Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Prosperidad: su Secreto
Eduardo García Gaspar
22 enero 2014
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, PROSPERIDAD, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Los sillones son buenos lugares para el ejercicio. androjo

Para el ejercicio mental, que es el más útil de todos.

Sentarse cómodamente y ponerse a pensar es una sana costumbre.

A veces suele tenerse el problema de seleccionar un tema. Proveo al lector con uno, si es que decide aceptarlo.

Se trata de encontrar una idea, y nada más una, que sea el centro esencial de un sistema económico exitoso. Por exitoso se entiende lograr prosperidad en mayor cantidad que sus alternativas. Hacer que la gente progrese más y a mayor velocidad.

Olvide sus ideas previas y concéntrese en esa tarea: encontrar una idea y sólo una, que resuma el principio central de un sistema económico que genere más bienestar para todos.

Hay que evitar las ideas imposibles y pensar en las realistas, reconociendo que ningún sistema es perfecto.

Por mi parte hice algo así y lo comparto. Me parece razonable.

Partí de una idea simple, lo que haría feliz a un consumidor cualquiera. Después de todo, progreso económico es algo que debe medirse a nivel personal e individual, con personas reales.

Imaginé a un consumidor que necesita algo, digamos alimentos, bebidas, un televisor, lo que a usted se le ocurra. ¿Qué lo haría feliz en ese momento?

No puedo pensar en otra cosa que encontrar lo que quiere a un buen precio. Esto quiere decir que la prosperidad medida a nivel personal es encontrar productos mejores y precios bajos.

No está mal la idea. Me recuerda lo que ha sucedido en los artículos tecnológicos, como los teléfonos móviles, que han mejorado y son más baratos y se tienen cientos de opciones.

Me gustaría, por ejemplo, que eso mismo sucediera con otros productos, como la gasolina. Con bebidas, con quesos, con el resto de lo que compro.

Entonces si la definición de progreso económico es la de tener productos fácilmente disponibles, mejores y a buenos precios, el problema comienza a tomar forma. Es la respuesta a una pregunta engañosamente simple, la de qué debe hacerse para promover la disponibilidad de productos mejores a precios lo más bajo posibles.

La respuesta, sin embargo, no es simple. ¿Qué principio básico y esencial debe aplicarse para tener esos productos continuamente mejorados y que bajan de precio?

Contestar esto es vital si es que queremos prosperar y tener mejores niveles de vida. No sé usted, pero la pregunta me recordó a Bastiat (1801-1850), el economista francés y sus ideas sobre la competencia.

Aceptando una naturaleza humana imperfecta, no tengo más que reconocer que será punto menos que imposible convencer a la gente de mejorar productos y reducirles el precio sin, al mismo tiempo, crear incentivos para hacerlo.

Es decir, si se hace que las personas se esfuercen en mejorar lo que produce, eso sólo se logrará permitiendo que ellas tengan un beneficio: a mayor esfuerzo, más beneficio. No creo que haya otro medio. No puedo apelar a su caridad ni a su compasión con tanto éxito como permitiendo que ganen.

Y, entonces, comienzo a tener la clave que busco. No es nueva, se conoce desde hace tiempo. Se llama libre competencia y funciona en dos papeles que tienen las personas.

La misma persona, como consumidor, elevará su nivel de vida encontrando productos mejores a precios bajos y, como productor, sabrá que cuanto más productivo sea más ganará y vivirá mejor.

¿Cómo ganar más? Ofreciendo productos mejores a buenos precios que los demás prefieran sobre el resto. No está mal el asunto: si quiero vivir mejor tendré que trabajar haciendo mejor las cosas, de tal manera que el resto de las personas prefieran lo que yo hago.

A primera vista, el miope verá que soy yo el que gano produciendo mejores productos, pero si se ve el panorama completo, podrá verse la otra parte de la ecuación. Quien compre lo que yo produzco también ganará y vivirá mejor.

Entonces, ya llegué a encontrar esa idea, y nada más una, que sea el cimiento de un sistema económico que cree prosperidad general. Se llama libre competencia, pero podemos describirlo mejor como libertad económica o libertad de trabajo.

Consiste en hacer depender los beneficios personales del esfuerzo que uno dedique a crear mejores productos para los demás.

¿Un sistema perfecto? No, por supuesto, habrá mentiras y engaños y fraudes, pero ellos serán menores y menor graves que en el caso de limitarse la libertad económica. Entonces, la idea es obvia.

Si se quiere prosperar, el principio central es hacer respetar y facilitar la libertad económica, pues hacer lo contrario significaría impedir la felicidad del consumidor con menos productos, de baja calidad y más caros.

Post Scriptum

Por supuesto, lo anterior es una simplificación que ilustra un principio general, que es el de usar los talentos de las personas para crear prosperidad, lo que significa libertad económica y muy poco intervencionismo estatal. Se necesita esa libertad, pero también otras cosas, especialmente un estado de derecho y lo que éste significa.

El argumento estándar en contra de lo que he dicho es el de que la libertad económica produce acumulación de riqueza y conduce a abusos de poder. La crítica es válida. Las empresas ricas que crea, algunas enormes, concentran riqueza muy superior al resto de las personas. Pero esa riqueza tiene su contrapartida, la satisfacción de consumidores.

Sí es real y existe el abusar del poder económico que tiene una gran empresa, pero ese abuso será de menor consecuencia que el abuso de un poder mayor, el que tiene el gobierno que se ha adjudicado también poder económico.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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