Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Soberbia, Verdad, Religión
Leonardo Girondella Mora
14 agosto 2014
Sección: EDUCACION, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Es una acusación acostumbrada la de señalar como soberbia a la persona que afirma conocer separador.001la verdad —un hábito común que intento examinar en lo que sigue.

Es, de inicio, una actitud hostil ésta, la de crear culpabilidad cierta a todo aquel que afirma conocer la verdad. Es una situación que examino teniendo muy en cuenta esta animosidad y antipatía profunda —la que revela una actitud que podría resumirse en nadie-posee-la-verdad.

• Es una agresividad mal razonada y que funciona en contra de quien la emplea. Si una persona dice que la otra no tiene la verdad, entonces la primera persona presupone que ella posee al menos una verdad —la de que la otra no la posee.

Si se presupone que nadie puede poseer la verdad, entonces tampoco puede afirmarse que nadie la tiene porque eso es en sí misma una verdad.

• Cuando alguien afirma que conoce una verdad, la de que 10×10=100, nadie en sus cinco sentidos la acusaría de ser soberbia —eso es una verdad aceptada y universal, independiente de la voluntad personal.

Esto significa que existen campos en los que es posible conocer verdades incuestionables, como las fórmulas de geometría y cosas similares. Por simple razonamiento, por ejemplo, se acepta que el todo es igual a la suma de sus partes y que una parte es siempre menor al todo.

• El asunto, por tanto, se hace dependiente de los terrenos sobre los que se afirma que se posee una verdad —lo que se complica con otro concepto, el de cercanía con la verdad, muy bien ilustrado en los avances científicos en los que las teorías van refinándose y descubriéndose.

Esto hace posible sostener la idea de verdades provisionales —esas que pueden aceptarse por corroboración científica que acepta poder de explicación, hasta que otra teoría da una mejor explicación.

• Cuando se entra a campos en los que no son aplicables las teorías sujetas a comprobación científica, las cosas se enredan sustancialmente —pero aún así es posible usar criterios de corroboración, como los principios de lógica y razonamiento.

Mi primer punto usa uno de esos: no es aceptable decir que es verdad que la verdad no puede conocerse.

• Estos terrenos son los “filosóficos”, los que no pueden ser llevados a un laboratorio, ni son sujetos a medición y experimentación. Si, por ejemplo, se acepta que no hay forma de aceptar científicamente que la propiedad es un derecho legítimo, se tendría que acudir a otras maneras de comprobación.

Por ejemplo, podría justificarse la propiedad personal imaginando cómo sería una sociedad en la que el robo no fuera castigado —incluso hay la posibilidad de acudir a datos comparando sociedades en las que los derechos de propiedad están garantizados y en las que no.

De igual manera, por ejemplo, podría demostrarse que la vida es un derecho de cada persona.

• Las cosas llegan a su máximo nivel de complicación en los terrenos morales y religiosos. Un caso típico es el de iglesias que reclaman tener la verdad sobre Dios —una afirmación que no admite pruebas científicas, ni razonamientos aceptados por todos, ni tiene justificación mayoritaria democrática.

Es esta la situación clásica en la que se acusa de soberbia a la iglesia que sostiene ser la religión verdadera. Se razona pensando que debe ser soberbia la persona que cree en una religión como la verdadera.

¿Cómo demostrar lo que piensan las dos personas? Una dice que su religión es la verdadera y la otra dice algo similar, que no es la verdadera. Investigar una cosa y la otra requiere de una condición central —la de abandonar acusaciones de ese tipo y acudir a discusiones razonadas.

No significa eso que se llegará a un acuerdo aceptable para las dos partes, pero sí querrá decir que se ha puesto de lado la hostilidad inmanejable, que es lo que pretendo concluir con este examen.

Las acusaciones de soberbia lanzadas en contra de quienes pretenden saber una verdad, religiosa o no, conducen a la confusión y al enrevesamiento totalmente inútiles. La persona que pretende conocer la verdad tiene el deber de justificar su creencia y la otra persona tiene el deber de justificar la suya —sin insultos ni hostilidad.

Concluyo, pues, que la acusación acostumbrada de calificar como soberbia a la persona que afirma conocer la verdad es un camino de inutilidad total.

Addendum

Después de leer lo anterior, creo oportuno señalar que existe una costumbre nefasta, derivada de un mal uso de las creencias democráticas —la de suponer que la verdad puede se determinada por medios y procedimientos democráticos de mayoría.

Nota del Editor

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