¿Qué es falacia? Su definición, características y ejemplos. Formas de razonar que son erróneas y que son usadas con gran frecuencia.

¿Qué es una falacia?

Una breve introducción al concepto de falacia comienza con una definición comprensible.

«En lógica, una falacia (del latín: fallacia, ‘engaño’) es un argumento que parece válido, pero no lo es.​ Algunas falacias se cometen intencionalmente para persuadir o manipular a los demás, mientras que otras se cometen sin intención debido a descuidos o ignorancia. En ocasiones las falacias pueden ser muy sutiles y persuasivas, por lo que se debe poner mucha atención para detectarlas». es.wikipedia.org

En otras palabras, una forma errónea de razonar y llegar a conclusiones. Puede ser intencional para engañar a otros. Pero también puede ser involuntaria y engañarse a uno mismo. Y, lo peor, sueles ser frecuentes y difíciles de encontrar.

Una breve definición de falacia:

«[…] es un razonamiento no válido o incorrecto pero con apariencia de razonamiento correcto. Es un razonamiento engañoso o erróneo (falaz), pero que pretende ser convincente o persuasivo. Todas las falacias son razonamiento que vulneran alguna regla lógica». xunta.gal

Siempre presentes

En lo que sigue busco dar algunos ejemplos de opiniones que cometen ese error —apoyan opiniones cuya solidez no puede demostrarse usando ese argumento.

• «Es mentira lo que dijo sobre la inflación porque él es un banquero que comercia con dinero ajeno». Se llama argumentación ad-hominem y es errónea: no razona lo dicho por el banquero, lo ataca en su persona no en sus razones.

• «Debe ser cierto porque lo dijo Trump sobre las tarifas porque le es el presidente». Se llama falacia ad baculum y sostiene que tiene la razón quien tiene el poder.

• «Pues la mayoría de las personas que conozco piensan eso y debe ser verdad». Se llama argumentum ad populum y consiste en argumentar que lo percibido como opinión mayoritaria es verdad.

Mi intención al examinar estos ejemplos de falacias muy comunes es poner sobre la mesa avisos que el lector pueda recordar con facilidad para no cometer esos errores —o para alejarse de quienes las cometen y no se dan cuenta de ello.

Es frecuente, en mi experiencia, encontrar ejemplos como los siguientes y que dejo al lector como un ejercicio que le sirva para encontrar la falla específica de cada uno de ellos.

  • Estoy de acuerdo con los ateos por lo idiotas que son los fundamentalistas religiosos.
  • Ninguno de mis amigos piensa que esa ley ayudará al desarrollo.
  • Todos los científicos creen en el calentamiento (o enfriamiento) global.
  • Los empresarios sólo defendieron sus intereses al rechazar los nuevos impuestos.
  • Sólo un traidor a la patria pediría la privatización del petróleo”.
  • No puedes darme la razón porque eres un religioso (o ateo) empedernido.
  • La filosofía griega es solo el pensamiento occidental de hombres blancos que buscaban el poder.
  • Si piensas que no debe haber abortos, es que eres un moralista fundamentalista ignorante.
  • Solo un homófobo se opone a que haya familias homosexuales con hijos adoptados”.
  • Solo porque tú fumas es que apoyas que se permita fumar el restaurantes.

En conclusión, eche el lector un buen ojo a quien expresa una opinión, pero antes que eso examine las razones en las que esa opinión ha sido cimentada.

En ContraPeso.info: falacias hay breves explicaciones de algunas de las más usadas.

Bonus track, la sucia lucha en contra de las falacias.

Luchar Con un Cerdo

Por Eduardo García Gaspar

Una frase de G.B. Shaw. «Hace mucho aprendí a no luchar con un cerdo. Se ensucia uno y al cerdo le gusta». Sucede esto cuando con quien se habla usa falacias y no se da cuenta de ello.

Por ejemplo, en esta cita fantástica:

Del diálogo entre Aristóteles y un populista en Cómo perder un país. Los siete pasos de la democracia a la dictadura de la escritora turca Ece Temelkuran publicado este año:

Aristóteles: Todos los seres humanos son mortales.

Populista: Ése es un argumento totalitario e insensible.

Aristóteles: ¿No crees que todos los humanos son mortales?

Populista: ¿Me estás llamando ignorante? No seré un filósofo como tú, pero el pueblo vive la realidad en carne y hueso.

Aristóteles: Eso es irrelevante para lo que estamos discutiendo.

Populista: Será irrelevante para ti porque tú y los tuyos han gobernado este país y nos consideran prescindibles. La verdad no está en los papiros de la élite.

