esas fronteras, pero no necesariamente al ser un sentimiento de identificación y pertenencia personal. La comunidad mexicana en los EEUU, en buena parte, puede no sentirse estadounidense, sino mexicana compartiendo esos elementos nacionalistas mencionados antes y no los del país en el que se vive.

Su origen quizá se tenga en otro sentimiento, el de pertenencia a una comunidad inmediata menor y más pequeña, la del pueblo o comarca de la que poco o nada se emigraba.

Identificada con un nombre y un gobernante, la persona podía verse como parte de ella y, muchas veces, lo obvio, el sentir cierta animosidad ante el desconocido de otra parte.

Fue hacia el siglo 18 cuando la idea de nación empezó a surgir con la fusión de territorios bajo la autoridad única de un monarca. No es que se perdiera totalmente en sentido de pertenencia a una región limitada y pequeña, sino que se adquirió el sentido más amplio de pertenencia a la nación como unidad mayor.

Es así que ahora, en estos tiempos, el nacionalismo es un elemento importante de identificación personal y de unión entre personas que tienen en común elementos como idioma, historia, celebraciones, religión y demás.

Lo anterior invita a indagar sobre el nacionalismo que puede operar en países con poblaciones que vienen de varias nacionalidades por causa de inmigración en números importantes. ¿Hay nacionalismo en esos países? La respuesta es difícil y depende de la asimilación que se tenga.

Si el emigrado conserva su identidad manteniendo su sentido de pertenencia a otra nación y considerando que el sitio en el que vive le es extraño, es país tendrá una identidad nacional dividida. Lo contrario, si el emigrado se asimila y comienza a verse como perteneciente a su nuevo lugar de residencia.

Pero lo que bien vale una segunda opinión es examinar al nacionalismo en sus dos versiones de intensidad.

Cuando el sentimiento nacionalista de la persona la vuelve imprudente y poco juiciosa, estaremos frente a un caso de patriotismo que grita lo más posible sin saber de qué vocifera (parafraseando a M. Twain).

Es el caso del nacionalismo infantil, como una especie de sarampión sentimental (usando la idea de A. Einstein). Bien definido en la idea de suponer que el propio es el mejor país simplemente porque uno es de allí (la idea de G. B. Shaw).

Hay en este sentimiento nacionalista mucho de imprudencia y de, lo peor, creación de rivalidades estúpidas.

Este es el elemento siempre presente en el sentimiento nacionalista y que, cuando aflora, resulta en cosas realmente malas. El elemento de nacionalismo que necesita a otros nacionalismos como enemigos y que le sirven de rasgo de identificación.

Porque, además, este elemento nacionalista suele ser una pieza fundamental del gobierno autoritario. Lo usa como cimiento para crear miedos a otros y lealtades hacia él, construyendo enemigos sin fundamento.

“Cuanto más grande es el estado, peor y más cruel es el patriotismo y mayor la suma de sufrimientos en la que su poder se funda”, escribió L. Tolstoy.

Parte de ese peligro en tal elemento del nacionalismo, es su naturaleza colectiva. Apela a las masas y ellas son poco pensantes. Tienen conductas emocionales e impulsivas que llevan a grandes males. Recuérdese el comportamiento de los espectadores en estadios de futbol cuando juegan selecciones de países.

Del otro lado totalmente, existe otra actitud, la del que carece del sentimiento nacionalista y se entiende a sí mismo como un ser ajeno a tales tonterías. A veces, esta actitud me da la impresión de ser tan extrema como la del nacionalismo imprudente.

En cambio, un sentido de pertenencia nacional, frenado por la razón y la prudencia, me parece sano y bueno. Contribuye a entender y tratar a quienes más cerca se tiene sin abstracciones inútiles.

Pero en fin, somos imperfectos y los sentimientos nacionalistas son una prueba de ello, de que podemos hacer mucho mal, pero también mucho bien.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Nacionalismo. Véase una idea clave en este tema, en Ciudadanos y Contra-ciudadanos.

Al nacionalismo y al patriotismo lo complican severamente las emigraciones que producen comunidades muy diferentes a las del país receptor. Un emigrado del Reino Unido a los EEUU no tiene problemas en comprender a su nuevo país, con el que existe una conexión obvia.

Pero un emigrado mexicano a EEUU y, peor aún, uno de Irak, verán contrastes muy grandes en su nuevo lugar y quizá reaccionen renunciando a su asimilación.

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