Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sin Moral no Hay Leyes
Eduardo García Gaspar
11 febrero 2014
Sección: LEYES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La frase es despectiva. Una acusación que dice, “no seas moralista”. androjo

La dijo una persona al hablar sobre leyes.

Afirmo que las leyes no deben ser moralistas y lo dijo con severidad.

Quizá incluso con sentimiento de superioridad.

En resumen, según eso, las leyes no deben ser moralistas.

Otra oportunidad irresistible para encontrar qué significa eso de no deber ser moralistas las leyes. Seamos razonables.

Una ley existe, se emite y pone en vigencia, por una razón central: ella se considera buena, algo mejor que la no existencia de esa ley. Pues bien, esa es una idea moralista.

Es imposible que una ley deje de tener un contenido moral. No hay excepciones. Si una ley existe es porque algo se juzga bueno. Y distinguir entre lo bueno y lo malo es un pensamiento moral.

De modo que decir que las leyes no deben ser moralistas es como decir que no debe haber leyes. O que el agua no deb ser líquida.

A partir de aquí las cosas se ponen realmente interesantes. Todo, porque si las leyes tienen un cimiento moral, es esa base moral la que más interesa.

E interesa porque no necesariamente es verdadera. Es decir, hay normas morales que pueden ser falsas y ellas darán a luz leyes malas.

Tome usted una ley, la que sea, quizá la que prohibe matar y califica diversos niveles de muerte intencional. Detrás de esa ley emitida por un gobierno, hay un principio moral claro: la vida es buena, debe respetarse en todas las personas.

Lo mismo para las leyes que castigan el robo y el fraude. Detrás de ellas, hay principios morales de respeto a la persona y sus propiedades, a todas por igual.

Hay otras leyes, como la de impuestos crecientes progresivos, las que se basan en una idea moral: unos deben pagar obligatoriamente por los beneficios que otros reciben. Las leyes que permiten el aborto también tienen su fundamento moral: puede quitarse la vida a una persona dentro del vientre materno si eso resulta conveniente a otros.

Igual para las leyes que prohiben el consumo de drogas, que se basan en la idea moral de que el gobierno debe impedir la producción y comercio de artículos dañinos para la salud.

Las leyes que fomentan y promueven la competencia económica, se basan en la idea moral de la persona que merece libertad.

Directa o indirectamente, las leyes sin excepción tienen detrás de ellas un fundamento moral. Incluso aunque no nos demos inmediata cuenta de ello.

Una vez que se demuestra falsa la idea de que las leyes no deben ser moralistas, queda por aclarar la posibilidad de que ese fundamento moral sea falso o erróneo.

Por ejemplo, las leyes que autorizan el aborto tienen un cimiento moral que juzga bueno el quitar la vida a una persona, si es que ella está dentro del vientre materno, pero no si está fuera de él. Claramente débil, ese fundamento es erróneo y falso, lo que da lugar a una ley igualmente equivocada.

O bien, tome usted la ley que en México crea un monopolio petrolero. Por necesidad, ella se basa en la idea de que es moralmente malo que los particulares sean propietarios de ese recursos. Un juicio moral realmente curioso y contradictorio.

Otro ejemplo, el de la ley que establece en México que no debe haber instrucción religiosa en escuelas públicas. Su fundamento moral es directo: resulta reprobable que los padres decidan la educación de sus hijos y bueno que la decida el gobierno.

Hasta aquí, es claro que

(1) todas las leyes tienen un cimiento moral y que eso hace imposible la crítica de que las leyes no deben ser moralistas; y

(2) que esos cimientos morales de las leyes pueden ser acertados, pero también equivocados.

Esto es lo que hace de toda discusión legal una conversación moral en la que pueden chocar distintas ideas morales.

Hay otra posibilidad de interpretación de esa acusación de leyes moralistas en donde ella tendría razón.

Si la ley gubernamental rebasa un cierto límite natural y comienza a dictar reglas como la de obligar a la práctica de una religión u obligar a no practicar ninguna, esa sí resulta moralista por su exceso.

Igual que las leyes que prohiben el consumo de drogas, o del alcohol, o de refrescos endulzados.

La conclusión puede resultar sorprendente para muchos, pero es inevitable que queremos olvidarnos de los asuntos morales. Incluso el decir que la moral no existe es un argumento moral.

Post Scriptum

Tomé la idea general de la columnna, con los ejemplos de las leyes, de Budziszewski, J. (1997). Written on the Heart: The Case for Natural Law. InterVarsity Press.

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Vacío Moral.

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