¿Quién hace las leyes? La respuesta es más o menos estándar. Se responderá que las leyes las hace el gobierno. Concretamente, el poder legislativo. Es cierto, pero no preciso. Hay más que eso.

Todo depende del tipo de gobierno

¿Quién hace las leyes en un régimen dictatorial o totalitario? La respuesta es obvia: el dictador en turno. El ejemplo de Hugo Chávez/N. Maduro, o el de los Castro en Cuba, da una respuesta clara. La ley es allí un producto de la voluntad personal de uno.

En una democracia, las cosas cambian y se complican. Ellas son, por supuesto, hechas por el poder legislativo. Ese poder tiene la capacidad legítima de crear, abolir, modificarlas.

Ese poder tiene sus modalidades: la parlamentaria al estilo Reino Unido y la cameral al estilo EEUU.

El parlamento o las cámaras de legisladores son quienes hacen las leyes, pero no suelen ser los únicos. Es posible que el poder ejecutivo emita «leyes» también. Algo parecido a ellas en la práctica: decretos, órdenes ejecutivas, reglamentos.

Entonces, su emisión puede tener varios orígenes: el legislativo y el ejecutivo. Pero también puede hacer algo similar el poder judicial. Lo hace cuando crea jurisprudencia o interpreta leyes en juicios o califica la constitucionalidad de ellas.

¿Quién hace las leyes en una democracia? Los tres poderes tienen maneras para emitir órdenes de aplicación nacional en el país, llámense propiamente leyes o no.

Leyes y división del poder

La realidad anterior se opone hasta cierto punto a la teoría de la división del poder,. Según ella, la emisión de leyes debe corresponder solamente a un poder, no al ejecutivo ni al judicial. Menos aún ser el producto de la voluntad personal de uno solo, sin acotaciones.

En fin, una complicación más de la democracia y sus intentos por evitar abusos de poder. Nada que sorprenda, la democracia está lejos de ser un sistema ideal, menos aún un estilo de vida.

Pero la cosa no para allí, hay más, y es cuando las cosas se ponen de verdad interesantes.

El origen último de las leyes

¿De dónde obtiene las leyes quien sea que las promulga?

Sabemos que idealmente debe ser una autoridad legítimamente formada. Sin embargo, la idea central de cualquier ley tiene que tener un origen, alguna idea de la que salga, que la inspire.

Un ejemplo obvio, las leyes penales que castigan el robo y el asesinato, son ellas emitidas por el poder legislativo, el que las redacta, corrige, afina y detalla. Luego se promulgarán por el ejecutivo.

Pero la interrogante se mantiene: la del origen que tiene esa ley, lo que hace que esas conductas sean penalizadas. La cosa se complica. ¿Por qué deben prohibirse y castigarse actos como el robo y el asesinato?

Una respuesta buena y posible, pero no suficiente, es la de aceptar que antes que la ley existe una idea moral abstracta y general. Algo que hace que el matar y el robar sea reprobable.

No está mal, pero también hay una idea de la que eso proviene. Una idea anterior. La de que la vida y las posesiones de las personas deben ser respetadas y defendidas en caso necesario.

Otra manera de ver eso es aceptar que los seres humanos tienen dignidad, igual en todos sin excepción. Dañar a las personas resulta reprobable debido a esa dignidad.

De allí salen las leyes que ya en detalle, por ejemplo, crean figuras legales como el homicidio imprudencial y el intencional, y el caso de defensa propia.

¿Quién hace las leyes entonces?

El poder legislativo principalmente, pero no a su antojo y capricho, sino a partir de una idea moral sobre lo bueno y lo malo. Sería absurdo que la ley permitiera golpear a la suegra molesta, pero prohibiera hacer lo mismo con el resto.

Este es el problema de las leyes injustas, es decir, de las que no coinciden con la moral que es superior a la ley. Esas que están “fuera de armonía” con la elevación del ser humano, como escribió Martin L. King.

Las leyes son «hechas» por ideas morales

¿Quién hace las leyes? Sí, legisladores y gobierno. Pero poca duda puede haber de que también son «hechas» por ideas morales acerca de lo bueno y de lo malo.

No está mal la solución, pero tiene sus problemas cuando no hay acuerdos sobre la ley moral superior, la ley eterna y natural. El problema es serio y muy de nuestros días, muy bien ilustrado en el caso del aborto.

En un concepto de ley natural, el respeto a la vida no tiene excepciones y protege también a los no nacidos. Su sustento es lo sagrado de vida para todos sin excepción.

Pero si se altera ese origen de la ley natural, entonces se abren todas las posibilidades legales posibles, incluyendo la de decir que el aborto no es matar.

Entonces…

Y esto es a lo que quiero llegar. Cuando desaparece la ley moral superior a la ley, el poder legislativo deja de tener limitaciones y comienza a actuar a su antojo y capricho, dando lugar a lo que se llama intervencionismo moral.

Esa situación en la que lo bueno y lo malo son definidos por los gobiernos. El totalitarismo peor que puede existir.