Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Preparación Totalitaria
Eduardo García Gaspar
1 julio 2014
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es algo extraño. Realmente raro cuando uno pone atención en su fondo. androjo

Pero que pasa desapercibido. Es una transferencia de áreas de competencia.

Los terrenos de estudio cambian de manos. Sucede sin que alguien se sorprenda.

Acontece que la definición de lo bueno ya no está en un libro de Ética, sino en uno de Sociología.

Que lo deseable ya no es determinado por un moralista, sino por un trabajador social. Que la familia se redefine según los deseos de alguna ONG. Que el bienestar común se determina en una política fiscal.

Que la sociedad ideal la concibe un economista y que los derechos humanos los define la ONU. Que la educación infantil sigue los planes de activistas y sexólogos.

El panorama es el de un galimatías en el que abundan las opiniones, sobran las presiones y escasean las argumentaciones y razonamientos. Un conjunto creciente de imperativos sociales convertidos en normas inapelables que solo pueden sostenerse con protestas y actos diseñados para difusión en medios.

Un ejemplo: protestas a favor del aborto que aparecen en medios con fotografías de mujeres que hacen fila para registrar sus cuerpos como propiedad privada en una oficina de gobierno. Como si eso fuera el sustituto de la argumentación razonada.

¿El resultado neto? Un desastre natural y lógico. Los terrenos morales, éticos, sociales, políticos, culturales, educativos, están a disposición de cualquiera para que tenga una idea, la que sea, e intente convertirla en un imperativo social incuestionable.

La paradoja es notable, porque todas esas opiniones sobre lo deseable en la sociedad comparten la idea de que deben ponerse de lado a creencias que no son sino supersticiones contrarias a la razón. Pero, al mismo tiempo, se producen otras creencias y normas que se imponen por vías ajenas a la razón.

Llegó así al punto que creo que bien merece una segunda opinión.

El clima moral de nuestros tiempos es uno de abundancia de opiniones y escasez de razonamiento, en el que se tiene a disposición de cada persona una lista de la que puede seleccionar lo más cómodo para sí.

En ese clima cultural todo es permitido porque siempre hay una opción que lo legitima. Un acto terrorista, por ejemplo, que tiene como consecuencia la muerte de inocentes, siempre encuentra una alternativa que lo aprueba y hace loable.

El cambio es notable. De pocas reglas y principios claros y sustentados en la tradición razonada, se ha pasado a la abundancia de normas justificadas por la elección personal, cualquiera que ésta sea. Abundan las opciones, escasea la razón.

En las escuelas, por ejemplo, se justifican los derechos humanos por la vía de las opiniones de expertos reunidos en una convención internacional. O bien, la infidelidad matrimonial se justifica por la similitud de DNA entre chimpancés y humanos.

La consecuencia es la natural: no importa lo que la persona desee hacer, siempre encontrará alguna opción moral para sentir que eso es no solo debido, sino bueno. El resultado es, por supuesto, la existencia de acciones que sin importar su naturaleza pueden ser todas defendidas usando la justificación conveniente.

Este es el clima moral al que me refiero y que es un desconcierto, un enredijo que todo puede aprobar y es defendible, si no por la razón, por medio de una protesta o un acto diseñado para los medios noticiosos.

El desbarajuste tiene sus efectos, como la posibilidad de tener una autoridad moral en cada persona, independientemente de su preparación. Habituada a alegar derechos sin responsabilidades, la persona desarrolla un sentido de autoridad moral autónoma que le lleva a justificarse a sí misma no importa qué haga.

¿Qué sucede en una sociedad con ese clima moral tan confuso y enredado?

Difícil saber el detalle, pero sí es posible pronosticar algunas cosas. Esa sociedad se debilitará tanto como para hacerse susceptible a la creación de un régimen totalitario que se justifique a sí mismo y, por la fuerza, imponga sus creencias en el resto.

Una sociedad formada por personas sin cohesión moral carece de valores comunes para evitar esa posibilidad totalitaria. Una posibilidad ya existente donde grupos de presión buscan el apoyo gubernamental para implantar sus ideas.

En esa sociedad, la educación será reconvertida. Pasará de ser la preparación para la búsqueda de la verdad a ser un programa de adoctrinamiento social que concuerde con las ideas estatales.

Mi punto central es simple: nuestros tiempos presentan un clima moral en el que no hay posibilidad real de calificar como indebida e indeseable a conducta alguna y eso, mucho me temo, tiene consecuencias terribles.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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