Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Responsabilidad y Apocalipsis
Eduardo García Gaspar
7 julio 2014
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en: ,


Quizá sea una obsesión. O un gusto masoquista, como el ver películas de terror. androjo

Me refiero a la predicción variada del fin del mundo.

Las películas proveen una muestra de la afición por el tema.

Las predicciones científicas no se quedan atrás.

Nada tan eficaz como un escenario apocalíptico para lograr que los medios pongan atención en la teoría y el científico que la creó.

Las cabezas de los periódicos adquieren valor con eso, y se da contenido invaluable a documentales de televisión con imágenes que oscurecen las neuronas.

Dice un amigo que somos las generaciones más amenazadas con situaciones que llevarán a un cercano fin del mundo y que al mismo tiene tienen el estándar de vida más alto jamás logrado en la historia.

“El mundo terminará mientras millones ven en espectáculo en su iPad, comunicando por Twitter sus reacciones”, dice él.

Otro ha dicho que el mundo se acabará no con una explosión, sino con un murmullo. Tiene su originalidad esto de no entender el fin del mundo en medio de gritos sino en medio del silencio.

Me explicó un físico que sabemos que nuestro mundo acabará algún día porque las leyes Físicas así lo prevén.

Muy bien, pero no sabemos cuándo o al menos el tiempo hasta el final es tan prolongado que no tiene efecto en nosotros. Imagine usted lo opuesto, la predicción del apocalipsis en una fecha exacta, al estilo de lo que se dijo para 2012.

Si ningún efecto produjo esa predicción fue porque nadie le hizo caso. Y se cumplió así una de las predicciones que no han fallado hasta ahora: los pronósticos del fin del mundo no se volverán realidad, fracasarán.

Hay algo que es fascinante en esto: la ignorancia se vuelve positiva en el tema.

En lo general, la ignorancia se entiende como mala, pero si no fuésemos ignorantes sobre la fecha del fin del mundo, actuaríamos de otra manera (a menos que fuese en un plazo tan largo que no nos afectara). Pensemos sobre esto.

Digamos que hoy se da un aviso en todo el mundo, el de que la tierra será destruida por la razón que sea en 48 horas y que es imposible detener su destrucción. ¿Cómo reaccionaríamos?

No sé los detalles, pero pueden hacerse pronósticos generales.

Habría desesperación, gritos, lamentaciones. Muchos encontrarían refugio en cosas espirituales. Los templos se llenarían. Pero también habría otra reacción, la de la irresponsabilidad. Mi amigo la describe muy curiosamente: “La gente usaría sus tarjetas de crédito hasta su tope”.

Así se describe la irresponsabilidad. Habría robos, asesinatos, violaciones, borracheras, orgías, sexo indiscriminado. Todos esos actos que implicarían responsabilidad futura dejarían de tener sentido.

Lo que me lleva al tema que creo que bien vale una segunda opinión. El de la responsabilidad y su retiro por alguna causa. Si en unas horas se acaba el mundo, ya no habrá necesidad de pagar el saldo de la tarjeta de crédito, ni el recibo mensual de la hipoteca.

La desaparición de la noción de responsabilidad tendría un efecto enorme en nuestra conducta. Nos intentaría llevar a una conducta libertina, excedida, inconsciente. Y es que la libertad, entendida como la ausencia de obstáculos externos para actuar, tiene su freno natural interno en la idea de la responsabilidad.

La responsabilidad definida como el enfrentar y aceptar las consecuencias buenas y malas de los actos personales libres. Si se le quita a la libertad ese freno, ella comienza a ser otra cosa: exceso, negligencia, temeridad.

Un caso, el del criminal. Si al robar se le quita la aceptación de la consecuencia de ser arrestado y condenado, se tendrán más robos más grandes. El ladrón se liberará de la responsabilidad que se adquiere al robar.

Y así con el resto de las cosas, cuando se quita de en medio a la responsabilidad personal.

Llego ahora a mi punto. Me parece que en nuestros tiempos de demasiada televisión y poco seso, hay un anhelo constante por quitarse de enfrente la molestia de la responsabilidad. Se quiere ser libre, pero eso de las responsabilidades causa estrés y traumas y molestias.

El mundo ideal que parece estamos fabricando es uno en el que la responsabilidad desaparece de la persona y se traslada a la autoridad política que así piensa que nos hace felices.

Si nos quita la responsabilidad de ahorrar para emergencias, de darle comida sana al hijo, de mantener a los viejos… todo eso nos dará la felicidad.

Y eso es muy notable porque el definir felicidad como la ausencia de responsabilidad se parece mucho al escenario del fin del mundo con fecha cercana y certera.

Quizá así termine el mundo después de todo, en medio de la renuncia a las responsabilidades personales y el caos que eso produce.

Post Scriptum

No estoy seguro de haber sido claro en la idea central de la columna. La puedo explicar con dos elementos:

• La conducta que buena proporción de la gente tendría al saber con total certeza que el mundo se acaba en 48 o 36 horas, o en 25 días exactos, sería de una irresponsabilidad total de sus actos. Ya no importarían las consecuencias futuras de los actos presentes.

• El retiro gradual de responsabilidades que produce el estado de bienestar tiene el mismo efecto en un tiempo más largo que el escenario anterior.

Las dos posibilidades, con diferente grado e intensidad, producen conductas humanas irresponsables, que no consideran las consecuencias personales.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras