naturaleza humana

Las actitudes frente a la muerte. La forma en la que ella sea comprendida, influye con fuerza en la manera en la que la vida es entendida.

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Introducción

Scruton propone tres perspectivas que proveen tres diferentes actitudes ante la muerte y su entendimiento. Este es el tema central de este resumen.

En el que se da la definición de muerte y la manera que ella es entendida según la actitud adoptada.


La idea fue encontrada en Scruton, R., A Political Philosophy: Arguments for Conservatism. Bloomsbury Academic, pp. 70-74.


Perspectivas de la muerte

Scruton entra al tema de la muerte después de tratar el del aborto. Si el aborto trata sobre el significado de la vida, la eutanasia sobre el de la muerte. Y la muerte puede ser comprendida bajo tres perspectivas.

Bajo la perspectiva religiosa, la científica y la filosófica, la muerte crea actitudes que no son obviamente compatibles.

1. Perspectiva religiosa

Bajo el paraguas, la muerte es un momento de transición entre un mundo y otro, siendo un momento de juicio.

Las tradiciones de siglos, dentro de un consenso religioso, presuponen sin hacerlas explícitas, las ideas cristianas sobre la vida humana.

Matar a un ser humano es más que violar una ley divina, es enviar a una persona a un juicio divino prematuro, alterando sus posibilidades de una vida eterna feliz.

Más aún, no importa lo que en esta vida se sufra antes de morir. Ello no puede compararse con la vida posterior.

Naturalmente esto permite concluir lo reprobable que hay en quitar la vida para reducir sufrimiento. Esto es intervenir indebidamente en lo eterno considerando solo lo temporal; sustituyendo lo designado por Dios con lo deseado humanamente.

Esto es, en otras palabras, considerar sagrada a la vida humana. Religiosamente, la persona es el vehículo del alma y es sagrada en sí misma, pero también para los propósitos de Dios.

Hay santidad en ciertos momentos, nacimiento, reproducción y muerte, que se ven con asombro y reverencia. Momentos sagrados que se visten de contextos ceremoniales por ser algo más allá de nuestra comprensión.

Incluso en ateos y agnósticos esos momentos causan deferencia. Se tiene un sentido más allá de las creencias que buscan su significado, un sentido de lo sagrado que se conserva incluso frente a la desaparición de lo religioso.

De las actitudes ante la muerte, esta crea un significado de lo sagrado que lleva a la reprobación de la desacralización de lo humano, como la pornografía o la sexualización de menores.

2. Perspectiva científica

Para al punto de vista científico, la muerte es la «extinción del organismo», un momento en el que la persona cesa de ser y tener preocupaciones.

Esto es el colapso de un cuerpo vivo y que ocurre a todos ellos. Biológicamente no puede distinguirse entre la muerte de un insecto y la de un ser humano.

Es la desaparición de todo dolor posible. Lo que sucede después no está disponible para ser examinado científicamente.

Es posible conciliar a la perspectiva religiosa con la científica si se acepta que el destino del alma nada tiene que ver con el destino del cuerpo. Aún así, la visión científica desplaza a la religiosa y hace considerar solo lo biológico ignorando la vida después de la muerte.

La pérdida absoluta de la persona, sin vida posterior, es aliviada devaluando a la vida misma. Así se protege contra el sufrimiento: para aceptar mejor a la muerte la vida debe perder valor también.

La actitudes ante lo sagrado que tiene la muerte para la visión religiosa admite ahora un sencillo cálculo de costos. Y comienza una mutación que hace ver inmoral el evitar que los enfermos terminales tengan una muerte asistida.

3. Perspectiva filosófica

Para un filósofo la muerte es algo cuyo significado debe examinarse, igual que se examina a una persona o a un libro. Como una «frontera a nuestros proyectos».

Es la indagación de la significancia del morir, algo a lo que todos están condenados. No hay consenso entre filósofos sobre cómo tratar el tema, pero coinciden en que él no tiene una limitación que se detenga en lo científico.

Más aún, sus actitudes coinciden en que la muerte debe entenderse de la misma manera en la que debe entenderse la vida por parte de aquellos que buscan vivir en el bien. Entendiendo a la muerte se podrá entender mejor a la vida y evitar la desesperación que ella causa.

Bajo este punto de vista, debe apuntarse la diferencia entre sociedades que piensan diferente con respecto a la muerte.

Aquella que la niega evitando enfrentarla, como la nuestra, se deja llevar por lo sensual y el gozo, dejando de lado el cultivo de las virtudes. Para esta sociedad la muerte es algo innombrable.

Quienes piensan en ella, viéndola con sentido de reverencia, por el contrario, contemplan su propia vida de diferente manera. Consideran a las generaciones pasadas y a las venideras, viéndose como una transición entre ellas. Tener reverencia ante la muerte motiva a cuidar el futuro.

Otra cosa que ven los filósofos es la distinción entre la explicación biológica de la vida y la vida misma con significado. Hay más en el ser humano de lo que puede explicar la Biología. Somos distintos al resto de la naturaleza.

