Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Qué es Hacer Filosofía?
Eduardo García Gaspar
20 octubre 2014
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Es simple. Difícil, pero sencillo. androjo

Todo comienza con algo que se está olvidando, el pensar.

Y a partir de allí, todo puede suceder.

En realidad eso es hacer filosofía, aunque esto aterre a algunos.

La pregunta que aterró al papá de Mafalda no es complicada de responder.

Primero, hay un contacto íntimo entre usar la razón y hacer filosofía. Por lo pronto, arrancar las neuronas es el inicio de todo, lo que puede requerir cierto esfuerzo en algunos (los demasiado acostumbrados a radio y televisión).

Pero hacer filosofía implica, además de ponerse a pensar, entrar en un territorio específico, el de las cosas que realmente importan. Entonces, hacer filosofía es ponerse a pensar sobre los asuntos de mayor importancia.

No está mal la definición, pero le falta algo.

Lo que le falta es calificar a eso de “pensar”. Sí se trata de usar la razón, pero hacerlo bien. Lograr eso que ahora se llama juicio crítico. Podemos decir que se trata de ser lógico, de tener sentido común, de saber detectar engaños y malos razonamientos.

O, visto de otra manera, hacer filosofía requiere de herramientas propias. No diferentes de las que necesita un mecánico para arreglar una máquina. Y eso nos manda a algo inevitable, el entrenar la mente. No diferente al corredor que entrena para el maratón.

Total, para hacer filosofía se necesita entrenar a las neuronas para pensar en cosas importantes. La idea queda así mucho más clara, pero aún tiene un faltante que no sería bueno olvidar.

Ese faltante es la actitud de la persona. Hablo de su estilo y forma de ser. El hacer filosofía debe facilitarse a quienes tengan curiosidad intelectual, el querer saber el por qué de las cosas.

También, deben tener una inclinación hacia la verdad, la que es su meta última. Y, si se puede, ser amigables y considerados con otros, lo que le lleva a escuchar antes de hablar.

Esto de hacer filosofía, me parece, es casi lo opuesto de una de las terribles situaciones de nuestros tiempos.

Sucede que ahora se considera positivo tener opiniones, cuantas más mejor, pero no se considera necesario tener bases para sostenerlas. Una llamativa situación que hace concluir que tener opiniones no es, por supuesto, hacer filosofía.

Muy a la entrada del hacer filosofía están algunas reglas que son simples. Y serán aún más simples una vez que se conocen. Una de ellas es fantástica y se llama ley de identidad. Ella establece que una cosa es lo que es y no puede ser otra cosa cualquiera.

Quizá alguien diga que eso es obvio y que, por ejemplo, un gato es un gato y que no puede ser un perro. Es correcto, pero no está de más repetirlo porque hay personas que se niegan a aceptarlo. Me refiero a los relativistas y post modernistas que niegan esa ley, lo que les impide hacer filosofía.

Hay otra ley de naturaleza similar, la ley de la no contradicción. Una propiedad cualquiera de un objeto, la tiene o no la tiene en un momento dado. Igual que la que establece que una afirmación puede ser falsa o verdadera, pero nada intermedio.

Lo siento, pero esas son las reglas del hacer filosofía y quien piensa que cada quien tiene su verdad, está impedido.

Esta es la disciplina en la que uno debe entrenar a su razón para hacer filosofía, como una especie de reglas del juego. Reglas como la de construir argumentos que sean sólidos y válidos, pero también que sean contundentes, es decir, persuasivos.

Le digo es sencillo establecerlo, pero difícil el hacerlo.

Quizá la mayor dificultad que se encuentra al tratar de hacer filosofía es, de acuerdo con un amigo, la pereza mental.

Según él, un profundo mal de nuestros tiempos es la pasividad de las neuronas, atrofiadas por la televisión y el cine principalmente. La mente de demasiados ha sido habituada a recibir pasivamente y aceptar lo que sea cuando se presenta en cantidad suficiente.

No está desencaminado mi amigo, el que se queja de que un gran experto en un campo se considera también experto en el resto. Esto es lo que hace que un gran escritor de novelas piense también ser capaz de recomendar políticas económicas. Sin embargo, pienso que hay más.

La especialización del conocimiento, que no es mala en sí misma, ha tendido a olvidar eso que es la materia prima de la filosofía, las cosas importantes: quién soy, cómo pienso, qué sentido tengo. Cosas como éstas son puestas de lado en nuestros días y eso es un pérdida grave porque con ello se pierde también dirección.

En fin, todo lo que quise hacer es explicar siquiera un poco qué es eso de hacer filosofía. Algo simple, pero difícil.

Post Scriptum

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Para la columna, tomé ideas de DeWeese, G. J., y Moreland, J. P. (2005). Philosophy Made Slightly Less Difficult: A Beginner’s Guide to Life’s Big Questions. IVP Academic.

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