Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Qué es Matrimonio?
Eduardo García Gaspar
23 octubre 2014
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en:


La idea está allí. Ha estado allí por siglos y milenios. androjo

Tan arraigada que todos saben qué es pero pocos la comprenden.

Es compleja, sutil, complicada, difícil.

Me refiero a la idea del matrimonio y su consecuencia, la familia.

¿Qué es exactamente el matrimonio? El tema bien vale una segunda opinión para verlo pausadamente.

Se entiende al matrimonio como familia y, entonces, se habla del cuidar y proteger a los hijos durante su largo proceso de maduración. Es cierto y válido. Y tiene una consecuencia: el matrimonio es de largo plazo y necesita ser estable. Los hijos lo necesitan.

Pero hay más que solo eso. Es una forma de arreglo material o económico. Un arreglo complejo y sutil, con especialidades de trabajo y responsabilidades asignadas. Unas partes apoyan a las otras creando una dependencia mutua que es productiva y eficiente. Y que también necesita estabilidad de largo plazo.

El matrimonio funciona también como un mecanismo de seguridad mutua para sus integrantes, gracias a esa dependencia personal mutua. Esto es muy patente en los hijos: su largo período de maduración y educación necesita en el fondo una estructura sólida y estable, segura y sólida.

El matrimonio es, también, un estado claro en la vida de las personas. Una etapa que marca a la persona y que merece una clasificación especial. Incluso celebraciones sociales, que muestran públicamente alegría compartida. Todavía más, religiosamente ha merecido el grado de sacramento, equivalente a ponerse frente a Dios y comprometerse.

El matrimonio es, adicionalmente, un compromiso mutuo. Una promesa entre dos y que va más allá de ser un contrato legal. Es una mezcla única de deberes y obligaciones con amor y pasión. Más aún, es una renuncia pública a otros: la promesa juega un papel de renuncia sexual a otros. Es una exclusividad.

A lo anterior, estoy seguro, pueden agregarse otras facetas. Todas ellas, sin embargo, mostrarán lo mismo. El matrimonio es algo de largo plazo, estable, con compromisos, proveedor de seguridad, mucho más que un contrato… En quizá el suceso más importante de la vida de la persona.

Sobre esa base, es posible ahora examinar algunos de los sucesos de nuestros días y que van en contra de la esencia del matrimonio.

Por ejemplo, eso que ha sido llamado poligamia en serie, cuando las celebridades se casan y divorcian con frecuencia. Es imposible llamar matrimonios a esas decisiones que son tan festejadas por los medios.

Igualmente, no parece propio llamar matrimonio a uniones de personas basadas en arreglos contractuales que persiguen normar un acuerdo de vivir juntos previendo disolución posterior arreglada de antemano.

Tampoco parece propio llamar matrimonio a uniones en las que una de las partes, o las dos, sostienen relaciones externas con otros. Esto viola la exclusividad sexual a la que llama el amor decidido y voluntario. Y, además, crea inestabilidad.

Las facilidades para el divorcio, sus justificantes, han sido facilitadas. Esto crea una mentalidad endeble que considera a cualquier dificultad un fracaso matrimonial. Me refiero a la falta de comprensión de que el matrimonio es difícil, como la vida misma, y que la facilidad de salida socava la estabilidad que se necesita. Un problema de debilidad de carácter.

El matrimonio de personas del mismo sexo tiene otro efecto similar. Es una renuncia a la posibilidad esencial de hacer familia y, lo peor, hace pensar que el derecho al placer justifica la unión que sea, de cualquier tipo.

El matrimonio, por otro lado, en nuestros tiempos, ha perdido su carácter sagrado, eso que lo hace elevado e imponente. Y esta pérdida es sustancial en nuestras sociedades. Eso que debía ser estable, sólido, comprometido, ahora es algo que no va más allá de la fiebre sexual momentánea con un acuerdo de salida fácil y que se repite con frecuencia.

No sorprende que esto suceda en tiempos en los que amor se ha hecho equivalente a sexo y el sexo se enseña como un derecho al placer sin responsabilidad. Así, el matrimonio ya no necesita siquiera ser formalizado. Basta la mudanza de las pertenencias de uno a las habitaciones del otro.

En fin, he tratado de encontrar elementos que definen al matrimonio, pero también elementos que ilustran lo que no es un matrimonio. Y cuando se llama matrimonio a lo que no lo es, entonces se devalúa su idea y la gente simplemente su une como quiera ella.

Post Scriptum

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