Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Prosperidad: Efecto Mental
Eduardo García Gaspar
3 octubre 2014
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es un tipo de mentalidad. Una actitud frente a la vida. androjo

Una manera de pensar. Una de dos posibles, con respecto a los gobiernos.

Es la mentalidad del “déjame solo, yo puedo, tú estorbas”.

La otra mentalidad es la contraria, “ven, ayúdame, yo no puedo”.

Sin refinamiento y sin necesidad de grandes razonamientos, esas dos maneras de pensar y sus variaciones, definen al electorado de cada país y al gobierno que tendrán.

Más aún, dependiendo de qué mentalidad predomine el país progresará o no.

Examinemos a cada una de esas mentalidades un poco más en profundo.

• Primero, la actitud del “déjame solo, yo puedo, tú estorbas”. Eso es lo que piensa de la intervención estatal en la vida de la gente. Para estas personas, los gobiernos son trabas e impedimentos, barreras a las iniciativas personales a las que bloquean y traban.

Por consecuencia, estas personas piensan que son ellas mismas las que pueden hacer las cosas, las que piensan y razonan e imaginan más y mejor que los gobiernos.

Son las que creen en el mérito propio, en el trabajo individual y no quieren favores gubernamentales. O mejor dicho, sí quieren un favor del gobierno, el que deje de estorbar a sus iniciativas No quieren su interferencia. Piensan que ellas tienen la capacidad de valerse por sí mismas.

• Segundo, la actitud de “ven, ayúdame, yo no puedo”. Eso es lo que piensan de la intervención estatal en sus vidas. La quieren y desean y esperan. Para estas personas los gobiernos son socorro, ayuda y auxilio sin lo que no podrían vivir.

Son las personas que no piensan bien de sí mismas, que no confían en ellas y que desean el soporte estatal en su existencia. Quieren y ansían la intervención estatal. Piensan que su felicidad depende de la intervención estatal.

Hay en este grupo todo tipo de personas. Desde el pobre que recibe del gobierno costales de cemento hasta el empresario que busca subsidios, incluyendo al sindicato que pide pensiones con fondos públicos.

La diferencia última entre ambos grupos es doble. Por un lado, es la mentalidad que siente poder valerse por sí misma en oposición a la que siente no poder vivir sin ayuda pública.

Por el otro lado, sin embargo, se da lo más interesante y que bien vale una segunda opinión.

Es la realidad de que unos viven por méritos propios y otros viven por méritos ajenos. Esto es posible por medio de los impuestos.

Solamente por medio de impuestos es posible la vida del que pide favores de gobierno. Los impuestos vienen del trabajo de quien solo desea que el gobierno no le estorbe. Unos sostienen a otros con el gobierno jugando un papel de intermediario redistributivo de fondos.

Esto tiene consecuencias en el potencial del progreso del país.

Cuando la política pública tiende más a ser redistributiva más crece el aparato burocrático y más se estorba a los generadores de riqueza, entonces menos probabilidades habrá de crecimiento. El resultado: estancamiento y crisis.

Pero cuando la política pública tiende más a dejar de estorbar a las personas en sus iniciativas y trabajos, menos gobierno se tiene y entonces podrá tenerse una prosperidad creciente. El resultado: una economía en crecimiento.

Mi punto es simple. ¿Quiere usted tener una economía floreciente? Hágase gobernar por una autoridad que entienda que su deber central es no estorbar el trabajo ajeno.

Sencillo, pero ahora viene lo complejo. Para tener ese gobierno que no estorbe se necesita que predomine la mentalidad del “déjame solo, yo puedo, tú estorbas”.

Eso sí es difícil. Significa un cambio sustancial en la opinión de las personas. Quizá sea incluso un cambio de paradigma, una real modificación de la estructura mental de millones.

Llevarlos del “ven, ayúdame, yo no puedo” al “déjame solo, yo puedo, tú estorbas” es realmente difícil.

Y tal vez sea ese el mayor reto de nuestros tiempos en política, el modificar la mentalidad del que pide la intervención gubernamental para la solución de cualquier problema que vea.

Esta es la mentalidad que es la causa central de economías estancadas que pretenden remediarse con más de lo mismo que las estanca.

En resumen, como ya se ha dicho, el subdesarrollo es un estado mental. Es una serie de ideas combinadas que forman una mentalidad propicia al estancamiento y la pobreza.

Un clímax de esto es el peronismo, otro es el chavismo y sus acólitos en otros países. México lo padece desde hace décadas. La UE es un ejemplo brillante de “ven, ayúdame, yo no puedo”.

Puede usted buscar soluciones económicas al desarrollo, como inyecciones de gasto público que poco o nada lograrán si no se cambia esa manera de pensar.

Post Scriptum

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