Aristóteles: Permíteme continuar: todos los seres humanos son mortales. Sócrates es humano…

Populista: Tengo que interrumpirte. Gracias a nuestro líder sabemos quién es ese Sócrates. Ya no nos pueden engañar. Sócrates es un fascista. Estamos hartos de las mentiras.

Aristóteles: Estás rechazando el fundamento de la lógica.

Populista. Respeto tus creencias.

Aristóteles. Esto no es una creencia. Es lógica.

Populista. Respeto tu lógica, pero tú no respetas la mía.

Nueces del 2019 Jesús Silva-Herzog Márquez en EL NORTE 30 Dic. 2019

Si eso produce desesperación, es obvio. ¿Como seguir un diálogo productivo con quien no razona y se refugia en falacias? Como la falacia del motivo cuestionable, la de la mayoría, argumentum ad populum, o la de la compasión.

¿Cómo llegar a acuerdos con quien usa insultos y no razones? ¿O quien generaliza con precipitación? ¿O plantea una disyuntiva falsa y acude a la opinión mayoritaria?

Una lucha interminable contra la falacia

La pregunta es un ejemplo clásico. Pregunte usted a cualquiera,

¿Ha usted dejado ya de golpear a su esposa (o)?

No importa la respuesta que se dé. Siempre será condenatoria. Y se usa con más frecuencia de lo pensado.

O bien esta otra falacia

¿Ya te conmueve la pobreza, o sigues siendo un capitalista salvaje fundamentalista de mercado?

El tema bien vale una segunda opinión por la frecuencia con la que se usan esos trucos, o falacias, o errores del razonar, o como usted les quiera llamar.

En una ocasión, una persona criticó duramente al monopolio petrolero mexicano, citando una serie de cifras muy reveladoras y malas que demostraban su opinión. Una de las personas que escuchó decir eso, comentó:

Está bien, esas cifras son reales, pero hay que recordar que Pemex es de todos los mexicanos.

Una cosa no tiene que ver con la otra. Otra falacia clara.

Una diputada defendió su posición en favor del aborto anulando la opinión de quienes piensa distinto porque entre ellos estaba Marcial Maciel. Este es otro truco común, el ataque no a la opinión y su fundamento, sino a una de las personas que piensan así.

Quizá la forma más común de los trucos usados en las discusiones para ganarlas: atacar a la persona y no a su opinión. Esto lo usó Marx y lo instituyó como una herramienta para ganar discusiones:

Lo que dices está determinado por la clase a la que perteneces, eres un burgués, por tanto, todo lo que dices es una defensa de tu clase y tu argumento es automáticamente falso.

Otro truco para ganar discusiones es el de la caridad extrema. Por ejemplo, un gobierno crea un programa de ayuda a los pobres y ese programa se justifica porque ayuda a los pobres.

Es decir, quien se opone a tal plan es calificado rápidamente como un insensato que no se preocupa por los pobres.

La persona puede estar preocupada por los pobres, pero juzgar que ese programa de ayuda es malo y no funcionará. Apelar al objetivo admirable de una acción y usar eso para justificar lo que sea, es uno de los errores más graves cometidos por los gobiernos. Pero hay más.

Otro de ellos es también propio de los gobiernos. Típicamente es el de “lo dice la ley y por eso es bueno”. No necesariamente. Una ley puede estar mal hecha y ha sido impuesta usando el poder. El poder no valida por sí mismo a lo bueno.

Pero el peor de todos los trucos usados y falacias en las discusiones es el de que cada quien tiene derecho a sostener la opinión que le plazca, porque «esa es su verdad personal».

Curiosa manera de pensar que haría imposible tener juicios legales y que detendría toda discusión. Ya no tendría utilidad alguna pensar.

Hablar de estas cosas es importante porque parte de nuestra naturaleza es el poder pensar, razonar y encontrar la verdad. Trucos en conversaciones, como los que he señalado, dificultan esas habilidades y entorpecen encontrar la verdad. Conocer esos trucos ayuda a tener discusiones sobre temas vitales.

Sin ese conocimiento, seguiremos evitando hablar de lo que importa, y nos quedaremos atascados en temas irrelevantes. Cinco minutos dedicados a Sheen son cinco minutos perdidos en la vida.

Lo que he llamado a veces trucos son en realidad falacias: formas engañosas de razonar y que deben ser conocidas para hacer a las conversaciones más productivas en temas que realmente importan.

[La columna fue actualizada en 2019-12]