Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Qué es Música?
Eduardo García Gaspar
18 diciembre 2014
Sección: ARTE, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La pregunta pide una respuesta. Y esa respuesta no la conozco.androjo

La respuesta estándar, además, deja frío.

Ella dice que música es la expresión de ideas y emociones mediante los elementos de ritmo, melodía, armonía y color. ¡Lo que sea que ello signifique!

Hay otra definición más adecuada, me parece:

“Es el movimiento de nada en un espacio que no está en parte alguna, con una intención que es de nadie, en el que oímos un sentimiento no existente, cuyo objeto es nadie”.

Por supuesto, la esencia musical es algo que se escucha y eso da una pista para entender qué es. Podemos comenzar distinguiendo entre música que se escucha y música que se oye. La diferencia es tremenda entre las dos posibilidades.

La música que se oye debe ser simple, primitiva, predecible, algo que no requiera atención. Algo que pueda dejarse como fondo y que no tenga la capacidad de reclamar atención. Su naturaleza simple la hace accesible con facilidad, a lo que ayuda la usual brevedad de las composiciones.

Pero hay otra música que es lo opuesto. Ella es compleja, refinada, sorprendente. Ser así le impone una obligación, la de reclamar nuestra atención. Como si su forma de ser nos golpeara en los oídos diciendo ¡escúchame! Es la que no puede pasar desapercibida en sí misma, sino solo por un un acto voluntario al alejarse de ella.

Nuestros tiempos, desde hace años, se han ido adaptando al tipo de música humilde y superficial que no pide nada. Oírla es suficiente. La oímos en algunas tiendas de ropa, que con esa música persiguen crearse una imagen propia.

También en bares y restaurantes, sitios en los que la función de esa música parece ser la de limitar las conversaciones al mínimo requerido socialmente. El volumen al que se reproduce está inversamente relacionado con su profundidad. Un término que me parece en extremo útil para saber qué es música, el de profundidad.

Es, como lo ha expresado Roger Scruton, perfectamente permisible hablar de música profunda y de música superficial, igual que se habla de personas superficiales o profundas.

La superficial es esa que es fácil, repetitiva; tan humilde que se contenta con ser oída, con servir de fondo de otras cosas, y cuyo clímax es ser tocada a tal volumen que no dé a las personas otra opción que ocupar ella el primer plano.

La profundidad de la otra música es lo que le hace reclamar atención, como cuando una persona pide ser escuchada por estar diciendo algo importante. Y sucede. Es la vivencia de estar oyendo como fondo alguna música y sentir que repentinamente ella se vuelve al primer plano. Tiene algo que reclama esa posición y no solo de momento.

Esta dualidad superficialidad-profundidad puede verse en otras partes de nuestros tiempos.

Por ejemplo en los libros, cuyo clímax superficial está en los bajos índices de lectura y que sigue en los libros que son fáciles, en ese sentido de no hacer pensar. También en programas de televisión que se sostienen en envolver a la vulgaridad en un disfraz de humor ingenioso.

Volviendo a la música, a toda ella, se tiene un rasgo curioso. Ella invita al movimiento corporal. Siendo “movimiento de nada en un espacio que no está en parte alguna”, busca reciprocidad en quien está frente a ella.

El baile es una consecuencia musical, incluso el simple mover el pie al compás o el brazo como si se dirigiera a la orquesta. Fascinante manifestación que nos separa profundamente de los animales.

Total que sigo sin poder contestar qué es música. Decir que ella es una de las artes que combina sonidos para expresar belleza en forma de pensamientos y sentimientos, deja las cosas sin acabar. Tiene que haber más en ella. La noción de su profundidad ayuda a comprender la dificultad de definirla.

Tal vez no tenga caso valioso el intentarlo, mientras podamos contemplarla en sus manifestaciones y consecuencias. Un punto de partida que puede llevarnos a preferir a la profundidad porque ella nos eleva, y reducir la superficialidad porque nos hunde.

Pero ese punto de partida hacia lo profundo debe ser cuidadoso y comenzar con quizá, por ejemplo, composiciones conocidas de Mozart, Haydn, Vivaldi, Beethoven e irse moviendo hacia arriba en esa profundidad hasta que lleguen a escucharse piezas de cámara, quizá los últimos cuartetos de Mozart, el cuarteto 14 de Beethoven, el 15 de Schubert, pasando antes por tal vez, la sinfonía 1 de Brahms.

Pocas cosas tan humanas, tan complejas y fascinantes como la música, algo que como mucho de lo humano va más allá de poder ser visto bajo un microscopio, o justificado como ventaja evolutiva, o explicado como reacciones químicas en el cerebro.

Post Scriptum

La cita y la idea de la profundidad en la música son de Scruton, R. (2014). The Soul of the World. Princeton University Press.

Esta página coloca gran énfasis en la música. Hay una buena cantidad de ideas al respeto en ContraPeso.info: Música.

Una prueba para el lector, de Beethoven, el cuarteto no.. 14 para cuerdas, Op. 131. Música que pide ser escuchada.

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