La muerte puede ser entendida como la suspensión del funcionamiento orgánico. Pero al mismo tiempo, también como un suceso en la «vida de un ser moral». Es como una frontera, no una terminación, que otorga sentido a los eventos anteriores a ella.

Otra consideración del filósofo puede ser el examinar la diferencia entre la muerte en primera persona y en tercera; mi muerte contra la de otro.

Desde el punto de la primera persona, el pensar en la muerte propia es diferente a pensar en la de otro. Toda muerte invita a reflexionar, pero la propia hace ver a la muerte como parte de la vida misma, no solamente su fin.

Sin poder prever el tiempo ni la forma, vivimos de manera que la muerte no se entienda como un horror, sino como una «culminación»: el sentido de haber valido la pena nuestra vida.

En resumen, tres actitudes ante la muerte

El autor continúa hablando del tema en las páginas siguientes, lo que no es ya tratado aquí, donde solamente ha querido destacarse la idea de las varias perspectivas bajo las que la muerte puede ser examinada.

El simple hecho de que existan varias perspectivas es una indicación muy clara de la severa limitación de la perspectiva científica, la que se detiene en lo que puede ser observado y medido. La limitación deja fuera a territorios que enriquecen la idea y el significado de la muerte.

Y no solo de ella, sino de la vida misma, la que sufriría una terrible reducción si es entendida como un mero funcionamiento de un organismo.



Y unas pocas cosas más…

Debe verse:

Animales y humanos: la diferencia

Otras ideas:



[Actualización última: 2020-08]

Notas extras: la perspectiva de la muerte en la poesía

Por Eduardo García Gaspar

Es desafortunado, pero la educación que muchos hemos recibido, me incluyo, nos hace insensibles a lo que algunos cuentan entre los más grandes placeres de la lectura. Me refiero a la poesía.

No tengo la mente para gozarla, aunque sin embargo, debo reconocer que en mis intentos por entrar al género, hace años me enfrenté a uno de los más clásicos poemas de todos los tiempos.

Poe y un cuervo

Me refiero, a El Cuervo de Edgar Allan Poe. No sé qué es lo que tiene esa obra que inmoviliza. Su comienzo, en inglés obsesiona. Dice así,

Once upon a midnight dreary, while I pondered, weak and weary 
Over many a quaint and curious volume of forgotten lore. 
While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping. 
As of some one gently rapping, rapping at my chamber door. 
“Tis some visitor" I muttered, tapping at my chamber door— 
Only this and nothing more.

Y, comencé una traducción que llegó hasta el final, que colocaba a ese párrafo con palabras que no le hacían justicia:

Tiempo hace ya, una noche lóbrega. Estudiaba yo frágil, débil
Papeles extraños, curiosos, de olvidada erudición 
Cabeceando, casi dormido, repentínamente oí un sonido 
Como si, gentil tocaran, tocaran a la puerta de mi habitación
“Un visitante, sin duda”— balbuceé— “tocando en mi habitación” 
Solo es eso y nada más.

Un modo especial de decir cosas

La poesía, me convencí, podía decir cosas imposibles de verbalizar con palabras tratadas de otra manera.

Y es que no solo es la selección de los términos lo que cuenta en la poesía, sino algo que vagamente puedo calificar de cadencia a la que ayudan las rimas y que hace al todo más que sus partes.

Jorge Manrique

¿Cómo hablar, por ejemplo, de la muerte? Un poema lo hace genialmente. Se titula Coplas a la Muerte de mi Padre y es de Jorge Manrique, (1440?-1478). Las primeras líneas de esta obra dicen,

Recuerde el alma dormida 
Avive el seso y despierte 
Contemplando 
Cómo se pasa la vida 
Cómo se viene la muerte 
Tan callando. 

Podemos estar adormilados con los encantos de la vida, que más nos vale recordar que la vida pasa, que la muerte viene. En otra parte, el mismo poema dice,

Partimos cuando nacemos 
Andamos mientras vivimos 
Y llegamos al tiempo que fenecemos 
Así que cuando morimos, descansamos. 

No es para ponerse pesimista, una de las actitudes ante la muerte. Pero sí es para hacer eso que nos pide el poeta, avivar el seso y despertar a la realidad, porque la muerte nos sirve para eso, para pensar.

Santa Teresa de Ávila

Ignoro cómo la explican quienes no tienen creencias religiosas. Pero sí tengo idea de cómo imaginarla levemente siquiera a la luz de mis creencias.

No tengo una imagen física de lo que es el Cielo, aunque a veces he pensado que era una biblioteca con todos los libros jamás escritos, tiempo para leerlos, todo con música barroca y de Mozart y Haydn.

No, debe ser otra cosa y lo único que tenemos de referencia tangible es el Paraíso Terrenal. Frente a la muerte, me quedo con una idea solamente. La ansiedad de Santa Teresa:

Vivo sin vivir en mí 
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero. 
Vivo ya fuera de mí
después que muero de amor; 
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí
cuando el corazón le dipuso
en él este letrero
que muero porque no muero.

