¿Qué es música? No hay una repuesta realmente satisfactoria, por lo que esto es solamente un intento con ejemplos.

¿Qué es música?

La pregunta pide una respuesta. Y esa respuesta no la conozco. La respuesta estándar, además, deja frío.

Ella dice que música es la expresión de ideas y emociones mediante los elementos de ritmo, melodía, armonía y color. ¡Lo que sea que ello signifique!

Hay otra definición más adecuada, me parece:

«Es el movimiento de nada en un espacio que no está en parte alguna, con una intención que es de nadie, en el que oímos un sentimiento no existente, cuyo objeto es nadie». Scruton, R. (2014). The Soul of the World. Princeton University Press.

Por supuesto, la esencia musical es algo que se escucha y eso da una pista para entender qué es.

Escuchar y oír

Podemos comenzar distinguiendo entre música que se escucha y música que se oye. La diferencia es tremenda entre las dos posibilidades.

La música que se oye debe ser simple, primitiva, predecible, algo que no requiera atención. Algo que pueda dejarse como fondo y que no tenga la capacidad de reclamar atención. Su naturaleza simple la hace accesible con facilidad, a lo que ayuda la usual brevedad de las composiciones.

Pero hay otra música que es lo opuesto. Ella es compleja, refinada, sorprendente. Ser así le impone una obligación, la de reclamar nuestra atención. Como si su forma de ser nos golpeara en los oídos diciendo ¡escúchame! Es la que no puede pasar desapercibida en sí misma, sino solo por un un acto voluntario al alejarse de ella.

La música de estos tiempos

Nuestros tiempos, desde hace años, se han ido adaptando al tipo de música humilde y superficial que no pide nada. Oírla es suficiente. La oímos en algunas tiendas de ropa, que con esa música persiguen crearse una imagen propia.

También en bares y restaurantes, sitios en los que la función de esa música parece ser la de limitar las conversaciones al mínimo requerido socialmente.

El volumen al que se reproduce está inversamente relacionado con su profundidad. Un término que me parece en extremo útil para saber qué es música, el de profundidad.

Profundidad versus superficialidad

Es, como lo ha expresado Roger Scruton, perfectamente permisible hablar de música profunda y de música superficial, igual que se habla de personas superficiales o profundas.

La superficial es esa que es fácil, repetitiva. Tan humilde que se contenta con ser oída, con servir de fondo de otras cosas, y cuyo clímax es ser tocada a tal volumen que no dé a las personas otra opción que ocupar ella el primer plano.

La profundidad de la otra música es lo que le hace reclamar atención, como cuando una persona pide ser escuchada por estar diciendo algo importante. Y sucede.

Es la vivencia de estar oyendo como fondo alguna música y sentir que repentinamente ella se vuelve al primer plano. Tiene algo que reclama esa posición y no solo de momento.

Esta dualidad superficialidad-profundidad puede verse en otras partes de nuestros tiempos.

Por ejemplo en los libros, cuyo clímax superficial está en los bajos índices de lectura y que sigue en los libros que son fáciles, en ese sentido de no hacer pensar. También en programas de televisión que se sostienen en envolver a la vulgaridad en un disfraz de humor ingenioso.

Movimiento propio

Volviendo a la música, a toda ella, se tiene un rasgo curioso. Ella invita al movimiento corporal. Siendo «movimiento de nada en un espacio que no está en parte alguna», busca reciprocidad en quien está frente a ella.

El baile es una consecuencia musical, incluso el simple mover el pie al compás o el brazo como si se dirigiera a la orquesta. Fascinante manifestación que nos separa profundamente de los animales.

En resumen

Total que sigo sin poder contestar qué es música. Decir que ella es una de las artes que combina sonidos para expresar belleza en forma de pensamientos y sentimientos, deja las cosas sin acabar.

Tiene que haber más en ella. La noción de su profundidad ayuda a comprender la dificultad de definirla.

Tal vez no tenga caso valioso el intentarlo, mientras podamos contemplarla en sus manifestaciones y consecuencias. Un punto de partida que puede llevarnos a preferir a la profundidad porque ella nos eleva, y reducir la superficialidad porque nos hunde.

Pero ese punto de partida hacia lo profundo debe ser cuidadoso y comenzar con quizá, por ejemplo, composiciones conocidas de Mozart, Haydn, Vivaldi, Beethoven e irse moviendo hacia arriba en esa profundidad hasta que lleguen a escucharse piezas de cámara, quizá los últimos cuartetos de Mozart, el cuarteto 14 de Beethoven, el 15 de Schubert, pasando antes por tal vez, la sinfonía 1 de Brahms.

