Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Propiedad: Serie de Derechos
Eduardo García Gaspar
7 mayo 2014
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Es como un arte. O como una habilidad basada en la curiosidad. androjo

Su primer paso es la curiosidad. Viene de las ganas de saber más. Y del apetito por explicar cosas.

Puede ser detonado por cualquier evento, así sea el de apariencia menos importante.

Un ejemplo real. La discusión sobre las leyes que prohiben fumar en el interior de restaurantes y bares.

Su justificación parece razonable, la de evitar que aspiren humo secundario de tabaco quienes no fuman. Eso, se presupone, evita enfermedades en los no fumadores.

Sobre esas leyes hay opiniones. Unos las aprueban, otros no. Y esta es una de esas oportunidades que son irresistibles para ver más de cerca.

Exploremos el asunto desde el otro lado de la situación, el del propietario del establecimiento que se ve obligado por ley a prohibir fumar a sus clientes.

Ya vimos el lado del gobierno y el modo que sigue para evitar enfermedades que tienen esa causa. Justificar la medida desde ese único lado es incompleto. Debemos considerar el otro lado, es decir, la posición del propietario del restaurante o bar.

La palabra “propietario” es la clave. Significa ser dueño, ser poseedor. Es el que tiene dominio sobre lo que posee. Todos entendemos esto, pero no es suficiente. Debemos ser más específicos. ¿Qué es lo que eso significa? Hay una buena explicación si vemos los detalles que contiene.

El propietario prueba serlo al tener autoridad sobre la cosa poseída. En su restaurante puede servir comida china o italiana, él decide. Pone los precios que quiere. Decora el lugar a su gusto. Contrata el personal que le parece mejor. Abre cuando quiere y cierra cuando mejor le parece. Y muchas cosas más.

La propiedad, en otras palabras, es una serie de derechos sobre la cosa poseída. La idea fue bien expresada por D. Friedman:

“Lo que la gente posee no son cosas, sino derechos con respecto a las cosas… el derecho a controlar quién entra en la propiedad, el de decidir cómo se usa la maquinaria…” Friedman, D. D. (2000). Law’s order : what economics has to do with law and why it matters. Princeton, N.J: Princeton University Press.

Es una buena manera de entender a la propiedad y su significado.

Por ejemplo, en el caso del restaurante, el derecho a decidir si se prohibe entrar a personas sin corbata, o el de poner el precio de los licores que vende, o el de tener una vajilla con platos cuadrados.

Uno de esos derechos múltiples es el de permitir o no que la gente fume en el interior de su restaurante. No es diferente al de permitir o no que la gente beba.

Todos esos derechos forman parte de la propiedad personal del restaurante. Y lo son porque forman parte de la propiedad total que tiene la persona.

También lo son porque es la persona, el propietario, el que asume las consecuencias de sus acciones con su propiedad. Si fracasa su restaurante porque es muy caro, o porque tiene a nadie le gusta un menú de brócoli, o porque las sillas son incómodas… él es que que sufre esos efectos directamente.

Como también gozaría del éxito del restaurante. Esto permite ver la prohibición de fumar desde otro ángulo, el de la afectación o anulación de derechos de propiedad.

Usted podría justificar todo lo que quiera a esa ley, como hizo un amigo, pero al mismo tiempo tiene que aceptar que esa prohibición es también una alteración de los derechos de propiedad.

En un mundo de libertades y derechos, la solución al problema es admirablemente sencilla: cada propietario decide por sí mismo si se puede o no fumar en su restaurante y sus clientes deciden si van o no a donde se fuma o no se fuma. No hay necesidad de que el gobierno intervenga, la gente decide con libertad.

Es un sistema optimista en el sentido de que cree en la gente y su capacidad para encontrar soluciones. En el otro, se piensa lo opuesto, que la gente no tiene el talento para hacerlo.

La conclusión es obvia: aunque se piense que la prohibición de fumar esté justificada, debe aceptarse que esa prohibición socava una parte de los derechos de propiedad.

El problema, entonces, comienza a complicarse porque puede formar parte de un medio ambiente mental en el que los derechos de propiedad sean afectados por otras medidas similares.

Este es el problema esencial, el de una mentalidad gubernamental y ciudadana que da su fácil aprobación a medidas estatales, con buenas intenciones, pero que en su conjunto retiran derechos de propiedad. Y esto es preocupante.

Cuando los derechos de propiedad se limitan y afectan, el resto de las libertades siguen el mismo camino, el que lleva a un régimen autoritario al menos.

Los gobernantes tienen en eso una ambición entendible, pues el poder es el alimento que los hace sobrevivir. Lo que es notable es que muchos ciudadanos aprueben y aplaudan esas medidas con una conciencia incompleta de lo que realmente sucede.

Su mente ha sido convertida en un sistema automático de aprobación de cuanta decisión gubernamental se disfraza con buenas intenciones, la de evitarle a la gente la responsabilidad de sus propias decisiones.

Nota del Editor

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