Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Razón, Ciencia, Religión
Eduardo García Gaspar
10 diciembre 2014
Sección: CIENCIA, RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
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El tema es fascinante. Está representado en una historia. androjo

La del califa que manda quemar una biblioteca.

Si ella contiene libros contra el Corán, argumenta, debe destruirse. Si tiene libros a favor del Corán, ellos sobran y deben desaparecer.

La historia se repite para mostrar un caso extremo de estupidez, que desafortunadamente no es excepcional.

En su fondo hay un común denominador, el uso de la razón y cómo ésta puede llegar a errores de esa calibre, pero también cómo puede llegar a aciertos notables.

El terreno en el que se concentra el conflicto de opiniones es el de ciencia y religión. Típicamente se coloca a una en contra de la otra.

Por ejemplo, un conocido ateo, R. Dawkins, ha escrito que “Lo que la ciencia ha ahora logrado es la emancipación del impulso de atribuir [la magnitud y belleza del cosmos] a un creador”.

Esa es una de las posiciones posibles, la que argumenta que la ciencia es suficiente para negar a la religión, a la existencia de Dios. La posición se sustenta en el uso de la razón aplicada a la ciencia. La postura ha sido expresada admirablemente en el dicho de que la fe se acaba donde comienza la ciencia.

La otra posición, también extrema, es la que argumenta que la religión es suficiente para negar a la ciencia, al menos a la que hace descubrimientos que están en contra de sus escritos. La posición está sustentada también en el uso de la razón, la que hace concluir que nada más que la creencia religiosa es necesario.

El debate es relativamente nuevo en la historia, viene de hace unos pocos siglos. Las discusiones usuales, suelen incluir como ejemplo favorito el de Galileo, en siglo 17 (sin casi nunca poder citar otro caso similar).

Lo que creo que bien vale una segunda opinión es explorar el tema saliéndonos de la caja de las discusiones usuales.

Quien niega como imposibilidad científica a Dios, dice estar usando la razón. Pero eso también lo hace quien niega todo lo que no sea religión, puesto que ha llegado a pensar eso.

Si vemos el asunto de esa manera, como usos de nuestra capacidad para pensar y razonar, quizá se abran otros enfoques.

Por ejemplo, al religioso que niega todo fuera de sus creencias, se le podría argumentar que en esa decisión ha usado su razón. Lo mismo a quien ha decidido no creer en nada fuera de la ciencia, también él ha usado su razón para decidirlo.

A lo que me refiero es que el que decide que la ciencia niega a la religión, ha usado su razón para tomar tal decisión. Ha dicho que confía en su razón de tal modo y hasta tal extremo que solamente admite la existencia de la ciencia natural, de lo físico. Y el que decide negar a la ciencia ha hecho lo mismo.

Este último caso, quizá sea más difícil de entender. A primera vista, éste da la impresión de negar a la razón y admitir solo a lo religioso, lo que es cierto en el sentido de que encuentra a la ciencia como enemigo, pero también ha hecho antes algo.

Ha tomado una decisión que ha usado a su razón, la de optar solamente por la religión. No ha podido actuar de otra manera.

Ambos, por tanto, han usado su razón y lo han hecho para tomar una decisión extrema, yéndose a un lado o al otro. En los dos hay una realidad innegable, una confianza absoluta y total en su razón, tomando una decisión final y extrema.

Uno ha desechado todo aspecto sobrenatural y el otro ha desechado todo aspecto material. No se percibe mucho sentido común en ninguno.

Introduzcamos un elemento razonable, el de la prudencia. ¿Podemos tener una confianza absoluta en nuestra razón?

La experiencia diaria es una buena evidencia en contra. Nuestros errores y equivocaciones llevan a colocar confianza en nuestra razón, pero no una absoluta.

Es un asunto de evitar los extremos. Será absurdo usar la razón para después negarla, que es el real defecto del religioso que rechaza a la ciencia; pero resulta igual de absurdo usar la razón en una decisión de certeza absoluta cuando la evidencia muestra que ella no es perfecta.

Lo más aconsejable, parece ser, una confianza razonable en la razón, una cierta prudencia en el uso de ella. No significa dejar de usarla, pero tampoco confiar demasiado en ella.

Lo que sé del Catolicismo, por ejemplo, me indica que en la Biblia no se promueve el abandono de la razón; incluso ser irracional sería visto como absurdo.

Pero, al mismo tiempo, no invita a usar a la razón por el juez último y absoluto de nuestras decisiones, especialmente en lo que se refiere a distinguir entre lo bueno y lo malo.

Post Scriptum

Encuentro un tanto idiota la observación que me hizo una persona sobre que la Biblia no contenía las leyes físicas del Universo. Por supuesto que no, sería absurdo que en ella estuviera la tabla periódica de los elementos. Igual, me parece un tanto tonta, la observación de otra que afirmaba que debían combatirse descubrimientos científicos por razones religiosas.

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