Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Qué es lo Bueno?
Leonardo Girondella Mora
20 febrero 2014
Sección: ETICA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Cuando se habla de deberes y de obligaciones, la pregunta obligada es la del eje central que los guía —eso que en palabras simple se llama hacer lo debido, lo correcto, lo bueno.

Es claro que existe un acuerdo razonable por el que a (casi) todos resulta aconsejable que las personas hagan lo que es considerado bueno —y eso impone la pregunta de qué es lo bueno, como se determina.

No hay una respuesta aceptada por todos —pero entre las respuestas existe una idea común que es digna de resaltar; pero primero, las respuestas de qué es lo bueno.

• La respuesta religiosa: lo bueno, eso que debe hacerse, es vivir de acuerdo con los mandatos de Dios —lo que en el caso del Cristianismo está resumido en los Diez Mandamientos y las Bienaventuranzas.

• La respuesta del vigilante: lo bueno es hacer eso que la persona piensa será admirable y bien visto por un tercero que observa la conducta propia —una especie de observador de quien se busca aprobación total.

• La respuesta de las consecuencias: lo bueno es hacer eso que produce los mejores efectos en la propia persona y en los demás —una especie de medición de consecuencias que hace que las buenas consecuencias hagan que la conducta sea vista como buena y viceversa.

• La respuesta de la conciencia: lo bueno es hacer eso que dicte el sentido interno de obligación —para sentirse en paz interior causada por la congruencia entre conciencia y conducta.

• La respuesta de la libertad: lo bueno es eso que se hace en plena libertad y autonomía, sin que exista presión externa de terceros —lo que hace entender que todo acto libre, el que sea, es bueno.

• La respuesta del poder: lo bueno es eso que realiza el poder, cualquiera que lo tenga y ejerza, eso que hace será bueno.

• La respuesta del experto: lo bueno es lo que decretan los expertos que entre sí hacen declaraciones y elaboran principios morales —muy notorio en el caso de la ONU.

• La respuesta del absoluto: lo bueno está contenido en una serie de principios derivados de la propia naturaleza humana y ellos son universales y absolutos —por lo que la buena conducta es la apegada a esos principios.

• La respuesta de los usos y costumbres: lo bueno es lo que se considera tradición en cada cultura —sus creencias, normas, costumbres

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Claramente hay diferencias sustanciales entre esas respuestas, incluso contradicciones. Por ejemplo, un robo puede ser un acto totalmente libre, pero el que lo sea, no lo hace bueno en sí mismo.

Igualmente, pueden existir actos de dudosa bondad que sean dictados por la conciencia personal sin asomo de duda y que sean realizados en busca de la admiración de un observador supuesto —como un ataque terrorista.

Lo sorprendente, sin embargo, es que entre las respuestas existen algunas coincidencias —como la gran correspondencia entre los Diez Mandamientos y los valores derivados de la naturaleza humana. Más aún, estos dos suelen coincidir con muchas costumbres; como el no robar, la prohibición del incesto y otros.

Otra gran coincidencia es la existencia del concepto mismo del bien —y del mal por simple oposición. Hay algo en todas las respuestas que exhibe la idea de que existen deberes en la conducta humana y que separan la idea de la conducta real de la que debe ser.

Esto último apoya la idea de que existe en la naturaleza humana un elemento moral, que suele llamarse conciencia —esa especie de voz que califica en lo interno a cada acto que la persona realiza.

Igualmente, otro común denominador de algunas de esas respuestas parece ser el principio de tratar al resto como uno quiere ser tratado; o al menos el no dañarlos —lo que en el Cristianismo tiene un clímax en el mandamiento del amar al prójimo.

De entre las respuestas que he anotado, hay una especialmente odiosa —la de la definición de lo bueno por parte del poder, la opción mencionada por Nietzsche: la sustitución del bien por la voluntad del poder. Ella anula el elemento central de las respuestas anteriores.

Esas respuestas, en su gran mayoría, parten de un supuesto común: la libertad de la persona para decidir hacer el bien o el mal. Sin libertad, esas respuestas sobre lo bueno no tienen sentido.

La admiración del observador externo, la tranquilidad de la conciencia que ha obrado bien, la recompensa celestial del Cielo —ninguna de estas cosas tiene significado sin libertad humana.

Nota del Editor

Creo que en lo que Girondella expone hay otra idea escondida y supuesta por casi todas las respuestas, la de que la idea de lo bueno se aprende.

Puede ser que en nuestra persona existe una conciencia básica del sentido del deber, en forma primitiva y rudimentaria; pero es obvio que el sentido de lo bueno necesita instrucción y aprendizaje. No puede confiarse solo en la conciencia en estado bruto.

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