Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Neuronas y Ángeles
Eduardo García Gaspar
9 diciembre 2014
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es uno de los clisés filosóficos. Una critica al pensamiento inútil, a la androjoespeculación ridícula.

Surge de vez en cuando para demostrar la ociosidad improductiva de lo abstracto.

Se trata de la respuesta a una pregunta curiosa. ¿Cuántos ángeles pueden bailar en la cabeza de un alfiler?

La pregunta ha sido citada como ejemplo de la inutilidad del pensamiento abstracto, especialmente en la Edad Media. Un grupo de monjes ocupados en dilucidar una interrogante sin sentido.

Lo que plantea otra pregunta. ¿Sirve de algo saber cuántos ángeles pueden bailar en la punta de un alfiler? Mi inclinación a moverme en sentido opuesto a la opinión establecida me dice que sí, que debe tener alguna utilidad.

Y esa utilidad es la obvia, el ejercicio de las neuronas.

Eso ya es importante en tiempos en los que las neuronas tienden a sufrir anemia frente a la televisión. Es decir, el tema de los ángeles, por insustancial que parezca, tiene ese buen efecto, el de echar a andar a la mente. Y eso justificaría la pregunta.

Un amigo, por ejemplo, ha dado una respuesta original: “Todos, presuponiendo que el baile es secuencial, desfilando uno por uno y que su número es finito”. No está mal y muestra que la pregunta debe corregirse a cuantos pueden bailar simultáneamente en la punta de un alfiler.

Otra posible respuesta: “Más que en la cabeza del alfiler, que es de mayor superficie que su punta”. ¿Ve lo que digo? Sí, la pregunta echa a andar a la mente y eso es bueno.

Hay otra respuesta que sigue criterios físicos: 10 a la 25 (10.000.000.000.000.000.000.000.000).

Y es entonces que surge el tema central, el de usar las neuronas, el de pensar. Es seguro que la respuesta al número de ángeles no tenga una aplicación práctica, pero es también seguro que para responderla se necesitan neuronas y reglas de razonamiento y de lógica. Y eso sí tiene consecuencias prácticas.

Incluso si no las tuviera, no puede ser malo en sí mismo el ponerse a pensar. Después de todo eso es parte de nuestra naturaleza, el buscar explicaciones, el saber más.

Examinar la vida propia, la realidad que nos rodea. Lo que supone que la realidad existe y es posible entenderla.

La idea común en nuestros tiempos, de que lo abstracto no tiene utilidad, de que no existe, es causa de la deriva moral de nuestros tiempos. Tome usted, por ejemplo, el concepto de obscenidad, una idea abstracta y general que califica a eso que se juzga no debe salir al campo público.

Sin esa idea general de obscenidad, ni siquiera considerada, resulta lógico que se haga público lo que sea. Buen ejemplo de esto es la prensa de los célebres y famosos, tan llena de eso que no merece ser conocido, que debería haberse quedado en lo privado. Y entonces, sí se presenta el caso real de lo inútil.

Compare usted la acusación de que carece de sentido el responder a cuántos ángeles pueden bailar al mismo tiempo en la punta de un alfiler, contra el propósito que tiene el conocer que las fotografías de tal celebridad desnuda han sido colocadas en línea.

Dígame usted cuál de esas cosas realmente califica de inútil y prescindible. Curioso es que se desprecie ahora eso que usa a las neuronas y se valore eso que las adormece. Y lo que más las adormece es la idea de que todo merece ser conocido o se tiene derecho a conocer.

Quizá suceda que en tiempos futuros, se burlarán de nosotros no porque tratábamos de responder cuántos ángeles pueden bailar en un alfiler, sino por que tratábamos de saber qué parte del cuerpo se había tatuado una celebridad, o si ella llevaba ropa interior.

Hay algo podrido en donde se pagan millones de dólares por las fotografías del bebé o las de la boda de celebridades.

Otro amigo, que es muy drástico, habla de un “proceso de idiotización masiva” causado por mala calidad en la educación pública y medios masivos cuyo contenido evita el esfuerzo de pensar.

El resultado es, según él, es “una masa irreflexiva que busca emociones cada vez más extremas”.

Me recuerda el caso del joven que dijo tener derecho a condones gratuitos distribuidos por el gobierno.

Post Scriptum

En algún lugar recuerdo haber leído que la pregunta de cuántos ángeles fue solo una observación sarcástica y bromista que criticaba la aparente irrelevancia del filósofo en tiempos idos. Y que si ocupó tiempo, fue poco.

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