Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sociedad Base Cero
Eduardo García Gaspar
25 septiembre 2014
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es un contraste oculto. Permanece casi siempre en la oscuridad. androjo

Ocasionalmente emerge sin que pueda ser bien comprendido.

Es la mentalidad de la espontaneidad social en contraste con la mentalidad de la planeación y el diseño intencional.

El tema merece una segunda opinión, siquiera para unos apuntes breves.

La mentalidad de la espontaneidad sugiere que los arreglos sociales, eso que se llama instituciones, son creadas espontáneamente durante largos períodos de gestación. Producen orden, convivencia, colaboración. Son como reglas del juego social.

Se manifiestan en leyes, cultura, costumbres, valores, opiniones, formas de ser, reglas de urbanidad. Es el origen del tipo de gobierno, educación, todo lo que regula y guía la conducta de la persona dentro de ciertos márgenes aceptables a esa visión.

La clave está en el proceso de creación de tales instituciones, en el que no hay un diseño grande e intencional.

Más bien es el producto de experiencias e iniciativas de décadas, de siglos. No hay un autor que las haya diseñado desde la nada. Hay, sin embargo, contribuyentes que las han mejorado, corregido, cambiado, afinado.

La otra mentalidad, la de la planeación y diseño intencional, es casi la opuesta.

Sostiene que la sociedad es posible de planear, que las instituciones pueden ser diseñadas. Un ejemplo claro de esto son las utopías que muestran el diseño de una sociedad ideal propuesta por alguien.

Piense usted, por ejemplo, en el positivismo de A. Comte, o en las ideas de Platón, o en las propuestas socialistas del siglo 19.

La idea central es generalmente descartar las instituciones espontáneas y suplirlas con nuevas, las diseñadas por la propuesta concreta de alguien. Chávez y Castro, por ejemplo, tomando ideas marxistas. Desde base cero.

Me parece que el contraste entre ambas mentalidades es claro según lo anterior. Y tiene una cuestión central, que es la de si es posible en realidad diseñar una sociedad ideal partiendo de cero.

Muy bien, de seguro es posible y se ha hecho varias veces. Más bien, debería preguntarse si esa sociedad es factible, posible de realizar su promesa de ser mejor.

La pregunta suele evadirse. La atención se coloca en los defectos e imperfecciones de la sociedad actual, la que sea, y sostener que ella debe ser desechada debido a esos defectos. Por supuesto, esto es aceptado con rapidez. Es obvio que ninguna sociedad es perfecta, ninguna.

Pero que ella no sea perfecta, no significa que la sociedad intencionalmente planeada y diseñada sea mejor. Solamente en papel es superior, al menos según su autor y partidarios.

Pero sería un non sequitur el creer que la implantación real de la sociedad ideal según alguno será mejor que la sociedad real creada espontáneamente.

Hay un ejemplo que bien puede usarse, el del idioma. Los lenguajes y sus reglas son una buena muestra de creación espontánea, incluyendo sus iniciativas de reglas de estandarización.

Nadie en realidad ha creado un idioma diseñado intencionalmente, excepto por el Esperanto, cuya popularidad es muestra de su utilidad real.

Es la misma idea esencial de la mano invisible de A. Smith (1723-1790) para la economía libre. La espontaneidad de las iniciativas personales que buscan su propio beneficio terminan creando algo que no es intencional, sino un producto espontáneo y no planeado.

Un ejemplo, el de las computadoras personales hubiera sido imposible de planear centralmente. La planeación central hubiera proyectado unas pocas computadoras gigantescas necesitadas por unos pocos clientes. La computadora personal fue una innovación imposible de planear centralmente.

Es este tipo de consideraciones el que lleva a cuestionar con razón que si una economía no puede ser mejorada planeando centralmente, aún menos podría planearse una sociedad entera. Es demasiado complejo hacerlo y no se tiene la información para justificarlo.

Todo lo que he intentado hacer es poner sobre la mesa un tema pocas veces tratado, el de la espontaneidad social versus la planeación social.

Son dos maneras diferentes de ver el mundo y están en la misma base de los desacuerdos entre doctrinas como el progresismo y el conservadurismo.

Las dos mentalidades, me parece, aceptan la evolución de la sociedad, los cambios que ella tiene en el tiempo. Pero difieren en su modo de realización.

Para el partidario de la espontaneidad, los cambios en la sociedad serán pausados, incluso lentos, pero tenderán a ser sólidos a la larga.

Para el partidario de la planeación social, por el contrario, los cambios en la sociedad deben ser hechos con rapidez, incluso destruyendo a las instituciones creadas espontáneamente. Su promesa no garantizada y difícil de creer es que esa sociedad será mejor que la anterior.

Post Scriptum

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