Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sillones y Dinero
Eduardo García Gaspar
21 agosto 2014
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es un tipo de análisis. Una forma de conocer. androjo

No necesita laboratorios, ni aparatos refinados. Requiere, eso sí, un sillón cómodo.

Y ayudaría una copa de, por ejemplo, brandy.

El resto depende de cada uno.

Veamos un caso. Estamos sentados en sillones y al lado hay una copa de algo, lo que sea. Sale un tema, el dinero.

Y procedemos a hacer un análisis de sillón. Las cosas pueden ponerse interesantes.

Sabemos lo obvio: el dinero es un instrumento que permite poner precios a casi lo que sea. Más aún, fue expresado en unidades de metales preciosos, oro y plata, divididos en porciones que permitieran expresar precios de diferentes niveles, altos y bajos.

No hay problema. Se entiende. Luego está el asunto del transporte y desgaste del metal, lo que creó certificados de depósito. Ya no tenía que llevarse el oro en el bolsillo. Se llevaban papeles.

Más aún, podía enviarse dinero a lugares lejanos sin que el metal fuera transportado. Es fantástico.

La clave que hacía posible todo eso, era simple: los papeles tenían un respaldo en oro, plata, lo que usted quiera. Los papeles, si usted quería, podían irse a cambiar a un sitio central y usted saldría con la cantidad en oro que sus papeles expresaban.

Era como una especie de servicio de custodia. Un billete significaba que usted era dueño de esa cantidad de oro en algún lugar y que podía ir y pedir su oro. Y esto, que suena tan simple, tiene una consecuencia que nos facilita la comodidad del sillón.

Abramos la mente, siquiera un momento. Hagamos una pregunta obvia:

“Si la empresa privada puede ciertamente proveer el servicio de almacenaje del oro y de emisión de certificados, ¿por qué el servicio de almacenaje de oro y de emisión de certificados de almacenaje tiene que ser una industria nacionalizada?”

La pregunta es buena. La planteó Milton Friedman (1912-2006). En realidad, cualquiera puede dar ese servicio. Podría construir almacenes, tener buenos servicios de protección contra siniestros y robos. Emitiría certificados de varias denominaciones por el equivalente de la cantidad de oro o plata que tenga en el almacén.

Incluso, podría enfrentar competencia. Habría certificados emitidos por diferentes empresas, es decir, almacenes de metales preciosos. Las personas preferirían a las empresas más serias y eficientes, cuyos certificados gozaran de más confianza.

Esto que estamos haciendo, el análisis de sillón, es usualmente productivo. Especular sobre la posibilidad de dinero basado en almacenaje de metales preciosos en empresas privadas que emiten certificados, nos lleva a preguntarnos por qué no se hace eso.

Tendría ventajas de estabilidad monetaria. Nos quitaríamos de encima la amenaza de la inflación, que es lo que causa la emisión de dinero realizada por los gobiernos. Cada peso, dólar, euro, rublo, corona, libra, yuan y kwacha, estaría respaldado por metal, sin posibilidad de emitir más de lo almacenado.

Pero, en nuestro sillón, ya puede verse un fenómeno que es curioso: la mente estándar es incapaz de entender al dinero como algo no emitido por el gobierno.

A esa mente le resulta ajena la idea de que los certificados de depósito sean emitidos por empresas privadas. Rechazaría la propuesta por incomprensible.

Eso es lo realmente curioso. De todas las instituciones que existen, los gobiernos son los peor evaluados, los que peores opiniones generan.

Y eso es lo que hace sumamente llamativo que una institución tan mal calificada quiera ser hecha la responsable de manejar el dinero. No tiene lógica querer que los gobernantes, en los que no se confía, sean quienes monopolicen al dinero.

La cosa se pone peor aún, porque el dinero que usted tiene en la cuenta de cheques, en el bolsillo, donde sea, no tiene ya respaldo alguno. Nada, cero. Su único respaldo es… bueno, en realidad nada. Lo que sea que valga es porque se cree que vale.

Y resulta entonces que llegamos a una conclusión que pone los pelos de punta. Resulta que el dinero, lo que él vale, está en manos de personas que creen que pueden manejar a toda la economía, pero que en su vida han administrado una empresa y tienen problemas para entender los más primitivos conceptos de oferta y demanda.

En fin, que el sentarse a pensar, produce resultados. Es lo que crea eso que nos hace humanos, nuestra capacidad para hacernos preguntas, especialmente una de ellas, ¿por qué?

Las respuestas no serán cómodas en la mayoría de los casos, pero nos llevan a eso que también nos hace humanos, conocer la verdad.

Lo mejor es que el sillón y la posibilidad de pensar nos saca de la cómoda mediocridad del pensamiento estándar, el que en este caso creería que lo mejor que puede pasarnos es tener a los gobernantes como responsables únicos y exclusivos del dinero.

Una idea que es como creer que podemos caminar en una cuerda floja de un lado a otro de un precipicio sin que eso signifique un riesgo.

Post Scriptum

El dinero sin respaldo se llama dinero fiat, o fiduciario. Está respaldado por la confianza que se tiene en los gobernantes (en serio). Cuando existen bancos centrales, autónomos, se disminuye un poco el riesgo de dependencia en el gobernante.

La cita está en Friedman, M., & Friedman, R. D. (2002). Capitalism and freedom. Chicago: University of Chicago Press.

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