O esta otra:

Nada te turbe,
Nada te espante,
Todo se pasa,
Dios no se muda. 
La paciencia
Todo lo alcanza; 
Quien a Dios tiene 
Nada le falta: 
Solo Dios basta.

Una muerte, dos actitudes

Por Leonardo Girondella Mora 

El hecho de que sea un tema del que se aleja la gente es causa suficiente como para tratarlo. El tópico de la muerte y en concreto, las actitudes por las que se evita hablar de ella.

La muerte es una realidad conocida por todos —tan conocida como fuertes son los intentos de evitar hablar de ella. Una situación desafortunada, que fomenta la ignorancia sobre la naturaleza humana.

En lo que sigue, expongo algunas de las razones por las que el tema es abandonado en las conversaciones —perdiéndose así la oportunidad de examinar la propia vida.

Muerte: actitudes de miedo

El tema se abandona por una razón central, el miedo —se teme a la muerte. Demasiado acostumbradas a la vida corporal, las personas con mucha razón sienten miedo a morir. Ese miedo tiene causas que es posible ver de cerca.

Circunstancias personales

Las circunstancias de la muerte personal —la forma, el proceso, el tiempo que toma a la muerte llegar una vez que se siente certera y real. Especialmente, creo, se teme a la enfermedad larga y dolorosa.

Este miedo permite entender dos posibles reacciones ante las circunstancias del proceso de morir.

• Habrá quienes prefieran la muerte sorpresiva e inmediata —la que no da aviso previo. La idea es evitar el dolor de un proceso largo y el shock mental del darse cuenta que hay una cuenta regresiva corta.

• Otros habrá que prefieran la muerte anunciada con tiempo, con independencia del dolor y sufrimiento. Esa que permita preparación y asimilación, con conciencia completa de lo que sucede a uno. Presenta esto una oportunidad de examinar la vida propia.

Temor a lo desconocido

Segundo, los varios miedos a lo desconocido —a la falta de información sobre lo que realmente sucede después de la muerte. Nadie tiene evidencias totalmente certeras sobre lo que pasa después. Todo lo que se sabe al respecto es especulación.

Estos miedos a lo posterior a la muerte producen actitudes diversas.

La destrucción total y desaparición absoluta

Unos verán con temor indecible una posibilidad, la de la destrucción total de su persona —el ser convertidos en nada, el desaparecer del todo. Es un miedo a la creencia de morir en serio, para siempre.

Creo que es el miedo propio de quienes creen que la persona humana es un accidente biológico y que no creen en la vida futura. Su miedo es a desaparecer totalmente, dejando unos pocos recuerdos temporales en algunas personas mientras ellas vivan.

No puedo descartar en estas personas, otro posible miedo quizá muy oculto en ellas. El de pensar que estaban equivocadas, que sí existe otra vida después de la muerte y tener que enfrentar esa posibilidad directamente.

Desconocerlo todo

Otros verán con temor lo desconocido, el no saber nada firme sobre lo que sigue después de la muerte. Es una de las actitudes de inseguridad general, una ignorancia amplia sobre lo que sucede después de la muerte.

Quizá este miedo ser propio de quienes no pensaron mucho sobre el tema, de quienes lo evitaron creyendo que su muerte estaba lejana y no merecía atención. Al darse cuenta de estar muriendo no saben cómo asimilarlo —no tienen conceptos ni ideas para entender a la muerte.

El juicio último

Por último, otros verán con temor a la muerte a la luz de su duda central. ¿Serán merecedores del premio divino o no?

Estas actitudes ante la muerte son propias de las personas religiosas, convencidas de que existe una vida posterior a la terrenal, en la que Dios recompensa las buenas acciones y castiga las malas.

Este miedo es el de pasar por el Juicio Final. ¿Habrá sido su vida mala a los ojos de Dios y por eso serán condenados?

Tampoco puede descartarse en estas personas otro miedo, el de que no exista Dios, que en realidad la persona desaparece totalmente después de morir.

Entra B. Pascal

Finalmente, la visión esquemática de los miedos a la muerte se acomoda a la idea de la apuesta de B. Pascal. No se tiene información que pruebe fuera de toda duda la existencia de una vida futura posterior a la muerte.

El único conocimiento contudente, reconocido por todos es la muerte y la descomposición corporal posterior.

Hasta allí llega el conocimiento indudable —el resto es producto de razonamientos, especulaciones, teorías y escritos de Revelación, que crean actitudes y opiniones diversas sobre el tema de la muerte, un tópico que se hace mal en ignorar.

Ignorarlo es perder una oportunidad de examinar la vida propia —una pérdida muy sensible. Evitar hablar de la muerte, creo, es una parte de un síndrome mayor que rehuye los temas más profundos e importantes de la vida.

Y para terminar, un movimiento del requiem de Mozart, Lacrimosa