Pocas cosas tan humanas, tan complejas y fascinantes como la música, algo que como mucho de lo humano va más allá de poder ser visto bajo un microscopio, o justificado como ventaja evolutiva, o explicado como reacciones químicas en el cerebro.

Quizá sea de ayuda esta guía.

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Y unas cosas más para ponerse a escuchar…

3 obras de A. Vivaldi

Un monje pelirrojo que debe haber sido muy alegre a juzgar por su música. Una colección inicial de discos de buena música, debe considerar las siguientes obras del buen Antonio Vivaldi.

1. Las Cuatro Estaciones. The Four Seasons. Conciertos que hacen recordar esas épocas del año. Una maravilla que nunca cansa.

2. Los Conciertos para Mandolina. Igual que el resto de sus obras, música alegre y divertida.

3. Concierto en Re para dos trompetas. Atractivo a la primera.

Y de allí en adelante, hay cientos de conciertos para escoger.

5 obras de G. F. Handel

Un gran tipo, enterrado en Westminster, en Londres. Una colección inicial de discos de buena música, debe considerar las siguientes obras de Jorge Federico Handel, Hændel, o Händel… como quiera que usted quiera escribirlo.

1. Royal Fireworks Music. La Música para los Fuegos Artificiales, compuesta para una fiesta del monarca inglés. Es una suite y eso significa una serie de variadas piezas con diversos ritmos y estilos.

2. Música Acuática. Water Music, lo mismo, una suite para otro pasatiempo real. Igual que la anterior, fabulosa.

3. El Aleluya de su obra El Mesías, es un clásico entre los clásicos.

4. El largo, de Xerxes.

5. Zadok the priest. Una breve obra coral que impresiona. Óigala a volumen muy alto.

Y de allí en adelante. Handel, Hændel o Händel tiene muchas obras instrumentales y corales. Cuestión de explorar por uno mismo, por ejemplo con sus concerti grossi.

6 obras de Mozart

Un tipo privilegiado fue Wolfang Amadeus Johann Chrisostomus Mozart.

Una colección inicial de discos de buena música, debe considerar las siguientes obras del buen Mozart… del que debe aclararse que la película Amadeus no es su biografía, sino una ficción, muy agradable, pero ficción total.

1. Eine kleine nachtmusic. Eso significa pequeña serenata nocturna o pequeña música para la noche y es una serenata de 4 tiempos. Quizá la música clásica más conocida de todos las épocas. Hay que reconocerla por el número de catálogo, que es el K. 525 (toda la música de Mozart tiene un número que va precedido por una K; igual que la de Bach por BWV).

2. Concierto para Clarinete, K. 622. Una maravilla real y auténtica.

3. Concierto para flauta y arpa, K. 299/297c (los dos números son de dos catálogos diferentes y a veces suele incluirse ambos o sólo el primero). Para muchos es muy cursi, pero lo cursi de Mozart es increíble.

4. Las sinfonías tardías, desde la 38 a la 41 (sí, además del número de catálogo, las sinfonías tienen su número propio, que es ese número). Especialmente recomendables la 40 y la 41,

5. Los conciertos de piano, los últimos especialmente, del 20 en adelante.

6. Los cuartetos de cuerdas dedicados a Haydn. La música de cámara, como se le dice a la de pequeños conjuntos, es un poco menos fácil de apreciar al principio. Deje esto para el final.

Y de allí en adelante, el panorama es amplio y estupendo. Mozart tiene óperas, misas, sonatas para piano… todo lo que usted quiera, allí habrá. Y, ¡cuidado! Mozart tiene una cualidad que es la de nunca aburrir, a pesar de escuchar mil veces la misma pieza, quizá porque esconde sentimientos muy profundos bajo una apariencia de inmediata atracción… y esos sentimientos se van descubriendo poco a poco.

6 obras de Beethoven

Sin duda, uno de los compositores más merecidamente famosos de todos los tiempos es Ludwig van Beethoven.

La siguiente es una lista de las seis obras que de ese autor deben tenerse, dedicada a todos quienes están formando los inicios de una colección de música.

1. Los conciertos para piano, todos los cinco de ellos.

2. Tres de las sonatas para piano: Apassionata, Claro de luna, Pathétique

3. Todas las sinfonías, con énfasis en: la novena, la sexta (Pastoral), la quinta y la tercera.

4. Fur Elise, la pequeña obra para piano tan conocida.

5. La Overtura Leonore No. 3

6. El concierto triple, para violín, cello y piano.

Y para quien guste de profundizar, la música de cámara es una opción atrayente, con los cuartetos para cuerdas de su madurez.