Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Qué es Mentir?
Eduardo García Gaspar
1 abril 2014
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión, Y MATERIAL ACADEMICO
Catalogado en:


Todos lo hemos hecho más de una vez. Sabemos que no es lo ideal.androjo

Tenemos una clara idea de qué es, aunque cueste trabajo definirlo.

Es, al final de cuentas, lo que separa a lo verdadero de lo falso.

Tener la capacidad de distinguirlo es esencial para nuestra supervivencia.

Una idea de M. Adler (1902-2001), el filósofo estadounidense, nos puede ayudar.

Compara él a un mentiroso con un escéptico. Si una persona es mentirosa no puede ser escéptica; y si es escéptica no puede ser mentirosa.

El escéptico sostiene que nada puede saberse y, por tanto, que él nada sabe. Esto le hace que no pueda mentir. La única posibilidad de mentir es reconocer que hay verdades, por lo que si se sostiene que no hay verdades, mentir sería imposible.

Cierto que el escéptico tiene una sola posibilidad de mentir: la de decir a otros que él no es escéptico. Una posibilidad que lo mete en apuros. Si él sostiene que nada es posible de conocer, tendrá que reconocer que tampoco es posible saber si él es un escéptico o no.

Esto abre ya la posibilidad de definir una mentira: la falta de correspondencia entre lo que se piensa internamente y lo que se afirma externamente. En mi interior sé que no me gusta el brócoli y mentiría si digo que sí me gusta.

No es difícil de entender. Decir la verdad es afirmar externamente lo que internamente se piensa o cree. Si sé que mi auto tiene 100,000 kilómetros y digo que tiene 100,000 kilómetros, estaré diciendo una verdad.

La cosa va bien y puede entenderse qué es mentir y qué es hablar con la verdad. Pero hay un problema severo a continuación.

Si, por ejemplo, yo creo sinceramente que la tierra es plana y digo a otros que la tierra es plana, no estaré mintiendo. Lo que dije y lo que creo son lo mismo exactamente.

El problema es entonces si hay o no correspondencia entre lo que creo que es verdad y la realidad. Es decir, el problema de que sea verdad lo que la persona cree que es verdad.

Si la persona está segura en su interior de que existe Dios y habla diciendo que Dios existe, no miente.

La clave del asunto se encuentra en otra parte: la correspondencia entre la creencia en Dios y la realidad de su existencia. Si lo que digo que es cierto es verdadero, o que es falso lo que en realidad lo es, entonces mi creencia es verdadera (y viceversa).

Aquí es donde las cosas se ponen interesantes. Podemos distinguir dos facetas que ayudan a comprender mejor las cosas diarias, especialmente las discusiones entre personas que opinan diferente.

Primero, la faceta personal de honestidad que distingue entre el mentiroso y el franco. El mentiroso dirá cosas que él piensa que son falsas. No hay paridad entre lo que cree y lo que dice. Obviamente un mal tipo, deshonesto y nada confiable.

El tipo franco, que dice la verdad, es el que dice lo que él cree. Hay conformidad entre su interior y su exterior. Claramente es un buen tipo, honesto y confiable.

Segundo, la faceta de otro tipo de compatibilidad: que sea realmente cierto lo que yo creo que es cierto; y que sea falso lo que yo creo que es falso. Esto es la posibilidad de estar convencido de algo, pero ese algo no es real.

Esta es una faceta fascinante. La ilustra muy bien el caso de una persona que dice una verdad: Dios no existe y ella realmente cree que Dios no existe. Ella no miente en el sentido de haber coherencia total entre lo que dice y lo que piensa.

Pero el problema es ahora otro. ¿Es real lo que ella piensa y de lo que está convencida? Es la probabilidad de error de tener creencias falsas. Es algo que puede remediarse si la persona hace esfuerzos para examinar su creencia.

Si ella, por ejemplo, afirma que Dios no existe y al mismo tiempo ella no ha hecho nada por saber más del tema, comete un error de desconocimiento intencional. Algo reprobable.

Si en cambio ella afirma que Dios no existe y al mismo tiempo ella ha estudiado el tema y lo conoce razonablemente bien, ya no comete ese error de ignorancia intencional. Puede todavía estar equivocada, pero ella se ha preocupado de saber más y hacer sólida su creencia.

Esto me lleva a lo que creo es un problema de nuestros tiempos: la abundancia de creencias y opiniones expresadas sobre bases que carecen de examen y conocimiento.

Es el síndrome moderno que se obsesiona con el derecho a opinar exigiendo respeto a la opinión, pero olvidando la obligación de tener un mínimo de conocimiento razonable sobre el tema acerca del que se opina.

Post Scriptum

Esquemáticamente, por tanto, hay dos aspectos que deben distinguirse:

• Mentir es manifestar a otros, exteriormente, algo que es opuesto a lo que se tiene internamente. Creer que un diamante es falso y decirle al potencial comprador que es real.

• Estar en el error, que es creer que es cierto lo que es falso en la realidad; o creer que es falso lo que en realidad es cierto. Esto se corrige si la persona adquiere conocimientos sobre el tema y refuerza su opinión, o la cambia.

Adler lo explica con claridad:

“Hay una clara diferencia entre el juicio de que lo que dice un hombre es falso y el juicio de que está diciendo una mentira. Su afirmación puede ser falsa sin que necesariamente sea un mentiroso

La obra usada en la columna es la de Adler, M. J. (1997). Six great ideas. New York London: Touchstone.

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