Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sus Consecuencias Morales
Eduardo García Gaspar
21 octubre 2014
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Sus consecuencias son mayores a las aparentes. androjo

No es solamente un asunto político. Tampoco es únicamente intelectual.

También es moral. Altera la conducta de las personas.

Y, además, resulta en extremo chocante para muchos.

Me refiero a la mentalidad atea. No necesariamente solo la que niega la existencia de Dios. También a la que busca separar a los asuntos religiosos de la vida social. El tema bien vale una segunda opinión.

En los terrenos políticos se argumenta, con toda razón, la separación entre iglesias y gobiernos. Una buena idea que divide el poder gubernamental y, por eso, las probabilidades de abusos de autoridad. Es en su fondo, la libertad religiosa.

Los problemas comienzan cuando esa separación iglesias-gobiernos se convierte en el predominio de uno sobre otro. Específicamente, el predominio gubernamental y el desvanecimiento de la religión, a la que se separa y anula.

Igual en los terrenos intelectuales, esos de la ciencia y la academia. También allí se tiene ese fenómeno de desvanecimiento de la religión. Incluso, se pregona la contradicción entre ciencia y religión.

No es malo el hacer que la ciencia persiga a la verdad y al conocimiento. Lo malo está en la actitud que lleva a concluir que la ciencia es prueba de la inexistencia de Dios. Los alumnos, desde pequeños, son educados en un ambiente que es al menos ajeno a asuntos religiosos, y en sus extremos, es enemigo acérrimo de Dios.

Mi punto, hasta aquí, es mostrar la existencia de una cultura creciente que da la espalda a asuntos religiosos. En el mejor de los casos, los ignora. En el peor, los combate.

Reconocer esto es un primer paso. Para el ateo, resulta un adelanto. Para el progresista, un avance. Para el indiferente, una realidad en la que poco se piensa.

¿Consecuencias de esa cultura da la espalda a los temas religiosos? Obviamente las tiene. Crea un vacío sustancial.

En la política, por ejemplo, el vacío es llenado con el poder estatal y crea gobiernos más poderosos, sin los contrapesos de las iglesias. No es una consecuencia bienvenida.

En la academia, la ciencia y la educación, el vacío es llenado de otra forma, con el pensamiento de lo políticamente correcto, con la ideología progresista, con los conceptos de moda, con lo que acuerdan expertos que nadie conoce en organismos internacionales y ONGs.

Mi punto, entonces es añadir que también tiene consecuencias en la moral, en las reglas que establecen lo debido y lo indebido.

En otras palabras, la conducta de la gente cambia cuando se deja de creer en Dios, cuando la religión es puesta de lado. Y esto es vital.

Para el ateo, para el progresista, incluso para algunos liberales, ese cambio en la conducta es bueno. Una especie de liberación de normas y reglas que se juzgan pesadas e injustificadas.

Para los conservadores, para los religiosos, ese cambio es un peligro: las mismas bases sobre las que se funda la sociedad son socavadas sin conciencia de lo que puede pasar.

Un campo en el que es esto es especialmente notable es la sexualidad. La nueva cultura se ha desecho de la seriedad con la que el tema era considerado y ha convertido a los genitales en un parque de diversiones. Esto puede ser corroborado en la pornografía y el tema central de sus ilustraciones.

En otro campo, también hay consecuencias, el de la libertad. Cuando se da la espalda a Dios, también comienza a perderse la libertad.

Esto sucede por un proceso en el que se anula el sentido de la responsabilidad y que pierde el sentido de la culpa. Nada hay tan odioso para esta nueva cultura atea como el arrepentimiento, al que intenta borrar.

Pero sucede que si desaparecen los sentidos de culpa, de arrepentimiento y responsabilidad, la libertad desaparece. Esos sentidos son la otra cara de la libertad y ella sería incomprensible sin el sentido del error y de mala conducta.

Surge entonces una sociedad en la que la conducta se vuelve licenciosa, es decir, liberada de la posibilidad de juzgar acciones malas o indebidas. Todo se vuelve permitido y más aún, se entiende como un avance liberador. Una buena ilustración de esto es la frase de “¿quién eres tú para juzgarme?”

El resultado es una pérdida sustancial en la fibra de la sociedad, en la que la idea del deber y de la existencia de límites desaparece. Es sustituida por la idea de la búsqueda del placer y el gusto, no importa en qué, y liberado todo de cualquier noción de responsabilidad.

De cierta manera esto resulta en algo paradójico: muchos que piensan estar liberados de toda convención y regla, están al mismo tiempo atados a las decisiones gubernamentales.

Es el gobierno quien les retira su responsabilidad y a él se atan para, por ejemplo, hacer que el aborto sea legal, que los matrimonios de personas del mismo sexo sean aprobados, que la eutanasia sea permitida.

Al final de cuentas, ignorar a Dios tiene consecuencias de varios tipos. Uno de ellos es el de sus consecuencias en la moral, en la conducta de las personas. Se sea o no creyente, debe reconocerse esa realidad y ella no es precisamente buena.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras